Pildoritas 74 (año VIII)

Así cualquier ejército pierde una guerra

Existen razones más que suficientes para inferir que en la guerra económica que estamos librando los revolucionarios, la que no cabe duda, ha sido perfectamente planificada, de manera que no ha dejado estrategia sin ser considerada, que incluye la incorporación de quienes dentro del gobierno forman parte de la oposición y están prestos para ejecutar cualquier misión que le sea asignada, hasta, lo que es muy doloroso, personas que una vez creyeron en el proceso, pero que débiles en principios venden su alma y se suman a lo que ya muchos piensan es una guerra perdida por la revolución.

A esta conclusión, por fuerza de la realidad que marcan los hechos, por lo que se oye de boca de la gente, por los gestos que expresan los rostros de quien hace una cola, sin ser bachaquero, que los hay, porque el objetivo primordial que es el de que la mayoría le achaque todos sus males al gobierno, hemos llegado muchos y no es por pesimismo, sino porque ello, se palpa, sin ser científico social, sino simplemente estar metido, como diría Chávez, en las catacumbas del pueblo.

Pero también, como en mi caso, porque ante los atropellos que con el hacha de la especulación en la mano, los delincuentes trajeados de honestos comerciantes han infringido contra, yo diría la mayoría de los venezolanos, hemos realizado denuncias puntuales y lamentablemente comprobado que no sucede absolutamente nada, pues los especuladores con muy pocas excepciones siguen campantes aumentando los precios casi que a diario de manera totalmente impune.

Les cuento: hace unos días logre convencer a varios amigos y familiares para llamar al 0-800- Táchira al que por fin se puede acceder desde un celular y denunciar a los expendedores de pollo, quienes aun con conocimiento de la lista de precios publicada en gaceta, algunos medios y páginas web como Aporrea, en mis manos, en ninguno de los comercios que se ocupan de vender este producto se respeta, en todos como si se hubiesen puesto de acuerdo el pollo entero regulado en 65 bs. el kilo era vendido en 250 bs., la pechuga a 380 bs. , el muslo a 270 bs., al reclamar la respuesta más común era:”eso es lo que dice el gobierno pero yo no puedo vender a esos precios porque a mi venden caro”, o “bueno si no quiere no lo lleve” .

Hicimos las llamadas en el transcurso del día a todos se nos dijo que se iba a proceder y lamentablemente después de dos semanas hemos podido comprobar que se nos mintió desde el organismo obligado a velar por el cumplimiento de la ley, los precios en casi todos los rubros indispensables para apenas una mediana calidad de vida, más bien se incrementan de semana en semana e incluso de día a día.

Por fuerza, entonces, hay que deducir que lo de la complicidad de funcionarios inescrupulosos que es algo que se repite en las expresiones de la gente, es absolutamente cierta.

Les sigo contando: en cierta oportunidad yo personalmente denuncié los excesivos precios de los cauchos, solicitando realizar una inspección a fin de pedir las facturas de compra, pues los de 1.750 bs. se estaban vendiendo en 6.300 bs. ( actualmente en 12.000 bs. y hasta en 15.000 bs.), igual en relación con las baterías y todo el largo listado de repuestos para vehículos.

Intervine, vía telefónica, en un programa en el cual participaba, en vivo, la directora de la SUNDEE en el Táchira, para plantearle de nuevo la situación y la respuesta: una que en nada tenía que ver con mi denuncia para referirse a que el gobierno estaba vendiendo cauchos en cooperativas, a precios especiales; por cierto solo a transportistas públicos, no a los que no lo somos, lo que yo considero una flagrante discriminación; lo que esperaba como respuesta sobre las razones por las cuales no se procedía a confrontar los precios de los artículos mencionados con las facturas de compra, a fin de constatar, cómo en el precio final se hacía presente de manera escandalosamente descarada.

Lo que suceda con el pollo se repite en la carne, pescado, huevos, verduras, lo cual lleva a cualquier ciudadano medianamente capaz de interpretar la realidad, a preguntarse si es que los funcionarios obligados a hacer cumplir la ley, no hacen mercado, compran repuestos, medicamentos, etc, o simplemente a ellos les venden al precio justo o les regalan lo que al resto de los ciudadanos ya surge casi que inalcanzable.



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Saúl Molina


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