Padre, hijo y espíritu santo

No sé nada de estas cosas, salvo la común idea que en el ideario cristiano Dios es las tres cosas al mismo tiempo; la santísima trinidad. Pero Dios, a todos los seres vivos, por el dominio que tiene sobre el universo, dio la capacidad de reproducirse, tener hijos, quizás no por la generalizada idea de perpetuar la especie humana, como según uno ha escuchado siempre en la calle, pues no creo que Dios en un universo insondable, tan complicado, se haya preocupado de manera específica del hombre, lo que sería un engreimiento de éste al decir eso, sino del equilibrio del infinito mundo. Como es una presunción que Dios se ocupó de crear el universo, donde cada cosa está puesta en su justo sitio, determinado ritmo, movimiento armónico y ocupando un preciso espacio para que el hombre lo gozase a sus anchas e hiciese lo que le viniese en gana, y como cansado, hastiado de su existencia o entrado en contradicción con ella, se ponga a destruirlo.

¿Quién ha mostrado que seamos los finitos y hasta tristes, por decir lo menos, seres humanos la semejanza de Dios? Eso sería concebirle sin atrapar su grandeza y trascendencia más allá del hombre mismo y su hasta ahora limitado espacio.

De lo que parece no haber duda, si uno piensa que Dios lo controla todo, es que le dio al hombre la capacidad de tener hijos. Es más, según la frase bíblica, al hombre ordenó crecer y multiplicarse (creced y multiplicaos, al parecer dijo, por la frase, al hombre colectivo), pero si al caso vamos, el mismo precepto funciona para las demás especies, aunque el creador no lo haya dicho de manera tan expresa, como concibe el engreído hombre.

Según pues, en la creencia cristiana Dios es Dios, hombre y santísima trinidad. Tres existencias fundidas en una.

Pero el hombre, este que patea las calles buscando cosas que no encuentra, porque las sacaron del país, escondidas están para venderlas en el mercado negro y precio especulativo en su propia cara y contra su bolsillo, no las producen o llevan tiempo sin traerlas, por esos misterios de la economía que uno, el finito ser no comprende, se multiplica en otros seres no de manera asexual sino con la intervención de seres de sexo opuesto. Pero sucede que “el tercero en discordia”, no es uno ni otro como tampoco una simple combinación de los dos, sino un individuo totalmente nuevo, que puede ser hasta un “salto atrás”, buscando hacia el pasado a personajes ignotos.

Por eso el hijo del hombre trabajador, hasta intelectual, artista consagrado, dedicado su tiempo más que crear hijos a formarse él mismo sin poner nunca fin a ese proceso porque “solo sé que no sé nada”, lo que implica descuidar la “aburrida” tarea de formar hijos o porque éste o estos, llegado el momento de la socialización más allá del grupo familiar se le salieron del carril y porque llegaron a la vida en pelo, y los agarraron otros intereses y hasta interesados muy diferentes y adquirir hábitos y preferencias distintos a su progenitor.

En la pedestre vida humana, el hijo del padre no es necesariamente lo mismo que el padre del hijo. Dios, ese infinito personaje que tiene todos los hilos y tinglados del mundo, es superior al Departamento de Estado, organismo, que por orden del gran capital, que tampoco es como el creador, hizo a todos los hombres diferentes. Hasta los chinos, pese a que en veces uno se engañe, son distintos. Por la huella dactilar, cuando van a votar, se les distingue. Cosa por cierto que a adecos y copeyanos les fastidia, porque no pueden seguir haciendo lo de antes.

De manera pues que por muy hijo que uno sea de su padre, hasta habiendo vivido pegado a su pata y viéndole hacer y decir cada día, hasta llegar a la edad de decir y hacer lo que nos venga en gana, en buena medida siempre haremos y diremos de manera y contenido diferente a nuestro padre. Además, el hombre siempre pone empeño en ser él mismo, tener su propio sello, si eso no fuese posible, se sentiría infeliz y habría razones para uno no creerle original y creativo.

Por eso, cuando ya uno piensa en el retiro, o en alguna súbita salida, teniendo una tarea por delante y cree debe continuarse, no necesariamente piensa en el hijo; es posible, así es la vida que este tenga sus propios intereses e ideas. No puede el pintor dejar en manos del hijo su taller para que continúe su obra si este está dedicado a otra cosa y no se ha formado para ello. En esas circunstancias debe pensar en otro aunque con él no tenga ningún parentesco consanguíneo. Lo que prueba que los hijos no siempre están en las mejores condiciones, ni siquiera en las condiciones de continuar la tarea del padre.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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