¡Qué pasa con nuestra Política Económica¡(II)

(Cómo abatir la inflación)

Decíamos en anterior artículo (17.10.2014): www.aporrea.org/actualidad/a196813.html, que la difícil, mas no insuperable situación económica y financiera de Venezuela, ya inocultable, es muestra palpable de que los conductores de estas importantes áreas de la vida nacional no han sido exitosos y por lo tanto urge un cambio de timoneles, no simples enroques como ha venido sucediendo. Una inflación anualizada sobre el 60% cuando no debería exceder el 10%, reservas internacionales por debajo de los 20 MMM US$ cuando deberían estar por encima de los 40MMMUS$, importaciones por encima de los 40 MMM US$ cuando deberían destinarse a bienes de capital, a ciencia y tecnología de punta, una situación crítica en la CVG y en otras empresas del Estado, son muestras palpables de ello.

En razón de lo señalado, y por muchas otras, es ineludible hacer varios planteamientos puntuales que los Colectivos y Economistas Revolucionarios discutimos, y que deben implementarse, para su solución, en el corto, mediano y largo plazo; entre ellos, hacemos mención, una vez más, de los siguientes:

- Que los funcionarios de las Finanzas, de la Planificación, de las políticas monetaria, fiscal, comercial, de los cargos que tienen que ver específicamente con la economía, con la planificación, sean economistas de carrera, una forma de transmitir confianza a los sectores económicos del país.

- Que en otros altos cargos de la Administración Pública Nacional y Empresas del Estado, sean designados profesionales y técnicos de carrera capacitados para ello. Da la impresión que el alto gobierno piensa que los profesionales y técnicos formados en nuestras universidades, con postgrados y experiencia acumulada en Venezuela y el exterior padeciesen de ébola, vih/sida, síndrome de down u otra enfermedad contagiosa, por lo que han sido, hasta ahora, no aptos y por lo tanto inelegibles para conducir áreas importantes de nuestra vida económica.

Por ello nos preguntamos una vez más: ¿Hay voluntad política para impulsar un proceso de reorientación de la Política Económica y Presupuestaria sin menoscabo de la soberanía nacional y del proceso revolucionario? Ante esta interrogante, surgen las siguientes propuestas:

Necesidad de una Política Económica Integral que signifique un conjunto de medidas orientadas a abatir esa hidra de mil cabezas que representa la inflación. Países como Argentina, Brasil, Chile, Perú, que en las décadas de 1970 y 1980 sufrieron inflaciones de más de 3.000, 4.000 y 5.000 por ciento, lograron abatirla con diferentes métodos. No con las impuestas en muchos países del mundo por el Fondo Monetario Internacional. No tenemos que ponernos nerviosos y adoptar medidas propuestas por los neoliberales, por más que muchos le tengan un miedo justificado a la hiperinflación, la misma que puede llegar a supera los tres dígitos y elevarse por encima del 200 y 300 por ciento.

¿Por qué el comerciante de hoy "acapara" de hecho la mercancía fabricada por terceros, la coloca en inventarios durante semanas, meses, años; les fija precios y costes a su arbitrio con la indispensable ayuda de técnicos graduados por el Estado para que lo ayuden y le respalden profesionalmente todas sus irregularidades contables de cara a optimizar sus ganancias comerciales? De poco sirven las regulaciones de precios, porque entonces este comerciante recurre a la manipulación de costes ocultos. Recordemos que, desde que llegaron las transnacionales petroleras al país es usual la contabilidad paralela.

Hay, sí, que adoptar medidas, en primer lugar, de Política Monetaria, que es la principal herramienta para controlar la inflación hoy día; por ello demandamos en el artículo señalado supra, que el BCV debe retomar su autonomía, eso sí, en franca coordinación con el Estado, fijando tasas de interés adecuadas y reduciendo la masa monetaria, que en Venezuela alcanza excedentes escandalosos, hasta niveles que no excedan la tasa de crecimiento del PIB o, en todo caso, a ritmos de tolerancia en el mercado.

No tenemos razones, por las características y patrones de nuestra economía, de adoptar métodos como el de la Reserva Federal de EE.UU. En esa gran nación controlan la inflación a través de las tasas de interés y ajuste a través de otras operaciones y, por lo común, en muchos países, las tasas de interés e incremento lento de la oferta monetaria son las formas a través de las cuales los bancos centrales combaten o previenen la inflación, a pesar de que tienen diferentes enfoques. Por ejemplo, algunos persiguen un objetivo de inflación simétrico, mientras que otros sólo controlan la inflación cuando se eleva por encima de un umbral aceptable.

