Cambalache. Parte V

Europa y entrando en Venezuela. Nuestro mundo es un enredo o una porquería

Cambalache. Parte V

Los llamados partidos socialistas, ejemplo de ello son los de España, Portugal y Francia, llegados al poder dentro del marco estructural y legal capitalista, dejaron de serlo de hecho y luego, por un proceso más rápido de lo esperado lo fueron de derecho y compostura. Cuando François Mitterrand, después de tanta persistencia y precedido de su fama de socialista, ganó las elecciones en Francia, sentimos que "habíamos ganado". No obstante, mayor decepción, en la guerra declarada por Inglaterra a la Argentina, el presidente galo, el socialista y republicano, apoyó incondicionalmente a la monarquía inglesa.

Más recientemente, "el socialista" Hollande, le ganó las elecciones al derechista Sarkozy, quien se movió todo lo que pudo hacia la extrema para sustraer votos a la señora Le Pen, candidata de los residuos del fascismo, racismo y ultranacionalismo francés, y terminó jugando el mismo rol que el expresidente y perdedor para el período siguiente. Hoy, el señor Hollande, se exhibe por toda Europa como uno de los aliados más consecuentes de la canciller alemana Angela Merkel, en el intento de someter a Grecia a los dictados del Fondo Monetario Internacional y de la política de la OTAN. En este caso, de nuevo, la condición o denominación de socialista sólo sirve para engañar incautos.

Justamente, Felipe González, recién electo Secretario General del PSOE, vuelto este a la legalidad tras la muerte de Franco, se cuidó de imponer la condición de socialdemócrata a su organización, lo que no sólo fue una renuncia a los postulados del marxismo sino a la condición socialista misma para plegarse al capitalismo, bajo aquel mascarón de proa para engañar incautos y mantener la integridad del viejo partido revolucionario donde militaron Pablo Iglesias, de los fundadores, y Largo Caballero.

Al MAS de Venezuela, bien conocido como Movimiento Al Socialismo, se le acabó esa culequera tan pronto entró a formar gobierno con los viejos partidos AD y COPEI y eso que apenas se asomó por la puerta del servicio. Con Caldera tiraron todo por la borda y pese a seguirse calificando de la misma forma, ya no disimularon sus verdaderos intereses. Intentaron rectificar, habiéndose producido un reacomodo, como es habitual en la izquierda ante cada crisis, global o la del sector, las que son más que frecuentes, y optaron por apoyar a Chávez. No tardaron muchos en ese feliz gesto y cuando menos aquello pudiera justificarse se fueron a acompañar a quienes primero dieron la voltereta o saltaron la talanquera como Petkof, quien intentó, mediante excesivas concesiones a la derecha hacerse imagen para materializar el sueño de ser candidato a presidente de un frente más amplio como el que formó Caldera, lo que le impidió el "zambo de Sabaneta" y Pompeyo Márquez el legendario Santos Yorme, quien quizás por vainas de la vejez, las cataratas y la sordera, se formó una visión propia de los viejos mal aconsejados.

Es decir, quienes en el Partido Comunista de Venezuela, fueron enemigos acérrimos y hasta históricos, para decirlo de manera declamativa, de Rómulo Betancourt, quien fuese dirigente del esa misma organización en Costa Rica y de la izquierda venezolana, al final de sus vidas y habiendo probado las mieles del poder, hicieron lo mismo que habían criticado al dirigente de AD y expresidente de Venezuela y terminaron arrinconados donde se guardan los cachivaches en las trincheras de la derecha y el imperialismo. ¡El mundo nuestro es una porquería, sí señor, en el siglo veinte y en el veintiuno también!

El entonces joven, muy prometedor economista Raúl Matos Azocar, como pareció sugerir él mismo, renunció al gobierno de Jaime Lusinchi asqueado, pero no por la presencia y ejecutorias de la que Luis Piñerúa llamó "La Barragana", en aquel hablar copiado de Betancourt, consistente en usar palabras raras, fuera de uso, para fingir de culto, sino por la sujeción del presidente y su gobierno al Fondo Monetario Internacional. Aquella actitud le acercó mucho a lo que entonces era la izquierda legal o legalista que intentaba, no llegar al poder porque nunca tuvo audacia ni claridad para eso desde sus inicios, por allá en los tiempos de Gómez, sino para entrar en alguna liga y conseguir del gobierno en el cual tuviese, por lo menos, lo que llamaban un proceder "progresista"; lo que a esta altura y por lo que uno ve, no llega a tener idea precisa qué significa.

