Por favor, vamos a dialogar

El comienzo

"Ahora, cuando nuestras relaciones están hechas añicos, vienes, con tu cara muy lavada, a decirme: por, favor, vamos a dialogar… Ahora quieres dialogar, después que me pateaste… Teniendo yo la razón y tú equivocado, como siempre ¿Qué vaina es esa, ahora estas apuradito, pues, púdrete", eso dijo la mujer y se quedó en silencio, esperando…

Siempre pasa lo mismo. Se pelean. Se violentan las relaciones, con empujones, palabrotas y hasta con amenazas. Eso mismo, aunque sea un disco rayado y pasado de moda, le sucedía a esta pareja. Se habían enamorado. Eso dicen ellos. Pienso que ni la una ni el otro, sabían qué es el amor. Cuando se llega al matrimonio, pareciera que lo verde luce amarillo. Quiero decir que un mango verde, se percibe con el color de la madurez: el amarillo. Pero, en verdad, la mayoría de las parejas llegan al "sí", sin saber qué carajo es el amor.

"No te quedes, callado. Estoy esperando que hables. Que respondas a lo que te he dicho" –rompió el silencio la mujer-. "Siempre asumes esa postura –continuó-, de comodidad y silencio. Te encierras en tu zona de confort, y yo que me joda… Pues, no en esta ocasión, hablas, porque hablas. No me dejarás, como siempre, con las palabras en la boca, volteas y me enseñas tu rabo, y te largas… En esta ocasión, ¡no, y mil veces no!

Lo que yo he podido leer, de los que dicen saber sobre las cosas del amor, aconsejan que, ante una situación tensa y riesgosa, como una separación o un divorcio no deseado, se dialogue. ¿Pero sabrán las personas comunes y corrientes, como este hombre y esta mujer ¿qué es el diálogo? No estoy muy seguro de que esta pareja, lo sepan de tajo. Por eso, ante lo dicho por el hombre, sobre la necesidad de que dialogaran, la mujer explotó, buscando la respuesta que ella deseaba oír. Pero no fue así, y al final se pusieron de acuerdo en algo: en acudir a un consejero matrimonial. Por lo menos, fueron sensatos en tomar esta decisión. Muy sabia, por cierto.

Frente al psicólogo

Sentaditos, como unos santicos, frente al profesional de la psicología, oyeron las primeras palabras, después del acostumbrado protocolo, "¿Haber, quién propuso el diálogo?... ¿Usted o usted?". El hombre levantó la mano y soltó un "Yo, doctor".

-Muy, bien… lo felicito, y me podría decir, que entiende usted por diálogo? El hombre guardó silencio, mientras buscaba en su archivo mental, lo que él entendía por diálogo. Y se explayó.

-Buen intento, le respondió el psicólogo. ¿Y podría decirnos que entiende usted de la comunicación entre los seres humanos? Y la respuesta del hombre fue parecida a la anterior. Por lo que obtuvo casi las mismas palabras del consejero, quien prosiguió, sin darles chance, a más nada. "Antes que nada, vamos a hablar de lo que significa el diálogo y la comunicación. Después, al final, sabrán porque es importante tener claro la significación de estos dos términos".

La mujer que había permanecido callada, se movió en su asiento y en su rostro se dibujo un mapa cubierto de dudas y de arrechera a la vez. El psicólogo la observo, por debajo del ojo, y se adelantó:

--La señora ¿quiere agregar algo más?

--No doctor, yo no deseo agregar nada, sabe por qué, porque he estado callada. Así que no se trata de "agregar", se trata de que me sale una "palomita… Pregúntele a este señor quién rompió el dialogo que habíamos iniciado hace algún tiempo… Pregúntele, quién pateo a quien. Eso es importante que usted lo sepa, doctor, ¿no le parece?

El psicólogo asintió con su cabeza. Se pasó la mano por el pelo, acomodándoselo un poco. Bajo la mano a los lentes y, soltó: "Vamos a tomar al toro por los cachos, como se dice popularmente, abordaremos primero el término "diálogo" y, posteriormente, lo haríamos con la "comunicación", ¿están de acuerdo? Los dos movieron sus cabezas afirmativamente.