Hay autores cuyas políticas monetaristas enfatizan una tasa de crecimiento del dinero constante y moderada. Los keynesianos, por caso, hacen énfasis en la reducción de la demanda agregada durante la expansión económica y el aumento de la demanda durante las recesiones para mantener la inflación estable. El control de la demanda agregada se puede lograr combinando la política monetaria y la política fiscal (aumento de los impuestos o reducción del gasto público para reducir la demanda). Pero ése no es el caso de Venezuela.

Ante las crecientes dificultades económicas que confronta el país, es de suponer que es necesario tomar medidas correctivas. Estas no tienen que coincidir con las recetas de ajuste estructural neoliberales, pero mientras se definen políticas de carácter estructural de más largo plazo, algunas decisiones, como el ajuste en la paridad de la moneda para detener la hemorragia de divisas, la restricción de la masa monetaria y en torno al precio de la gasolina, parecen ser indispensables a corto plazo. Después de los intentos de desestabilización de los meses de febrero y marzo, el año 2014 presentaba condiciones propicio para tomar medidas consideradas como necesarias, aunque pudiesen tener un costo político electoral. Sin embargo, el gobierno está como paralizado en este sentido. Ni en el precio de la gasolina, considerado como absurdo por la mayor parte de la población, se atreve el ejecutivo a tomar medidas.

Las políticas de transición hacia un modelo social y productivo post-petrolero, post-rentista que no se impulsaron en momentos de abundancia financiera y amplia legitimidad política, difícilmente pueden impulsarse en las condiciones actuales.

Para decirlo con las palabras del profesor Edgardo Lander: "…En el contexto de esta crisis, el presidente Nicolás Maduro había anunciado un gran "sacudón" de su gobierno para avanzar en la superación del Estado burgués y renovar a los altos funcionarios de su gobierno para afrontar una nueva etapa del proceso bolivariano. Cuando finalmente, a comienzos de septiembre los cambios fueron anunciados, fue poco lo que efectivamente se alteró. Se creó un nuevo organigrama reagrupando básicamente a los mismos ministerios existentes bajo la coordinación de seis nuevas vice-presidencias por áreas (Economía Productiva y Finanzas; Seguridad y Soberanía Alimentaria; Planificación y Conocimiento: Desarrollo Social y de las Misiones; Soberanía Política; Socialismo Territorial y el Ecosocialismo), y prácticamente todos los ministros permanecieron en sus cargos o pasaron a dirigir otros ministerios. Lo más problemático ha sido la eliminación del Ministerio del Ambiente (el primero de América Latina) que pasó a formar parte del Ministerio de Vivienda, Hábitat y Ecosocialismo".

Pero, ¿cómo abatir la inflación? Sabemos que la misma tiene diversas causas. Y muchas otras teorías para explicarla. Las presiones sobre los indicadores de inflación son de distinto orden y difíciles de combatir, ya que gravitan en ella no solamente factores económicos ligados a la producción, a la productividad, al volumen de masa monetaria, a la política crediticia, a la especulación, a los costos de producción y a otros factores reales, todos ellos presentes en el caso venezolano. Convergen también elementos sicológicos y sicosociales, como el temor, la alarma, la inseguridad, las expectativas. Y es que la inflación se alimenta a si misma. Entonces, ¿qué hacer?

En primer lugar, entregar el manejo de la Política Económica a profesionales reconocidos de la economía que estén en sintonía con el Proyecto Bolivariano; 2) devolverle al BCV el manejo de sus funciones como garante de la Política Monetaria; 3) sincerar la Política Presupuestaria echando al cesto de la basura la dualidad de presupuesto que se maneja desde hace varios años; 4) revisar la Política Fiscal, porque ya la Renta Petrolera es insuficiente para atender las crecientes necesidades del pueblo venezolano. Y muy importante, vital: convocar ya, de inmediato, a una gran discusión nacional sobre el Plan de la Patria. Como muy acertadamente plantea, a nuestro entender, El Dr. Edgardo Lander: "…La mayor parte de los principales objetivos de transformación de la sociedad que han sido formulados en el proyecto bolivariano, en el texto constitucional, y en los documentos y propuestas políticas hasta llegar al Plan de la Patria, no son realizables sobre la base de la afirmación del modelo de la monoproducción petrolera. Sin una transformación profunda de este patrón productivo, si no se abandona el imaginario del crecimiento sin fin, si no se reconocen los límites del planeta y la profunda crisis civilizatoria que confronta la humanidad, si la transformación no tiene como eje medular la transición hacia una sociedad post petrolera, como condición de la posibilidad misma de una sociedad post capitalista, los objetivos principales del proceso de cambio que han sido propuestos por el movimiento bolivariano no tienen posibilidad alguna de realizarse".



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César Eulogio Prieto Oberto

Profesor. Economista. Miembro de Número de la Academia de Ciencias Económicas del Estado Zulia. Candidato a Dr. en Ciencia Política.

 cepo39@gmail.com

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