Ser médico de los pobres no basta para ser santo

A propósito del proceso que se le sigue al Dr. José Gregorio Hernández para convertirlo en Santo, proceso que está centrado en buscar “un milagro” que reconozca la junta médica, las peticiones a la “Santa Sede” aun no consiguen la respuesta que el pueblo venezolano espera desde hace años. Resulta ser que toda una vida entregada al amor a la familia, al estudio, a la formación para servir al país, al trabajo para servir a los más necesitados, a la entrega a la fe cristiana y al impacto que ha tenido su obra en la espiritualidad de los venezolanos no son suficientes para recibir el pláceme de la Iglesia Católica.

A mi modo de ver, la alta jerarquía de la Iglesia Católica va a tener que revisar los criterios y requisitos para otorgar tal distinción. El reconocimiento y la aclamación del pueblo no ha sido suficiente y parece que menos la intachable vida de este “siervo de Dios”. No hay hogar católico venezolano donde no se venere a este hombre ejemplar y no existe tribulación alguna donde no sea invocado el Dr. José Gregorio Hernández.

A 150 años de su nacimiento, reconocemos en el Dr. José Gregorio Hernández, a uno de los ciudadanos con mayor influencia en la cultura del venezolano. Es parte importante en el acervo académico y religioso nacional. En su trayectoria de vida fue una constante el servicio y solidaridad con el prójimo; así lo demostró luego de graduarse de Doctor en Medicina, el 29 de Junio de 1888 cuando el Dr. Dominici (rector de la UCV) ofreció ayudarlo económicamente para montar un consultorio en Caracas, noble gesto que José Gregorio agradeció con estas palabras: “¡Cómo le agradezco su gesto, Dr. Dominici! Pero debe decirle que mi puesto no está aquí. Debo marcharme a mi pueblo. En Isnotú no hay médicos y mi puesto está allí, allí donde un día mi propia madre me pidió que volviera para que aliviara los dolores de las gentes humildes de nuestra tierra. Ahora que soy médico, me doy cuenta que mi puesto está allí entre los míos…”.

Pero también lo demostró en su ardua preparación académica. Permaneció en la capital francesa desde 1889 hasta 1891, trabajando con Mathias Duval en microscopía, embriología e histología; con Charles Richet estudió fisiología y con Isidore Straus bacteriología. De regreso a Caracas, en 1891, fue designado catedrático de Histología Normal y Patología, Fisiología Experimental y Bacteriología en la Universidad Central fundando la primera cátedra de Bacteriología del país. Como fue iniciador de los estudios experimentales, es considerado uno de los pioneros de la medicina moderna en Venezuela, es miembro fundador de la Academia de Medicina en 1904 y ocupó el Sillón XXVIII. En 1.905 recibió la medalla de Honor de Instrucción Pública. Realizó algunas publicaciones científicas: en 1906 apareció Elementos de Bacteriología., primer texto de esta materia publicado en Venezuela; describió la angina de pecho de naturaleza palúdica, así como su correcta patogenia. Trabajó sobre el recuento globular, la bilharziosis, nefritis de la fiebre amarilla y terapia de la tuberculosis por el aceite de chalmoogra.

Su dedicación al servicio médico guiado por la fe y sus cualidades humanas e intelectuales lo han hecho acreedor del respeto y la admiración de los venezolanos a quien sin reservas se acude pidiendo auxilio ante los obstáculos de salud. José Gregorio Hernández no le ha fallado al pueblo de Venezuela y el pueblo en retribución lo ha declarado su Santo, antes que el Vaticano así lo haga.





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Salvador Camacho


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