O los colmillos de la Hiena

El muro antiazteca

Qué bueno que el gobierno de los Estados Juntos este decidiendo como ha decidido colocar un muro antiazteca en la frontera. Decimos “qué bueno” porque es altamente desarrollador que las hienas enseñen los colmillos, y de esa manera abandonen su posición hipócrita y confusa, que en definitiva es una de sus grandes fortalezas. La amenaza de este muro coloca al tío Sam en una posición demasiado incómoda: el solo anuncio de ese mamotreto es una señal de debilidad, rayana en el horror, y más allá está el hecho de su construcción. Si alguien amenaza y no cumple con su amenaza queda para el recuerdo como un jetón; y si cumple con su amago, se expone a una respuesta del otro. El otro se llama el heroico pueblo mexicano, el otro no es el hombre Marlboro, mejor conocido como el zorro Fox, o el cocacolista. Estamos por saber si el empleado de la Coca Cola, no está de acuerdo con el señor Bush, también llamado la “hierba mala”, para la colocación de ese muro. Lo vimos por CNN ataviado de vaquero con su sombrero tejano, quejándose por el cercado. Pero la manera como don Fox expresaba su queja daba lástima. Es la queja de alguien que le quiere reclamar al amo desde el miedo y la admiración que siente por él. De manera que el hombre Marlboro pudiera estar compinchado con la White Hause para engañar una vez más al pueblo mexicano. Quizás todo sea parte de un teatro chambón y estrambótico para controlar el flujo caudaloso de la emigración mexicana hacia los EEUU.

¿Qué parte de la larguísima frontera México-estadounidense va a cerrar ese muro? ¿O el muro va a amurallar toda la frontera? Y si eso es así, ¿De que lado del muro va a quedar el río Bravo desde Ciudad Juárez hasta su desembocadura en el Golfo de México cerca de Monterrey? Allí estamos hablando de una frontera de 2.092 kilómetros que es la longitud de ese tramo del Río Bravo que sirve de línea divisoria de los dos Países. El resto del curso de ese Río estratégico (un poco más de mil kilómetros) hasta su nacimiento está en territorio estadounidense, justamente en esa vasta zona que el imperio norteamericano le robó a la República mexicana. La continuación de la frontera que va de Ciudad Juárez hasta la costa pacífica, en las propias barbas de la ciudad de San Diego, tiene aproximadamente 1.070 kilómetros.


¿En que cacure se va a meter el Tío Sam? No hay poder humano que pueda controlar una frontera así, con centenares de pueblitos y ciudades que bordean de lado y lado esa larga línea divisoria. La relación de esa frontera es estrecha, amalgamada, a pesar de los matapatos o Sheriff (no se si esta guarandinga se escriba así) gringos que custodian el paso. Esa relación es intensa, va de lo económico a lo sexual, lo cual quiere decir que es indestructible. Dentro de ese drama que viven los explotados del capitalismo para sobrevivir, se ven forzados a cruzar la frontera buscando los benificios que no le puede ofrecer El Estado burgués mexicano, y su zorro don Fox. Claro lo que si podría obtener el Tío Sam es que el heroico Pueblo mexicano recuerde la tierra que le fue robada, y le pase lo que le paso al labriego de Extremadura: “fue por lana y salió trasquilado” o lo que en otra ocasión cuando perdió “hacha, calabazo y miel” intentando robarse un panal.


¿Cuántos mexicanos, y en general cuantos latinoamericanos viven en los EEUU? ¿Ha medido el imperio el impacto y las consecuencias de esta mamarrachada? En un hipotético conflicto del imperio con el Pueblo mexicano, ¿Cómo se comportaría esa quinta columna?


Qué bueno que el Tío Sam esté enseñando sus colmillos de hiena.




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Eduardo Mármol


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