Debatimos como revolucionarios o sepultamos la esperanza

Crítica, autocrítica e irreverencia, escudo en defensa de la revolución

Desde el Presidente Maduro como jefe máximo del Ejecutivo Nacional, hasta el último servidor público; y desde máximo representante del PSUV hasta el activista de base de una UVCH deben estar abiertos con humildad a la crítica, practicar la autocrítica y actuar con irreverencia en defensa de los más desposeídos en el marco de la lucha de clases, cualquier accionar en contrario no solo abre caminos a la restauración y al reformismo, sino que se avanza peligrosamente hacia la derecha.

No debe estar planteado despachar la crítica con cualquier frase peyorativa, como por ejemplo “pasguatadas”, para desmontar indebidamente el contenido de la crítica sin una sabia base argumental; tampoco se puede aceptar la persecución a los críticos o actuar con revanchismo sin debatir sus observaciones, aislándoles con la fuerza y ventajas del poder ejercido por el Estado burgues.

La crítica es un proceso con un objetivo claramente definido: Lograr la rectificación del criticado; por lo tanto, es recomendable analizar en frio las críticas y no responder reactivamente y de inmediato sin procesar con sabiduría el contenido de la crítica, aun cuando se tenga evidencia de que la crítica en un momento determinado pueda tener algún fin oscuro e inconfesable.

En la aspiración al sagrado título de revolucionario, tendrá más futuro el que agradece y procesa sabiamente la crítica, que aquel que prefiere el halago de los hipócritas, no es el momento de aislar y perseguir a los camaradas que hacen criticas al proceso, es el momento de debatir con franqueza sus observaciones; ellos encarnan la crítica, la autocrítica y la irreverencia como escudo de defensa de la revolución; o debatimos como revolucionarios o sepultamos la esperanza del pueblo, tengamos humildad para reconocer nuestros errores, ello no es muestra de debilidad; revisemos, cuántas veces el Comandante Chávez reconoció públicamente el haberse equivocado, actitud que jamás quebrantó su firmeza y convicción revolucionaria.

Si fallamos al planificar, estamos planificando fallar; si el Plan de la Patria tiene un gazapo, involuntario o intencional, debemos revisarlo ya que se estaría lesionando el tratado de filosofía política más relevante que se ha producido en América Latina y el Caribe, al menos en los últimos 100 años.



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Roger Lázaro


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