En las últimas horas del mes de abril de 2013, se nos fue el camarada Jerónimo Carrera. Su controvertido verbo, le costó duras críticas de un buen sector inmerso en el proceso, que por su entrega incondicional y a tiempo completo en el ir y venir de la construcción de la nueva Patria, no está muy dispuesto a oír y discutir críticas a su quehacer cotidiano, ni mucho menos si el que las hace, no está “visible” codo a codo en el fragor de la batalla diaria.
Con sus nueve décadas de vida, Jerónimo no estaba para ese impetuoso empuje de calle que ejemplariza la revolución bolivariana. El, de manera muy inteligente y hasta el último aliento, volcó en sus artículos y declaraciones, de manera abierta y sincera, sus vivencias y experiencias de diferentes procesos revolucionarios en varios países y de intercambios personales francos con muchos líderes mundiales en distintas facetas históricas que le toco vivir.
Jerónimo fue reiterativo, por ejemplo, de algunas sugerencias que el líder de la República Popular de Rumania, Nicolas Chausesco, hacía enfáticamente a los revolucionarios venezolanos: “Es urgente, impostergable, adelantar el desarrollo de la industria petrolera hacia la petroquímica nacional. Grandes inversiones en la extracción, refinación y exportación de crudos, solo garantiza la subordinación hacia centros políticos del exterior. Solo la industria de los derivados y en especial la petroquímica, pueden ayudar a apuntalar a mediano y largo plazo la soberanía y el bienestar nacional”. Agregaba Jerónimo, que Chaucesco ilustraba sus palabras con el caso concreto de Rumania, que siendo, el primer país productor y exportador de petróleo en el mundo, desde la primera mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX, recorrió el camino estéril e innecesario que ningún otro país deba tomar en política petrolera: concentrarse en la extracción primaria de hidrocarburos orientada a la exportación y descuidar la producción de derivados del petróleo en el propio país productor. Paradójicamente y a pesar de sus reservas de hidrocarburos, Rumania, en la actualidad, no satisface sus propias demandas energéticas, teniendo que recurrir a la importación de volúmenes considerables de gas y petróleo.
Sobre el ejemplo rumano, Jerónimo comentaba, que la rama petroquímica debe ser uno de los pilares fundamentales que marquen el proceso de industrialización hacia la Venezuela socialista. “Si vamos a seguir exportando petróleo, como estamos seguro será por muchas décadas, debe ser petróleo y gas con alto porcentaje de valor agregado aquí en Venezuela” y remataba con esta pregunta “¿Cuánto tiempo más tendrá que pasar, para que dejemos de exportar materia prima e importar productos elaborados con nuestros propios hidrocarburos ?”
Otro tema interesantísimo que abordamos en amenas conversaciones amenas con Jerónimo, fue el de la visión de la unidad nacional que debe asumir el liderazgo revolucionario cuando se hace inminente un zarpazo de las fuerzas imperiales contra el país nacional. Ponía el ejemplo del gran líder Ho Chi Ming, al cual también conoció y de quien tuvo la posibilidad de escuchar algunos puntos de vista. Ho Chi Ming le recordaba a los comunistas venezolanos, la compleja y muy necesaria construcción de la unidad nacional antes, durante y después de enfrentar una guerra contra el imperio. “La unidad nacional es la garantía de trascender al enemigo y construir una sociedad más desarrollada, que siente las bases materiales y sociales hacia el socialismo” decía el tío Ho. Por cierto, Alí Primera le dedicó varias canciones “al hombre que sembró de esperanzas el vientre del Viet Nam”.
Es necesario resaltar, que los revolucionarios venezolanos en los años 60, realizaron algunas acciones de fuerte impacto mediático para la época, en solidaridad con la lucha heróica del pueblo vietnamita contra el imperio yankee. Igualmente, algunos compatriotas fueron voluntarios a los campos de batalla a combatir al lado de las fuerzas vietnamitas. Estos hechos, se ganaron el reconocimiento público por parte de Ho Chi Ming.