El diálogo

Habla el psicólogo: "Comencemos por definir más o menos lo que significa el "diálogo". Ese termino no nos es extraño. Desde la antigüedad se ha hablado de diálogo y lo conveniente que es para minimizar conflictos, sean estos personales, políticos o entre Estados. Lo cierto es que en la Grecia antigua, logos significa "palabra" pero también "razón", porque el reino de la palabra es el razonamiento. Eso significó también para los griegos, que intervenir en un diálogo es compartir razonamiento… -Me siguen- señaló el profesional de la psicología. Y continuo: "Cuando participamos en un diálogo, nos sumergimos en una relación íntima con otro ser humano. Expresamos nuestras vidas de diferentes modos –mediante nuestra apariencia, nuestros gestos, el modo de en que andamos, nuestras elecciones, decisiones y actos-, pero la forma más directa de expresarnos es a través nuestras palabras". El psicólogo dejó por un instante el librito que leía, retiró sus lentes y presionó sus párpados, mientras que soltaba: señora y señor, han comprendido lo que les he leído. Se trata de lo que significa el diálogo, que es precisamente lo que requieren ustedes para zanjar sus diferencias.

El consultado, después de tomar medio vaso de agua, prosiguió su lectura: A través del dialogo tenemos la oportunidad de ver a las personas como realmente son, y por este motivo el diálogo representa el camino más importante hacia el crecimiento personal (…) Un diálogo requiere la mayor sinceridad y el mayor coraje para enfrentar el desafío de abandonar lo que es falso así como también de aceptar lo que es verdadero. Requiere que las personas recurran a la parte más razonable de sí mismo y que estén libres de prejuicios…". ¿Qué les parece a ustedes estas cosas que les estoy leyendo? El hombre y la mujer dijeron, al unísono, "bien, bien, doctor".

Diálogo y comunicación

Haber –dijo el psicólogo-, si quedó claro lo del diálogo en sí, abordemos ahora la comunicación entre los seres humanos. Cuando ustedes, o nosotros, mejor dicho, estamos dialogando, ante todo nos estamos comunicando. Eso quiere de ser que la herramienta de un diálogo fructífero es la comunicación. Y leyó: "TODOS LOS PROBLEMAS humanos, independientemente de su diversidad, de algún modo tienen que ver con las relaciones personales y la comunicación. Y, por lo tanto, todos nuestros problemas individuales y sociales (políticos también) comparten un desafío común –el de comunicarnos e intentar comprendernos a través de las palabras". Este es el propósito del diálogo", comprendieron ustedes. ¿Usted, señora entendió? ¿Usted señora entendió?

Hombre y mujer sonrieron, y dijeron, cada uno por su lado, que habían entendido el mensaje de la lectura. Pero la mujer, agregó: "Doctor, para eso nos hubiese recomendado que leyeras el librito… y nosotros nos hubiésemos evitado pagar esta consulta que bastante costosa es… ¿No le parece?

El profesional de la psicología le sorprendió el señalamiento de la mujer. Se rió un poco forzado. Tomó en su mano el librito y dijo: Mi apreciada señora, usted cree que con leer la Constitución, basta para ser constitucionalistas, o un código penal, para ser abogados, o la biblia, para ser sacerdotes o cardenales. ¿Usted cree eso señora? Dígame una cosa, ¿para qué sirven las universidades, si hay tantos libros en las librerías, con tratados de todo el conocimiento humano, a través de la historia del hombre… "Y de la mujer también, acotó la mujer". El profesional soltó una risa abierta. El compañero de la mujer también se contagió y soltó una carcajada, que trató de ahogar con sus manos.

El consejero tomó de nuevo la palabra: felicitemos por hacer un coro de risa. Eso fue posible a través del conocimiento de lo que significa dialogar y comunicarnos. La consulta ha terminado. Váyanse a su casa, y retomen el diálogo, sin presión, sin condiciones y verán que al final reirán de los resultados. Y para la señora un mensaje: "El diálogo por sí mismo no resolverá nuestros problemas, pero, inevitablemente, todos nuestros problemas deben ser solucionarse a través del diálogo. Por lo tanto, el diálogo es la condición necesaria para resolver problemas". Pero no se decreta. Yo sólo los oriento, pero son ustedes, al fin y al a cabo, quienes tomarán sus decisiones al respecto. Pero sobre todo, el diálogo exige sinceridad, disposición y el deseo de llegar a conclusiones que satisfagan a las dos partes. Recomendación final: rían, rían, rían mucho. Ríanse de sus propias estupideces, eso les ayudará a retomar la senda del equilibrio y el razonamiento clave para la vida. Que pasen buenas noches. No me deben nada.



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Teófilo Santaella

Periodista, egresado de la UCV. Militar en situación de retiro. Ex prisionero de la Isla del Burro, en la década de los 60.

 teofilo_santaella@yahoo.com

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