El viaducto aórtico

La aorta es la mayor arteria del organismo humano y cumple la función de irrigarlo. Función similar cumple la autopista La Guaira / Caracas. Por allí se realiza el mayor intercambio comercial hacia todo el país. El cierre, por los daños en el Viaducto N° 1, traslada el tráfico al embudo de la Carretera Vieja (misión imposible).

¿Por qué se crea esta situación?

La respuesta da para escribir un largo estudio sobre las distorsiones de la economía venezolana. Una de ellas está en convertir a Caracas en centro de toda actividad, no sólo como sede del gobierno central, sino de la industria manufacturera y de todo tipo. De esa pretensión, en cincuenta años surgió ese monstruo de ciudad que rompe los cánones de la vida urbana, de la decencia urbanística, de la elemental convivencia humana y la convierte en un caos de basura, de tráfico automotor y de enardecidas mentes que se disputan como lobos el derecho a la vida.

En la Venezuela de comienzos del siglo XX, el intercambio comercial se realizaba por Puerto Cabello, Puerto La Cruz y Maracaibo, fondeaderos naturales que recibían la producción nacional de café, cacao, cueros y otros renglones agrícolas, para el intercambio con el puerto de Hamburgo (Alemania) principalmente. Así funcionó la Venezuela agraria.

La importancia de estos puertos quedó demostrada al finalizar la segunda guerra mundial. Las fábricas de armas se transformaron de nuevo en fábricas de automóviles y productos para el uso doméstico. Cuando dicha producción inunda los mercados, por estos tres puertos se realiza la renovación del parque automotor colombiano. Desde Maracaibo y Puerto Cabello, principalmente, partían las grandes caravanas de vehículos (automóviles, camiones) que por las carreteras del Centro y la Trasandina realizaban el recorrido hasta Cúcuta y de allí a Bogotá, Cali y Medellín. El puerto de Barranquilla no podía cumplir esta función porque no existía una vía terrestre hacia el interior de Colombia, sólo el tráfico fluvial por el río Magdalena. Recuerdo que en mi niñez, en nuestra casa de El Volcán (atalaya del Valle del Mocotíes) nos sentábamos al borde de La Trasandina para ver pasar las caravanas de vehículos con una tira de papel que identificaba el puerto de origen, uno tras de otro, en sucesión interminable, días y noches. Como la carretera era de tierra, la nube de polvo se veía en una extensión de más de veinte kilómetros. Por varios años funcionó aquella colaboración entre las dos repúblicas hermanas.

La Guaira es un puerto artificial que siempre sirvió desde Monteverde y Miranda, hasta Cipriano Castro y el bloqueo imperialista, como escenario para las disputas políticas; hasta que hace cincuenta años tomo la supremacía frente a Maracaibo y Puerto Cabello. La autopista vino a completar el hecho y dio origen al surgimiento del monstruo que hoy es Caracas por la distorsión económica y social que le crea al país. Con el cierre de la autopista, podemos decir que Venezuela sufre de “aortitis aguda”, que ¡ojalá! sirva para corregir distorsiones.

leonmoraria@cantv.net


Esta nota ha sido leída aproximadamente 1878 veces.



León Moraria

Nativo de Bailadores, Mérida, Venezuela (1936). Ha participado en la lucha social en sus diversas formas: Pionero en la transformación agrícola del Valle de Bailadores y en el rechazo a la explotación minera. Participó en la Guerrilla de La Azulita. Fundó y mantuvo durante trece años el periódico gremialista Rescate. Como secretario ejecutivo de FECCAVEN, organizó la movilización nacional de caficultores que culminó en el estallido social conocido como el ?caracazo?. Periodista de opinión en la prensa regional y nacional. Autor entre otros libros: Estatuas de la infamia, El Fantasma del Valle, Camonina, Creencia y Barbarie, EL TRIANGULO NEGRO, La Revolución Villorra, los poemarios Chao Tierra y Golongías. Librepensador y materialista de formación marxista.

 leonmoraria@gmail.com

Visite el perfil de León Moraria para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes:

Comparte en las redes sociales


Síguenos en Facebook y Twitter



León Moraria

León Moraria

Más artículos de este autor