Luego de la más grande y aplastante victoria sobre las fuerzas gringas en toda su historia y asumida la reunificación de las dos mitades (Norte y Sur), Viet Nam consolida actualmente su desarrollo económico, social, científico y tecnológico orientado a la construcción del socialismo, siguiendo las líneas maestras que se trazaron bajo la dirección de Ho Chi Ming. Al igual que otros líderes comunistas, el tío Ho, fue un convencido de la industrialización nacional como base para la generación entre otras cosas, de los sepultureros del capitalismo. Es decir, las masas trabajadoras.
Otro momento importante que recuerdo de mis conversaciones con el querido y recordado camarada Jerónimo, fue su experiencia en la visita que realizó la dirigencia del PCV a Pyongyang, capital de la República Popular Democrática de Corea (conocida también como Corea del Norte). Donde formó parte de la delegación encabezada por el destacado líder obrero y entonces secretario general del PCV, Jesús Faría. Muchos jóvenes de la JCV, estábamos interesados en saber de los resultados de aquel encuentro que se esperaba pusieran fin al distanciamiento entre el PCV y los comunistas coreanos, entre otras cosas, ocasionado por el encarcelamiento injustificado y por muchos años, del camarada y poeta Alí Lameda, caroreño incólume que prefirió el encierro carcelario en tierras lejanas, a firmar una carta de claudicación de sus valores revolucionarios. La liberación del camarada Alí Lameda, entrañable amigo de Jerónimo, fue posible a una sostenida campaña política internacional entre los partidos comunistas del mundo y muy particularmente a algunas gestiones donde participó decididamente el Presidente rumano Nicolás Chausesco e incluso, el presidente venezolano Carlos Andrés Pérez en su primer gobierno.
Nos contó Jerónimo del encuentro con el líder coreano Kim Il Tsum, su visión política y su decisión a sostener un modelo muy particular del socialismo en Corea. Fue muy sincero al referirse con desagrado al modelo del culto a la personalidad que allí se imponía, como ajeno a las aspiraciones de los revolucionarios. “A pesar de esas dificultades, yo percibo que el proceso político de la República Popular Democrática de Corea, con la visión estratégica de Kim Il Sung, seguirá existiendo por muchos años o décadas, más allá de un proceso de reunificación, difícil, pero posible. De esa reunificación, surgirá una potencia industrial, económica, tecnológica y militar que se hará respetar no solo en el ámbito regional asiático, sino también en el mundo entero”. Esa fue la impresión que trajo y nos comunicó Jerónimo de aquel viaje.
En cuanto al proceso bolivariano, Jerónimo fue indiscutiblemente un crítico agrio, pero nunca adversario político. Se refería con énfasis y reclamaba el retraso del proceso de industrialización, la lentitud relativa en el crecimiento de las masas obreras, lo que se refleja negativa y notablemente en el incremento sostenido del comercio informal (buhonería). Fue algo incrédulo en cuanto a la posibilidad cercana en el tiempo, para superar el modelo cultural rentista petrolero. Ponía el ejemplo de cómo la caída de los precios del petróleo en el año 2009, logró prácticamente detener los planes de construcción de la red ferrocarrilera, que representa una base cierta para la industrialización y el desarrollo nacional.
Esos señalamientos, el camarada Jerónimo Carrera los argumentaba en el sentido de advertir sobre los elementos sustantivos que sostienen un proceso revolucionario en el tiempo y disminuyen el riesgo de agotar las expectativas de la revolución bolivariana, orientada a alcanzar y sostener las mejores condiciones materiales, sociales y espirituales de vida para nuestro propio pueblo
La amenas y polémicas tertulias con Jerónimo nos dejaban siempre la satisfacción de tratar con una persona culta, respetuoso de la opinión ajena y constructor de equipos conscientes y disciplinados en aras de la construcción del socialismo. Fue paciente frente al ímpetu de los militantes jóvenes. Dogmático en su férrea militancia al PCV.
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