Base de operaciones

**** Una mediocracia alienante oculta los gestos humanos de personas como Jorge Rodríguez.

No se puede pasar por alto el acto de desprendimiento del magistrado Jorge Rodríguez, actual presidente del Consejo Nacional Electoral. No es corriente en un país, donde el oportunismo y la adulancia son casi un signo distintivo de la conducta social, la renuncia a posiciones de poder e influencia. Críticas al gesto de Rodríguez, de dimitir a una nueva postulación, y a cualquier otro destino público, como la realizada por Corina Machado, no reflejan otra cosa que la proyección defensiva de su propia conducta. En un examen de su actuación –y de la de sus colegas- al frente de ese poder público en los momentos álgidos de los años 2002 y 2003, no se puede otorgar otra calificación que la de excelente, si el valor a medirse era él de la paz entre los venezolanos. Desde luego es oportunista la conducta de la Machado. Casi con toda seguridad se podría afirmar que en sus íntimas convicciones la violencia no esta entre sus conductas preferidas. Empero, es innegable que su comportamiento, al apoyar él del déspota angloamericano, y buscar su favor, es especulador. Intenta obtener una ganancia inmediata, aun sacrificando sus propias certezas. De manera que para ella, y para los que como ella piensan, las ventajas circunstanciales que se puedan obtener, son siempre ganancias aprovechables, aun a costa de graves pérdidas futuras.
No hay dudas que, con el historial de Rodríguez, y el cuadro político presente, cualquier aspiración de status político, incluyendo el mantenimiento de su actual posición, tendría una alta probabilidad de realización. Pero para un hombre verdaderamente racional, el ser es más importante que el tener. Y su gesto demuestra su racionalidad. Un rasgo que la inmediatez de la mediocracia reinante ha ido minimizando exponencialmente a escala global. Las prácticas del “marketing”, no sólo en la actividad política, hacen posible que hasta figuras de ficción superen en status seres reales cuyas conductas responden a la lógica que les impone su condición humana. El mercadeo, en el cual todo es producto para la venta y la compra, oculta el esfuerzo, antes apreciado, de aquellos que laboran por el ascenso humano: la superación de la pobreza y la miseria. Una posibilidad totalmente condicionada a la existencia de la paz. Condición que Rodríguez contribuyó a alcanzar con su conducta en el CNE. Con su actitud, como dice el poeta, él hoy es “su propio dueño”
Y tal conquista no es personal. Los venezolanos de hoy y de mañana tenemos en ese hombre una reserva moral en quien podemos confiar en aquellos momentos críticos que inevitablemente se presentaran. Es una ganancia neta, no sólo como referencia, sino como posibilidad de tener líderes con la sindéresis necesaria para orientar la acción de una sociedad, que ha sido capaz de existir en una relativa paz por más de un siglo, resolviendo, gracias a hombres como Rodríguez, las situaciones conflictivas que hemos atravesado. Hay que verlo a él, y no a los “perros de la guerra”.


alberto_muller2003@yahoo.com


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Alberto Müller Rojas


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