Volver a la raíz (Parte II), es volver al espíritu de Chávez

Propiedad en las palabras

Voy a comenzar por relatar cómo se puede descargar de su "peso semántico" al discurso revolucionario cuando se abusa de su "efecto agitador" en la modalidad de la amenaza, y aún sin tener ningún tipo de apoyo con la realidad, en la acción política. Un ejemplo de lo que digo. Cuando conocemos a alguien que suele injuriar y maldecir por cualquier, cosa así no lo amerite, en el momento en que lo escuchemos tratando de injuriar verdaderamente a alguien o a algo no lo notaríamos, no haríamos la diferencia con su estado normal. Las maldiciones han perdido su carga semántica. Es el caso de las amenazas del gobierno de "radicalizar la revolución".

En un programa de TV están hablando de la Guerra Económica, y un periodista le pregunta al diputado chavista invitado que cómo se puede entender lo dicho por el presidente Maduro de que ahora iba a radicalizar la revolución si todavía no se ha evaluado el desempeño de las empresas en manos del estado que se dedican a la producción y distribución de alimentos. Pero el diputado, un poco perplejo, dijo algo de corregir las distorsiones de la economía, de castigar a los especuladores, acaparadores y similares, los mismo fantasmas de siempre que viven asustando a un pueblo confuso y al mismo gobierno revolucionario.

Pero la raíz de la revolución socialista se encuentra en la injusticia social, en la explotación de los trabajadores, en la división de clases, la pobreza, la indiferencia, en fin, en la raíz de la revolución está la necesidad de cambiar ese orden de cosas. Luego, en la raíz de la revolución está cambiar la sociedad burguesa y al sistema capitalista, que hacen posible tanta injusticia, "cambiar todo lo que deba ser cambiado" para hacer posible el proyecto socialista.

Es un mensaje negativo ver cómo a estos diputados se les tuerce la boca en televisión cuando deben hablar de socialismo. Y siempre se les nota cuando lo evitan. Pero en la raíz de la revolución no hay anhelos de reformas, eso es seguro. No se puede pensar en una revolución si no se piensa en cambiar el orden de las cosas. Así lo expuso Marx. También lo pensó Lenin, y Fidel insistiría siempre en eso. Y así se lo planteó Bolívar. Por donde retomemos la raíz de nuestra revolución, un cambio tiene que venir, como dice la canción.

El caso de Chávez

En el caso de Chávez las amenazas se cumplieron en su mayoría. El discurso, en lo fundamental fue apropiado respecto a sus decisiones. Confiscó Lácteos Los Andes, arroceras, Café El Peñón, Agroisleña, conservadoras de pescado, confiscó tierras a latifundistas, nacionalizó la electricidad y la CANTV, galpones a Empresas Polar (que fueron devueltos después de asesinado), paralizó la explotación del carbón en el Zulia, Regresó a Minerven el control de minas de oro de Las Cristinas, se retiró de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos y el CIADI (El Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones), revirtió los contratos de servicios petroleros y recuperó la doble tributación petrolera (ISR y Regalías), revirtió valientemente, en un acto de humildad y autocrítica, el famoso "Control Obrero" de la CVG en favor del control socialista del Estado, etc., etc. etc. En el caso de Chávez se hizo lo debido. Era de esperar de este gobierno que se diera continuidad a esa política. Fue la clara decisión tomada por Chávez de avanzar hacia el socialismo, venciendo siempre la lógica del capital, en los terrenos de lucha cualquiera fueran los que se plantearan. Y no "avanzar para tras".

Radicalizar la revolución

Radicalizar la revolución es entonces retomar el camino hacia el socialismo y comenzar a "cambiar todo lo que deba ser cambiado". Que no es lo mismo que decir "reformar todo lo que deba ser reformado" o "transformar todo lo que deba ser transformado" como dijo alguien en el gobierno una vez. Reformar las instituciones burguesas no es una opción. No es otra cosa que un absurdo. Las instituciones burguesas reformadas siguen siendo burguesas. Y donde la burguesía está, la burguesía gobierna, y allí donde ella gobierna, gobierna la desigualdad, la injusticia, la lógica del mercado y la lógica del capital.

Retomar el camino hacia el socialismo es comenzar a ver el cambio del sistema como una necesidad imperiosa. Hay que sentir de nuevo los efectos la dignidad humana en los que una vez vivieron en el olvido; otra vez sentir vergüenza por nuestra condición humana; sentir horror por la oligarquía. Indignación por la injusticia y la indiferencia hacia nuestro prójimo. Irritación por el despilfarro y por la desidia. Para radicalizar la revolución hace falta un acto de constricción, de autocrítica, de conciencia revolucionaria para retomar el camino de los cambios radicales.

Es por eso que la Revolución Bolivariana No se "radicalizará", nada más encarcelando a los que "la sabotean" en los mercados y especulan con los dólares. Hay que preparar a la población para lo más duro, explicarle cuáles son las verdaderas medidas radicales y empezar a expropiar toda la economía burguesa capitalista para acabar de raíz con los especuladores y los conspiradores enmascarados de democráticos. No se hace nada con llamar a la "eficiencia y eficacia" en la producción de bienes y administración de los recursos sin despertar conciencia, conciencia del deber social. Hay que denunciar el egoísmo burgués. Debemos luchar con valor y decisión contra los modelos burgueses y aburguesados de vida. Atacar esa idea tonta de que sin esfuerzo colectivo, cada quien por su lado, todos podemos llegar a tener de todo. Acabar con la demagogia y el populismo.

