La integración latinoamericana: de Ayacucho a El ALBA

Se están conmemorando los 190 años del glorioso triunfo del ejército libertador en Ayacucho y diez años de la Alianza Bolivariana, lo que nos parece excelente pretexto para volver al tema de la integración latinoamericana. La Batalla de Ayacucho fue el último gran enfrentamiento dentro de las campañas terrestres de las guerras de independencia hispanoamericanas (1809-1826) y significó el final definitivo del dominio colonial español en América del sur. La batalla se desarrolló en la Pampa de Quinua o Ayacucho, Perú, el 9 de diciembre de 1824.

La victoria de los independentistas supuso la desaparición del contingente militar realista más importante que seguía en pie, sellando la independencia del Perú con una capitulación militar que puso fin al Virreinato del Perú. No obstante, España no renunció formalmente a la soberanía de sus posesiones continentales americanas hasta 1836. El tratado de paz, amistad y reconocimiento con el Perú fue firmado el 14 de agosto de 1879 en París.

Es difícil decir algo sobre la integración Latinoamericana que ya no se haya dicho, sin embargo por ser ésta una meta, un compromiso indispensable para la subsistencia digna de las naciones que la conforman, el pensamiento y reflexión sobre la integración es no sólo necesario sino imprescindible. Desde la perspectiva de nuestra revolución socialista y más aún frente al avasallante e injusto proceso de globalización la unidad Latinoamérica es vital.

En el contexto de la globalización neoliberal las naciones latinoamericanas nuevamente fueron penetradas por programas económicos y la propaganda ideológica que pregona que la apertura plena a los mercados internacionales. Pasada dos décadas son evidentes los fracasos del neoliberalismo económico. Sin embargo aún persisten las voces de quienes desde el norte siguen empujando a nuestras naciones a este proyecto de destrucción regional y los lacayos de siempre que continúan apostando por este destino. Pero alentadoramente y categóricamente podemos señalar que ya la América latina no es la misma de unos años atrás. Ya Cuba no se encuentra sola en el núcleo de naciones y pueblos que exigen una alternativa radical al modelo capitalista que está destruyendo al mundo, a la humanidad toda.

Hoy otras naciones del continente tienen gobiernos a favor de modelos alternativos, y en muchos países es notorio el papel creciente de movimientos organizados frente al liberalismo. Ante los terribles fenómenos naturales que a diario ocurren, frente los nada optimistas pronósticos sobre el cambio climático, las cada vez más terribles injusticias, violación de soberanías, guerras injustificadas, ambición desmedida, la América latina esta llamada a jugar un papel estelar y no perder en cuenta que aquí se encuentran el 23% de los bosques y el 50% de las especies animales y vegetales del planeta, reservas de gas y petróleo de que se surte la industria capitalista. Estas condiciones determinan y determinaran nuestro papel en el mundo, pero también los intereses del mundo desarrollado sobre nosotros.

Hoy la región aún se encuentran dividida por los dos proyectos de integración antagónicos: ALCA VS. ALBA. El Área de Libre Comercio de las Américas o ALCA (TLC) es un proyecto para integrar comercialmente a todo el continente americano. Se creó por iniciativa de Estados Unidos de Norteamérica en 1994, y que ha debido iniciarse en el año 2005, del que formarían parte los países de Sudamérica, Canadá, Norteamérica, México, Centroamérica, El Caribe (menos Cuba) con un potencial de 800 millones de habitantes. A través del ALCA se busca convertir a la América en un gran mercado, en una zona donde circule libremente las mercaderías y los capitales sin trabas ni regulaciones, lo que reportaría un producto bruto de 13.000 billones de dólares. A partir de la cumbre de 2005 en Mar del Plata el ALCA entró en crisis, al punto que muchos ya lo consideran como un proyecto muerto.

El ALBA fue impulsada por el presidente Venezolano Hugo Chávez en la Cumbre de la Asociación de Estados del Caribe en el 2001, constituyéndose en un mecanismo de interacción de amplio alcance, que enfrenta la pretensión hegemónica del ALCA, que no se centra solo en lo económico, lo "social" será lo primordial, la cooperación y la solidaridad. Es una integración de los pueblos y no de las transnacionales y sectores élites. Existen ya propuestas y planes concretos del ALBA que están en ejecución: desde una red de comunicación como lo es TELESUR, que permita conocernos a profundidad sin la manipulación de las grandes cadenas informativas, avanzan los proyectos energéticos que unirán a nuestros países en el suministro de esta la más importante de las materias primas. Otras propuestas, como El Banco del Sur, quizás con más dificultades ya están siendo reconocidas por los respectivos gobiernos del área.

Esta instancia de cooperación regional, cuenta con un sinfín de logros en beneficio del pueblo: en términos de educación, 98% de la población de los países miembro está alfabetizada; salud, más de 2,8 millones de personas recuperaron la vista gracias a la Misión Milagro; comunicación, se crearon medios como Telesur, Radio del Sur y ALBA TV, en respuesta a las grandes empresas de la comunicación controladas por intereses trasnacionales; energía, se creó Petrocaribe mecanismo mediante el cual se distribuyen 194 mil barriles diarios de crudo a los países del arco oriental.

