Para salir de abajo enrósquese

Es frecuente entre los Presidentes de la Venezuela de siempre su capacidad para negar la realidad. (Excepción el Comandante Chávez) Al igual que los maridos engañados, son los últimos en enterarse de los graves problemas nacionales y de los movimientos subversivos que intentan derrocarlos. El poder abruma, el poder angustia. El hombre, mientras más poderoso es, más sólo está. Cada vez que habla, cada vez que piensa, cada vez que ordena, asume una terrible responsabilidad. Y es la responsabilidad la mayor carga que constriñe al hombre. Por eso prefiere ignorar, o enterarse de las cosas poco a poco, y no muy seguidas.

Es impolítico y contraproducente, pero no me van a negar ustedes que muy humano y comprensible Los dictadores, sólo atienden y en grado superlativo a los asuntos intrínsecamente relacionados con el poder; los gobernantes democráticos, confiados en la legitimidad de su mandato, ni siquiera a eso le hacen mayor caso.

A diferencia de Guzmán Blanco, quien decía: Yo no necesito ministros que piensen, sino ministros secretarios que ejecuten mis órdenes. Aquí en Venezuela, el único que piensa soy yo.

Por eso prefieren a los ministros y funcionarios optimistas: Todo marcha estupendamente, señor Presidente. No tiene usted por qué preocuparse. Esos son cuatro resentidos sin importancia. El pueblo está contento. Si usted oyese lo que dicen de usted

Ahí tienen ustedes Al Presidente no le gusta que lo importunen con problemassi quieren mantener su favor. De modo, amigo, que escuche: si usted tiene ambiciones políticas y quiere progresar, siga este consejo. No sea portador de malas nuevas.

Las sociedades de mutuo auxilio desde la conquista hasta nuestros días se han salido siempre con la suya a despecho de los intereses del pueblo. Igual sucedió con los hijos de los conquistadores; con los aventureros españoles que vinieron luego; con el mantuanaje que surgió de la unión de éstos con los primeros. La Acción de unos determinó como reacción el enroscamiento de otros. Si hubo roscas patricias, hubo roscas plebeyas. Si hubo la de los libertadores, vino la de los libertados. Más tarde serían la de los partidos, la de los andinos, la de los inmigrantes, la de los provincianos en Caracas, la de los caraqueños en provincia.

Si usted quiere salir de abajo, mi amigo, no le queda más camino que enroscarse.

Si queremos hacer algo y salir adelante, debemos hacer una rosca. Ustedes dos son bien vistos por la izquierda boliburguesa, por los rojo-rojitos y por la derecha; tú, por el partido azul; y yo, por el de la Mafia amarilla. Lo que interesa es llegar y aquí todo el mundo está enroscado.

Y a despecho de los intereses colectivos, las roscas, bandas o sociedades de mutuo auxilio, desde los primeros tiempos de la Colonia hasta nuestros días, velan casi exclusivamente por los intereses del grupo. Los intereses de la rosca nada tienen que ver con afinidades ideológicas, intelectuales o de cualquier otro orden. Tienen hasta la ventaja de su inmenso mimetismo. Si hay que hablar con el gobierno o con la oposición, siempre habrá uno, o más, que por su pública simpatía con la causa revolucionaria sabrá sacar el mejor provecho. Las roscas, antes que células de un solo organismo vivo, son moléculas autónomas que nada tienen que ver con la totalidad. Por eso no puede extrañarnos la incoherencia que casi desde el principio caracteriza a la sociedad venezolana. ¿Quiere usted salir adelante? Pues enrósquese. ¿Qué no quiere hacerlo? Pues aguante sereno y callado, que a lo mejor algún día será.

Escribía el Archipreste de Hita: Poderoso caballero es don dinero

La gente de entonces, como la de ahora, identificaba el Paraíso o la felicidad con el dinero. De modo que cuando Cristóforo Colón, visionario medieval y un poco gagá, al llegar a Venezuela la confunde con el Paraíso Terrenal, no le preocupa tanto que las bocas del Orinoco puedan ser el Tigris o el Éufrates, sino en el montón de dinero que por allí se encuentra. Así surge el mito de El Dorado. No fue una mentira urdida por los indios como nos lo han hecho creer, sino por los mismos europeos comprimidos por las leyendas del Paraíso perdido. Los indios lo que hicieron fue ponerle música a una letra que no era de ellos.

Isaías Medina Angarita (un Presidente demócrata) fue sordo y ciego ante la conspiración de adecos y militares en 1945, a pesar de las innumerables advertencias recibidas por parte de sus colaboradores.

Si yo fuera Presidente, tendría a mi cargo diez amigos de closets, como se dice ahora, ajenos a la administración y a las líneas partidistas, para que me informasen exclusivamente de los aspectos negativos de mi gobierno.

¡ChávezVive, laLuchasigue!

¡Patria, SocialismooMuerte!

¡Venceremos!



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Manuel Taibo


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