El asesinato de Robert Serra

                Quienes piensan que con el asesinato del diputado del Psuv Robert Serra y su esposa, María Herrera, se minará el proceso bolivariano se equivocan, como se han equivocado siempre, porque esos hechos cobardes no hacen más que  compactar o tornar más sólida esa masa revolucionaria, dispuesta a cumplir el legado de El Gigante a costa de lo que sea con el presidente obrero Nicolás Maduro en el poder.

El proyecto que Hugo Chávez llevó a cabo con el pueblo no tiene marcha atrás, y eso está suficientemente demostrado desde cuando el Comandante Eterno estaba físicamente con nosotros. No pudieron el 11 y 12 de Abril de 2002, no pudieron con el paro petrolero, no pudieron asesinando a Danilo Anderson, no pudieron actualmente con las guarimbas que dejaron más de 40 muertos y una significativa destrucción de la infraestructura del país, no pudieron con la guerra económica, no pudieron matando a Eliecer Otaiza… todavía se desconocen las causas y la identidad de los homicidas del joven parlamentario, pero sean quienes sean, sean de los que pretenden ejecutar asesinatos selectivos o del hampa común, el dolor y la tristeza que en estos momentos embarga a la población roja  rojita, no hace más que unirnos en función de la causa chavista y que tanto defendió Serra con su verbo encendido, emotivo, claro, directo.

Ante situaciones como esta, más bien expreso sin duda que cualquiera discrepancia, cualquier fisura que puede haber surgido como es natural en un Gobierno entre  los revolucionarios y Maduro, es automáticamente cerrada por los sentimientos desbordado en el corazón de la gente noble que en Venezuela es mayoría con respecto de la que piensan en matar, y hacerse del poder por la fuerza. Así cada uno de esos crímenes absurdos son una tonelada de soldadura a Nicolás Maduro en la silla de Miraflores, para dolor de la oposición nacional e internacional.

                Robert Serra con 27 años y diputado a la AN era un ejemplo de esa generación de oro que apuntalaba y estimulaba El Gigante Chávez, por él y por los otros caídos apoyando este proyecto político y humanista tenemos prohibido rendirnos.

                Paz a sus restos…Honor y gloria a este otro valiente cuya sangre riega ahora el árbol de las tres raíces del proceso revolucionario.



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Alberto Morán


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