¿El grupo francés habla patuá? ¿Nos encarataron el caldo? ¿Comment allez vous, monsieur Max?

-“Ese carajo como que habla en patuá. ¡Cuesta una entenderle! ”

Así decían en mi pueblo cuando a alguien era fonéticamente imposible entenderle porque hablaba en musiú o jerigonza.

Hay personas que suelen acostumbrarse a hablar o escribir para el público como si lo hiciesen en la academia; poco les importa si el común de la gente les entiende o no.

-“Al carajo con ellos”, suelen decir o pensar sobre lectores o escuchas y agregan habitualmente de mal humor, “no voy a rebajar mi discurso, volverlo pedestre para que cualquier pendejo pueda entender. Que se jodan bastante si quieren saber o comprender lo que digo o escribo.”

Otros hablan así, complicado, también exprofeso porque tienen interés que no le entiendan para pasar agachado. ¡Y eso les conviene! Otros, los pobres, aprendieron de caletre el discurso académico y no saben cómo traducirlo al cristiano; de éstos, que los hay, son unos pobres pendejos, víctimas del academicismo o complejo de loro.

Cuando esto sucede, el lector común y corriente que es la inmensa mayoría, no les lee o escucha porque le hablan en patuá o en patois, para decirlo a lo francés de donde viene la palabra.

Algunos, quienes entienden o fingen entender lo que aquellos hablan o escriben, les califican como excelentes hablantes o escritores. Así como hay “muy calificados humoristas” de quienes nadie entiende nada de sus chistes y por eso no se ríen o lo hacen sin gana, como pujando, para fingir que cayeron en cuenta. Pese a que Chaplin podía hacerse entender a través de sus gestos con todo el mundo; cada quien interpretaba según su percepción un mensaje jocoso, simple para algunos y llenos de simbología y otras cosas para otros, porque sin hablar, el gran actor podía expresarse en distintas dimensiones. Pese no habló, en sus llamadas películas mudas, que lejos estaban de serlo, lanzaba mensajes en todos los lenguajes y niveles al mismo tiempo.

El mimo Marcel Marceau prescindió del lenguaje oral, pues siendo él francés, en cualquier parte del mundo donde actuase, como en Japón, hablaría en jerigonza o en patuá y optó por el gesto, la mímica y a todo el mundo le habló claro y con ternura. Con él, como con Chaplin, nadie se quedaba en la luna o fingiendo que había entendido algo sólo por echar.

Los franceses hablándole a uno de economía, ya siendo ellos galos y mediante una lengua distinta a la nuestra, si la dan también por hacerlo como los académicos duros, esos que no se rebajan, si es verdad que nos enredan el volador y nos hacen escuchar patuá con jerigonza. Será por eso que, uno que va al mercado percibe como el salario se nos vuelve agua, las cosas escasean, en cambio alguna gente en el gobierno tiene otra idea. Porque a éstos no les hablan con el lenguaje común y mordiente de los vendedores al detal al bolsillo menguado.

El ministro de agricultura, por ejemplo, lleno de optimismo, se conforma con decir por televisión que el precio de las hortalizas no es ese que uno paga, como cebolla a más de cien, porque el precio de costo es otro; y allí se pega en una jerigonza académica como si eso contribuiría a mejorar nuestro poder adquisitivo. Pues el mercado no le atiende a su patois y hace lo que le venga en gana. Pero no conforme con eso, se pregunta con una convicción profunda como desconcertante, “¿qué sería de nosotros sin Lácteos los Andes?”; a lo que yo le agregaría, por si se le pasó por alto y ¿con Aceite Diana?

Oyendo esa y otras cosas, pensando en los franceses que en algún cubículo están planificando nuestras vidas con ánimo, muy bueno debe ser, de despejar nuestras tribulaciones, uno concluye que la vaina está en el patuá. Inventamos o erramos, decía aquel viejo loco, que siendo maestrito de escuela de la provincia de Caracas, quiso que todo el mundo aprendiese por un método suyo que no hablaba en patuá, pues para empezar no copiaba ni pretendía hacer trasplantes. Partimos de nuestra realidad, con nuestros recursos y sabiduría, uniendo todo aquello a nuestro profundo interés de resolver los problemas que nuestros son, pensó el maestro y no hay duda, no estaba equivocado, pues era asunto de hablar el lenguaje que entendemos y no en patuá.

Pero pensando más en el asunto y en esos franceses que “sin querer queriendo” puso de bulto Giordani, pero a quienes nadie oye, siente ni toca, pues parecen ser inmateriales, aunque muy vergatarios también deben ser: ¿quiénes son? ¿Qué hacen? ¿Qué saben que nuestros técnicos desconocen? ¿Por qué si saben tanto y no hablan en patuá, nos han encaratado el caldo?

¿Será por culpa del patuá que nunca hemos escuchado la palabra de Monsieur Max? Es lamentable no tenga las virtudes de Chaplin y Marceau.

¿Comment tallez vous, monsieur Max?


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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