Cianuro en Gotas 59

La inenarrable tragedia sufrida por los familiares de Mónica Spear, es algo que a diario experimentan numerosas familias venezolanas. Sin notoriedad, sin cobertura ni manipulaciones mediáticas, cada jornada muchos padres tienen que enterrar a sus hijos como consecuencia de la acción de hampa. En muchos de esos casos, sobre todo los que ocurren en los barrios populares, esos padres saben quién asesinó a su muchacho y tampoco ignoran que el crimen quedará impune. Porque la realidad es que a diario hay numerosos asesinatos precisamente por la impunidad. Varios de los implicados en el mediáticamente célebre crimen de Mónica Spear tienen en su prontuario muchos otros homicidios y, no obstante, no sólo estaban en libertad sino que fueron capturados con vida, para garantizar que reincidirán en el delito, dentro o fuera de la cárcel.

Prácticamente todo lo que se hace en materia antidelictiva es parte de la política pajúa trazada por Tareck el Aissami y sus pajúos. Los resultados están a la vista. Hay un criterio de tolerancia y comprensión hacia el hampón, de respeto a derechos humanos de seres que son todo menos humanos. El hampón no es pobre ni excluido. Es rico y más bien él excluye a los pobres, que son sus víctimas. Cada delincuente, aun los de bajo nivel, ganan enormes sumas, que luego dilapidan en drogas, caña y bonches. Pero perciben muchísimo más, varias veces más, de lo que honradamente obtiene, por ejemplo, un buen profesional o un obrero altamente especializado. Es verdad que el malandro generalmente vive en barrios, pero no es por pobreza, sino porque allí está seguro, pues no entra la policía. La realidad es que la podredumbre de las instituciones, la corrupción, genera el clima de inseguridad, magnificado por los medios a partir de hechos reales e innegables. A eso se agrega el soporte "ideológico" de esos canallas defensores de derechos humanos de criminales o las políticas trazadas por los criminólogos de la patota hamponil del Tareck.

Una buena noticia, aunque muy parcial, fue la botada de Soraya al Achkar de la Universidad de la Seguridad. Esa señora es responsable de la pérdida de eficacia de la Policía Nacional Bolivariana. El pésimo entrenamiento que reciben esos funcionarios quedó evidenciado en aquel difundido video de unos policías haciendo disparos al aire en Aragua, donde no se mataron entre sí de pura suerte. Por ignorancia, por no haberles enseñado a disparar con seguridad, esos muchachos se cruzaban en las líneas de fuego de sus compañeros. Ahora la Soraya y sus cómplices quieren hundir a esos pobres jóvenes, cuya conducta es reprensible, pero no merecedora de las largas penas de prisión que esa corrupta quiere clavarles, simplemente poirque la dejaron desnuda como inepta, incapaz, pésima profesora y peor organizadora. La Soraya, en la práctica, era la máxima autoridad de la PNB. Funcionarios de ese cuerpo señalan que a ellos lo único que les enseñaron fue que un transformista tiene los mismos derechos humanos que cualquier otro ciudadano. La realidad es que quien no sepa eso antes de entrar a ese peculiar "universidad de la seguridad" simplemente no lo aprenderá jamás. Ahora la Soraya irá a intrigar y sabotear, lo único que sabe hacer, al Ministerio de Educación. Desde ya está afilando el serrucho.

La gran noticia económica y política de 2013 pasó casi por debajo de la mesa en los medios. Venezuela le vende a Estados Unidos poco más de 700 mil barriles diarios de petróleo. Aunque la cifra sigue siendo alta y seguramente bajará algo más en los próximos años, es un gran éxito en la política de exportaciones de Pdvsa. Cuando Chávez llegó a Miraflores, Venezuela colocaba dos tercios de su producción petrolera en Estados Unidos. Eran más de dos millones de barriles diarios. Una política criminal de los delincuentes que manejaban la principal industria nacional -que para entonces de nacional tenía muy poco-, hacía que se dependiera de un solo cliente, lo que es algo suicida tratándose de una gran compañía o de una pequeña bodega. Simplemente es de ineptos tener un solo cliente que representa dos tercios de tus ventas, pues si ese cliente se molesta, quiebra o lo que sea, el vendedor va también a la ruina. No es sólo un problema político, es de sana gerencia, diversificar los mercados. Ya hoy, incluso sin ulteriores reducciones, si EEUU decide no comprarle petróleo a Venezuela o, a la inversa, si decidimos no suministrarle energía al Imperio, las consecuencias económicas serían nulas, pues a Venezuela le sobran compradores para esos 700 mil barriles diarios.

