El caso de los cobros arbitrarios en los cajeros automáticos

Chávez dice caballo y los blancos le entienden cacho e' burro

Los domingos no estamos para nadie, son sagrados, vemos “Aló Presidente”. Hace ya algún tiempo que el comandante anunció la suspensión de los cobros arbitrarios en los cajeros automáticos. Los que estamos apurados dependemos muchísimo de estos fulanos artefactos, y precisamente por el apuro ni nos enteramos cuando nos raspan dos mil y pico de bolos cada vez que sacamos cualquier tontería de nuestros churupitos. El anuncio presidencial nos lleno de alegría porque era un acto justiciero que reeditaba una vez más aquella sentencia de Simón Bolívar, dicha para los siglos, y para los pueblos de la América Meridional: “La justicia es la reina de las virtudes republicanas”.


Con los avatares de nuestro diario trajinar de revolucionarios socialistas, no le hicimos un seguimiento a la medida. Cuatro semanas después del anuncio, salimos apresuradamente al centro comercial que está enfrente de nuestro estudio, donde hay ubicados dos máquinas dispensadoras de dinero. Allí vimos a un hombre humilde con su rostro tostado por el sol. Estaba llorando frente a uno de los cajeros automáticos: nos acercamos a él para preguntarle qué le pasaba, y en qué podríamos ayudarle, nos contó secándose las lágrimas que tenía la sospecha que aún le quedaban diez mil bolos en su cuenta de ahorros para comprar una medicina a su hijo, quiso asegurarse y pidió una consulta a la máquina, esta le entregó instantes después un papelito donde se reflejaban ocho mil bolívares disponibles. Con el corazón en vilo y casi con la seguridad de que le habían raspado dos mil bolos por la consulta, el hombre atropellado por las marramucias del capitalismo, intenta
sacar los ocho mil, y el cajero le dice que no tiene disponibilidad para el retiro.

Sacamos nuestra libreta para probar el funcionamiento de la caja que roba a los usuarios para engordar los caudales de los banqueros. Nosotros casi nunca sabemos cuál es el saldo de nuestras cuentas (sospechamos que los banqueros lo saben y se aprovechan de eso), de manera que pedimos la primera consulta para tener la relación de una cifra, volvimos a consultar y faltaban dos mil bolívares. Hicimos la consulta una tercera vez y otra vez la raspazón dosmilera. Le pedimos al compatriota que nos prestara su tarjeta, y que nosotros le responderíamos por el dinero. Consultamos dos veces, y la voraz máquina se chupó cuatro mil, y reflejó una disponibilidad de dos mil. Por último sacamos treinta mil con nuestra tarjeta, y también se chupó dos mil. Dimos al hombre veinte mil, y salimos a llorar al valle.

Lo curioso es que antes del anuncio de Chávez no cobraban las consultas, lo cual es gravísimo porque hay un saboteo a una decisión presidencial. Sin duda detrás de ese saboteo hay intereses económicos, pero por sobre todo hay intereses politiqueros de la oposición golpista.

Algo similar pasa con las compañías de la telefonía celular, que le roban cualquier cantidad de millones de bolívares diariamente al pueblo venezolano, que sigue siendo víctima de la oligarquía que en definitiva es la dueña de esos infundios.

Cómo olvidar el caso de los créditos indexados: hay una decisión del tribunal supremo de justicia que obliga a los ladrones que estaban robando a la clase media baja con los créditos a viviendas, a devolver, e indemnizar a las víctimas de sus atracos; y los bancos, muy bien gracias, como si no fuese con ellos.

¡Virgen del Carmen, Virgen del Rosario ayúdennos!

Los ricos mandan más que Chávez, mientras nuestro comandante dice caballo, ellos se hacen los locos, y entienden cacho e’ burro. Mientras tanto siguen robando impunemente al Pueblo venezolano.


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Eduardo Mármol


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