Ya se había producido aquel cuasi fenómeno telúrico que llamamos el "Caracazo" y los pronunciamientos militares del 4f y 27n de 1982, el primero liderado por Hugo Chávez y el segundo por Grúber Odremán, cuando el Dr. Rafael Caldera, con lo que llamó su "chiripero", y aprovechando los espacios que abrieron aquellos hechos, llegó por segunda vez a la presidencia de la República. Se llevó a Miraflores a buena parte de la izquierda, que creyó llegada la oportunidad para se implementasen acciones "progresistas". Así, al inicio, el presidente denunció los acuerdos del gobierno anterior con el FMI y habló pomposamente de lo que llamó "la Agenda Venezuela". Para ser "coherente" con aquella prédica, que implicaba una política que fluyese en dirección contraria a los usuales paquetazos del ente financiero internacional, que, en cosa de pocos días, acabó con el enorme prestigio que Carlos Andrés Pérez llegó también por segunda vez a Miraflores, el Dr. Caldera puso al frente de la materia económica y financiera al ya nombrado joven, hasta hacía poco adeco, Raúl Matos Azocar y al "legendario guerrillero" Teodoro Petkof Malev, este antiguo militante del PCV y entonces figura descollante del MAS.

No tardaron mucho quienes gobernaban, desde el presidente hasta los economistas antes nombrados, puestos por Caldera a dirigir la economía, habiendo chocado con los primeros escollos, en poner el retroceso, volver a los viejos esquemas del FMI y de la sempiterna derecha. Es decir, apenas llegaron al gobierno, percatándose de la gigantesca tarea que tenían por delante, las fuerzas que debían combatir, las clases y grupos que enfrentar, prefirieron acomodarse, adaptarse a los espacios, sinuosidades y pactar con quienes dijeron venían a combatir. De esa manera la agenda del FMI, se les volvió atractiva, sólo que poco a poco, con "salivita", para no repetir los hechos de 1989 que hundieron políticamente a Pérez y a los venezolanos en una profunda crisis, tanto que obligó al Dr. Caldera a claudicar y engavetar su "Agenda Venezuela". Interrogado por un periodista acerca de las dificultades que encontró para desarrollar una política distinta a la que había abjurado cuando Lusinchi y por la que se salió de AD, solamente se le ocurrió decir que "para afrontar los problemas de los venezolanos se necesitaban tantos billetes como para rellenar los dos grandes océanos". Claro, no hizo alusión que el barril de petróleo costado cerca de siete dólares, en otras cosas por la política anti OPEP y anti venezolana de la meritocracia de PDVSA que maneja el negocio como si les perteneciese, sin rendir cuentas al alto gobierno y entre otras cosas, producía por encima de la cuota acordada en la OPEP, con lo que contribuía con otros que también lo hacían para inundar el mercado y abaratar al máximo el precio del hidrocarburo en beneficio de los grandes consumidores.

Tanto fue el retroceso que el prometedor joven que se negó a acompañar a Lusinchi en sus negociaciones con el FMI, optó por acompañar ahora a Caldera y al "revolucionario e indoblegable" Petkof Malec, a privatizar empresas como VIASA, con pérdidas cuantiosas para el Estado o Nación venezolana, financiar a banqueros ladrones contumaces y para no hablar sino de tres perlas emblemáticas, afectar las prestaciones sociales de los trabajadores, bajo el argumento que resultó una vil mentira, que eso se traduciría en aumentos significativos en los salarios y en cifras de empleo.

Hasta allí llegaron las carreras de revolucionarios socialistas de Matos Azocar, Petkof y toda la caravana que les precedía. El primero posteriormente apareció mencionado alrededor de un oscuro asunto en el cual figuró un familiar suyo y el Banco Industrial de Venezuela, que entonces tenía agencias en ciudades de EEUU. A partir de allí, pareciera haber desaparecido. Por lo menos para nada se le menciona. Lo que sí está claro, que aquella breve incursión por el poder, con la responsabilidad de impulsar el cambio, significó su muerte política y pública. Sobre el segundo, Petkof, tanto se ha hablado que hacerlo aquí parece innecesario.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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