Casos de corrupción: Brasil y Venezuela

Lo dice el diario “O Globo”, y no es cualquier cosa. Son cinco los integrantes de una millonaria red de sobornos en contratos de la estatal Petrobras, que se han comprometido a devolver parte del desfalco a la nación brasilera. Los acusados han llegado a un acuerdo con la justicia que implica una reducción penal a cambio de facilitar información sobre extensas maniobras de sobreprecios, mas develar otros nombres de todo un clan implicado en una amplia gama de corruptela. Por ahora, el monto que será regresado según el citado medio de comunicación es de 165 millones de dólares. La policía declaró que los acusados deben responder a cargos de asociación para delinquir, corrupción, fraude a la ley de licitaciones y lavado de dinero. Se estima que la red de corrupción movió más de 3.856 millones de dólares en más de 10 años. Las investigaciones continúan.

Pero no es la primera vez que algo similar sucede en Brasil. En el año 2012 fue muy sonado el caso del senador Luiz Estevao, quien había sido condenado por corrupción años antes y llego a un acuerdo con la justicia para reintegrar 234 millones de dólares que había desviado del erario público hacia sus arcas privadas.

En Venezuela y a manera sencilla, tales cosas pareciesen ser totalmente utópicas. A principios de 2013, el entonces Ministro de Planificación y Finanzas Jorge Giordani, da declaraciones admitiendo que bajo la figura del SITME y CADIVI se habían robado más de 25 mil millones de dólares, solamente en el año anterior.  Cifra que como recordaran fue confirmada por la entonces presidenta del Banco Central de Venezuela Edmee Betancourt.

Pero todo eso se quedó en pañales cuando el equipo de investigación de la organización Marea Socialista devela que desde que se instaló el control de cambio en Venezuela, mediante la perforación del mismo, fue birlada la espeluznante cifra de 259.000.000 de dólares. Es a lo que desde Marea se ha dado el nombre de “Desfalco a la Nación”. Dicho desvío habría sido cometido en contubernio por sectores de la burocracia y del capital. Ni de un sector, ni del otro, han salido a contestar o desmentir lo afirmado por la nombrada corriente política, que como es sabido, fundamenta su argumentación y cifras en dos trabajos investigativos, por ahora.

No creemos que se trate simplemente que en Brasil sean más severos con la aplicación de la justicia o que acá se es más corrupto, por así decirlo. El estado capitalista como instrumento acaparador y guardián de la burguesía, lleva consigo implícito la corrupción, vicios y todo tipo de trampas. Así mismo y como sub producto de esa misma lógica, va permeado por todo tipo de disputas o en algunos casos concretos, el gobierno de turno se ve obligado a responder resolviendo casos que por demás ya ni obviar se pueden. Vale recordar que en los sonados casos de Brasil, están implicados figuras del gobernante partido de los trabajadores (PT). Por citar un ejemplo. 

En Venezuela la norma imperante, a nivel de poder constituido, pareciese ser una parálisis total para poder resolver mínimamente cualquier problema de corrupción. Aquí hasta el pragmatismo ha cedido a una situación donde peligrosamente se ha instalado una sensación de impunidad y donde cualquier denuncia es irresoluble.  Y le da valor y contenido a esa sensación, elementos que se derivan de la realidad, que parten desde la inconsecuencia en lo que se hace con lo que se dice desde altos voceros del gobierno, pasando por un escueto uso de leyes habilitantes, hasta “vender” como un gran logro que se agarró a un sargento de la guardia nacional vendiendo gasolina, pero no se habla nada siquiera de lo denunciado por Giordani.

La falta de voluntad política o la razón de fondo que hace prevalecer la omisión como respuesta ante el desfalco del Patrimonio Público, vulnera y merma las posibilidades de resolver los problemas y condiciones de existencia de la gente. Y esta actuación marcada por la impunidad no concuerda para nada con las exigencias de una base del proceso bolivariano que cada día cuestiona más, que cada día es mas crítica. La lucha contra la corrupción y la impunidad comienza a generalizarce y constituye un fenómeno propio de esta nueva etapa. Y cuando estas manifestaciones se expresan en "pequeñas luchas", comienza agarrar forma “lo distinto” como parte esencial de todo proceso revolucionario.  Valga mencionar como ejemplo, que intentar impedir la realización de un foro o un seminario es una señal de imposición de lo viejo y de una conducta que cada vez se hace mas intolerable y, en consecuencia, genera como respuesta: el repudio de la gente. 

¡Ni burocracia, Ni capital!



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Gustavo Martínez Rubio


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