Estas declaraciones son las que vacían de contenido real a las palabras. Confunden a la población. No se amenaza a nadie con radicalizar la revolución de esa forma. Es como botar el mueble donde nos traicionó la mujer con otro, y no botar a la mujer. Ese discurso es un ejemplo de falta de propiedad en el uso de las palabras, de vacuidad del discurso.

Invertir los valores

"Radicalizar" la revolución contra todos los que "sabotean" la economía, sin importar "el apellido" que tengan", dice el presidente Maduro. Y uno se pregunta ¿es que acaso hay una burguesía que no sea ladrona, hipócrita y conspiradora, a pesar de su apellido? ¿Qué no sea altanera, clasista, racista? ¿Acaso hay otra distinta? Los apellidos vienen por añaduría al poder de la riqueza. Radicalizar la revolución es, primeramente, acabar con el burgués que gobierna nuestra propia conciencia, para que no nos tiemble la mano a la hora de actuar en contra del capitalismo.

El control sobre la situación actual lo tienen los empresarios, los comerciantes. Lo tienen en las redes de distribución, en la producción, en la importación, en los medios de difusión y en la conciencia de la población. ¿Dónde está el mensaje a la población para que cambie sus hábitos de vida, para deje de consumir fruslerías? ¿Dónde están las campañas socialistas y los ejemplos socialistas? ¿Cuándo se hablará sin miedo de invertir los valores burgueses (de la búsqueda de prestigio, del lujo, del éxito en la escalera social por encima del fracaso de los otros; el individualismo a ultranza)? Si existiera un signo moral socialista el discurso político y en las acciones y decisiones que los acompañan mucho se habría logrado en la conciencia y en el desempeño de nuestros trabajadores y de nuestra población en general para hacerse inmune a cualquier sabotaje económico.

La administración pública

Así como las universidades representan para muchos una oportunidad para hacer un buen matrimonio, y para otros de ascender socialmente, también los ministerios y entes gubernamentales lo son dentro de un sistema burocrático burgués deshonesto. Donde gobierna la ignorancia y el abuso de la autoridad, y, por supuesto, la corrupción, hoy día hacen vida muchos venezolanos a fin de ascender en la escala social. ¿Dónde está la revolución moral y política? Y es que el enemigo tiene "cazada" desde hace rato una guerra política contra cualquier tipo de conducta moral y revolucionaria, la cual se da con mucha ventaja, para él, dentro de los espacios de la administración pública. Suena feo hacer estas clasificaciones, pero es una forma de hacer ver que se trata de una sola guerra que se libra en todos los frentes. Y creo que en donde estamos perdiendo cada día más terreno es en el de la conciencia socialista, del deber social, en el de la conciencia socialista llevada a nuestras acciones diarias. Y nuestras acciones diarias las vivimos expansivamente en el trabajo.

La clase media como logro

No se puede desligar del trabajo el papel fundamental de la lucha de clases y tampoco de la educación; de eso se trata la revolución socialista, de un cambio de vida radical. Distribuir dólares, y sus consecuentes materiales no es socialismo; ofrecerle a la población más humilde la posibilidad de vivir la vida de la clase media tampoco se corresponde a ningún modelo socialista. Es nuestra sociedad y en todas las demás sociedades capitalistas, la clase media representa la aspiración pequeña burguesa para llegar a alcanzar el sueño de ser como la burguesía rica y poderosa. Nuestra clase media representa los valores más reaccionarios de la sociedad, amarrados en sus hábitos de consumo, en sus prejuicios, en el miedo a ser iguales, en eso que decía Wilhem Reich, de tener "siempre puesta la mirada hacia lo más alto". Las soluciones del gobierno señalan ese camino, y es ese el camino más directo hacia el fin de todo lo logrado por el comandante Chávez.

La clase media es una falsa clase, un sector de la sociedad atrapado entre la pobreza y sus propios sueños de grandeza. En esa falsa clase se concentra casi todas las aspiraciones de la pequeña burguesía, la echonería del pelabolas, el orgullo del que no tiene sino deudas, el egoísmo y el culto a la ignorancia; la voluntad de ser mediano y mediocre, de estar en el promedio. No puede ser ese el modelo para nuestra población chavista, y mucho menos para la militancia chavista., para las comunas y para los consejos comunales. La revolución es la posibilidad de liberarnos de todo sentido de subordinación, reconociéndonos, gracias al trabajo y al estudio, como clase trabajadora enfrentada (a muerte) a la burguesía; el proletariado enfrentado a los grandes propietarios privados; la clase de los trabajadores socialistas enfrentados al capitalismo.

Humildad y debate público.

Creo lo más difícil es admitir que nos hemos equivocado y aún estamos errando. Que el mayor esfuerzo para salir de esta situación tan confusa se debe hacerse en corregir el rumbo y apuntar de nuevo hacia el socialismo. Humildad, humildad y más humildad, para reconocer nuestros errores. Hay que abrir un gran debate crítico y autocrítico, honesto, promovido por los dirigentes más destacados, de más jerarquía. Amplio, dentro del Chavismo, dentro del socialismo comprometido. Televisar un verdadero debate y no el sermón ampuloso de siempre. Hay que exponer los problemas más visibles y los menos visibles, con honestidad y entusiasmo revolucionario. Hay que declarar un período de reflexión permanente para la revolución. No nos dejemos distraer con elecciones. Más tarde será tarde.



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Héctor Baíz

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