No hay la menor dudad que la integración latinoamericana es una necesidad vital para el desenvolvimiento de nuestras naciones y más aún para ofrecer un proyecto alternativo de desarrollo frente al capitalismo salvaje, pero ¿por qué después de dos siglos de proyectos integracionistas de distintas índoles es poco lo que se ha alcanzado?, ¿por qué aun el comercio interregionales están deficitario? .Estas preguntas no son fáciles de responder y las respuestas son casi siempre las mismas: heredamos una estructura de la dependencia del largo periodo de colonización, nos dividieron y alimentaron conflictos entre nosotros, estamos sometidos a interese de transnacionales que dominan nuestra economía, nuestras economías son más de competencia que de complementariedad, tenemos gobiernos aliados a interés imperiales y a las oligarquías nacionales.

En la últimos años, sobre todo a partir de los evidentes fracasos del modelo neoliberal-que fue ofrecido en los años anteriores como la salvación para la región- el proyecto integracionista ha tomado nuevos bríos. Sin embargo aún falta mucho, todos hablan de integración pero parece que se habla de integración con intereses muy diversos. Así mismo, a pesar de los esfuerzos, aun percibimos que la mayoría de la población del área no demuestra mucho interés por la integración latinoamericana. No puede haber integración sin integración de los pueblos, no puede seguirse pensando la integración solo desde arriba, desde los altos gobiernos y los grupos empresariales.

Es cierto que desde el surgimiento de las repúblicas post independentista se ha planteado de múltiples forma la integración: desde el punto de vista político y militar para enfrentar las agresiones imperial, desde el punto de vista económico que en realidad ha beneficiado a los monopolios y casas matriz extrajeras, pero quizás donde menos esfuerzos se ha hecho es en el terreno de lo cultura, educativo y sobre todo sobre lo humano. No referimos a la integración de los pueblos. Pero esta integración tiene poca posibilidades de lograrse plenamente sin el apoyo político de los gobiernos que lo dirigen o de movimientos políticamente organizados.

Los Latinoamericanos no nos conocemos, desde el hombre común hasta un Doctor en Economía tienen en la mayoría de los casos muchos más conocimientos sobre la historia, la geografía, los personajes, la actualidad, los pensadores de Europa y Estado Unidos que nuestros hermanos Latinoamericanos. Por eso no tenemos la menor duda en afirmar que nuestra dependencia intelectual es más grave que la dependencia económica, nos formamos para pensar como OTROS y no como NOSOTROS. Históricamente nos han hecho políticamente rivales económicamente competidores, desde los celos fronterizos, los liderazgo regionales han servido más para la desintegración que para la unidad.

Sin embargo creemos y vemos necesario pensar en lo Latinoamericano, pero tiene que ser una integración distinta, una integración desde el socialismo humanista. Es el socialismo el que nos puede ayudar a integrar, pero este no es un trabajo entre las élites, es una tarea de carácter popular. Esto no niega la participación de los Estado Nacionales, movimientos políticos, líderes y vanguardia revolucionaria, pero estos son ayudantes, no los protagonistas. A partir de este reconocimiento cómo hacer realidad algo que se ve tan etéreo como la integración de los pueblos, cómo hacer de América Latina la sociedad que haga posible el surgimiento del hombre nuevo, cómo traspasar de los buenos deseos a proyectos concretos y reales de integración.

Consideramos que esto es posible a través de la integración educativa: no solo a través de redes, de investigadores, filósofos, o redes e instituciones universitarias dedicados a los estudios de la problemática latinoamericana, nos referimos más bien a la sistematización e interconexión de todas estas redes con otras de carácter más popular, que lleguen a la formación inicial del hombre latinoamericano: desde la escuelas primarias hasta las universidades, los cursos sobre realidad latinoamericana tiene que ser curricularmente obligatorios no importando el área científica o humanista en la que se forma. Pero quizás los más importante es que a través del "poder moral "y "el Motor moral y luces" se tome conciencia desde las más pequeñas organizaciones comunales de la importancia de la integración latinoamericana y de la inviabilidad de nuestro socialismo sin la integración con Latinoamérica y los otros países del tercer Mundo.

Pero así como proponemos esta formación académica y política en la integración, mucho contribuía también el fomentar el turismo en la región, de ser necesario hasta subsidiarlo, para que obreros, estudiantes, docentes, empleados públicos puedan conocer una realidad por ellos ignorada.

El Alba, así como MERCOSUR y otras alianzas tendrán sentido si y sólo si nos conocemos realmente, pero no es el conocer solo de una elite, es el conocimiento de toda la población, para que luego no sea atacada como lo hacen actualmente los oligarcas a través de sus medios de comunicación y también una parte del pueblo alienado que repite a diario que le regalamos el petróleo y los dólares venezolanos a otros países.



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Pedro Rodríguez Rojas


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