Un buen ejemplo de lo que no debe hacerse en materia de seguridad lo da la loquita que hace de rectora de la UCV. En esa casa de estudios, donde se dilapidan millones en pagar vigilantes desarmados, que aunque tengan la mejor voluntad nada pueden hacer contra el hampa, la "solución" es impedir a los ciudadanos el acceso a la misma. Los dueños de la universidad, es decir, los venezolanos con cuyo dinero se sostiene, pronto no podrán ingresar allí. Se trata de un buen ejemplo de cómo los politiqueros -y Cecilia García Márquez, alias Cecilia García Arocha no es sino una despreciable politiquera- tratan de fingir que están haciendo algo contra la inseguridad. La salida al problema no es prohibir accesos ni encerrarse en casa, sino vigilar eficientemente, capturar y encerrar (o enterrar) hampones.

Finalizando 2013, el gobierno se anotó valiosos puntos en la opinión pública con los operativos -porque eso fueron, sólo operativos- contra la especulación. Arranca 2014 y vemos que no hay la menor continuidad política. Por el contrario, se aprecia la sensible salida de Eduardo Samán como funcionario encargado de defender a los consumidores, tarea que realizó con eficiencia, a pesar del constante sabotaje y las intrigas de Alejandro Fleming. A pesar de que estuvieron muy bien las acciones contra especuladores, la realidad es que esencialmente no eran sino aguaje ¿Dónde están presos los comerciantes ladrones? ¿Cuántos están en prisión? ¿Qué negocios fueron definitivamente cerrados? La situación es desconsoladora y ya los comerciantes lo saben: no pueden hacer nada contra ellos. Una lista de influyentes funcionarios, encabezados por Tareck el Aissami y la fiscal Luisa Ortega Díaz, promovieron una reforma del COPP que establece la impunidad para la mayoría de los delitos. Se aprobó una ley penal contra la especulación, pero el COPP deja sin pena corporal (cárcel) a quienes perpetran delitos cuya pena es inferior a cinco años. Así que, toda la lucha antiespeculación es eso, un aguaje más.

Aunque parezca increíble, esa criminal reforma del COPP que deja sin castigo efectivo a la inmensa mayoría de los delitos, se hizo pensando no en la defensa de la sociedad, sino en reducir el hacinamiento carcelario. En lugar de construir todas las cárceles necesarias, las suficientes para que quepan en ella los no menos de cien mil hampones profesionales que tienen que estar tras las rejas, prefieren poner en peligro a todos los ciudadanos echando esas basuras a la calle. Todo lo que se haga en materia antidelictiva que no contemple encerrar o enterrar a los hampones, es un simple aguaje, una pajudez. Ahora, con mayor énfasis incluso que el que se puso en la Gran Misión Vivienda Venezuela, hay que crear una gran misión para construir cárceles que sustituyan a los actuales infiernos y que permitan que su control esté en manos del Estado y no de los pranes.

Una de las numerosas pendejadas que dijo Luisa Ortega Díaz en su memoria fue que en 2013 se inutilizaron más de 13 mil armas. El problema es que no se inutilizó al hampón que las empuña. El Estado, impulsado por los pajúos del Tareck, simplemente destruyó evidencias criminalísticas. Pistolas que se usaron para cometer asesinatos fueron destruidas, sin hacerle las pruebas correspondientes y sin que se sepa quién era su dueño y para qué la utilizó. Es pura demagogia y una demostración de estilo pequeñoburgués. Como se sabe, los pequeñoburgueses siempre prescinden de la persona, del ser humano. El problema es el arma, no el asesino. Son pendejos que si la mujer les cornea en un sofá, la solución es vender el sofá. Para ellos, por lo visto, la culpa de la muerte de Mónica Spear no la tiene El Manchas y sus cómplices, sino las pistolas empleadas en el homicidio. Y lo terrible es que la vida de los ciudadanos está en manos de esos desaprensivos, demagogos y farsantes.


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Alberto Nolia


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