Picasso en el Museo de Arte Contemporáneo y los indígenas en el Museo de Ciencias

Ya comenzado el siglo XXI y a 6 años del triunfo revolucionario bolivariano nos encontramos nuevamente con un fantasma que se resiste a desvanecer sus odiosos trapos.

Hablar en terrenos de la “cultura” es siempre delicado ya que es un espacio sujeto a los subjetivismos y a las fibras profundas de las costumbres y de las creencias. Sin embargo cuando algunas prácticas afectan la vida de muchos y cuando algunas visiones aun nefastas y excluyentes parecen perpetuarse en nuestras prácticas institucionales, hay que dejar impresas algunas palabras.

El Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (hasta ahí) reabrió sus espacios después de más de año cerrado por el siniestro ocurrido a la torre este de Parque Central y la exposición que lo engalana es:…adivinen….!!Picasso¡¡ sí, Picasso otra vez, como si aquí no estuviera pasando nada. Volvemos a mostrar como en rito vencido la Suite Vollard. Claro, quién va a cuestionar al gran Picasso, quién a estas alturas se atrevería a dudar de la magia de su mano y de sus ojos, quién dirá que no ha influido a generaciones completas de seres humanos. Incluso entendemos que por razones de seguridad a las instalaciones del MACC sólo se permita exponer las colecciones (esto suena a buena excusa).

El Museo de Ciencias de Caracas para conmemorar 2 años de la declaración del 12 de octubre como día de la resistencia indígena ofrece una salita calurosa y de sobre piso crujiente a los idiomas indígenas, no a todos, a unos cuantos. No conseguimos ningún catálogo, sólo una postal impresa en fotocopia láser.

Sin ánimos de sonar chauvinista o xenófobo no deja de sorprendernos: Picasso en el Museo de Arte Contemporáneo y nuestras culturas indígenas en el Museo de Ciencias. Qué será lo que se esconde no tan ingenuamente en esta división. Será que seguimos alabando ciegamente y sin cuestionamientos las producciones culturales de Europa y seguimos mirando a los indígenas como los “otros” y no como parte esencial de nuestra idiosincrasia, historia y nacionalidad.

Es realmente lamentable seguir viendo estas divisiones, es realmente triste ver que las instituciones culturales que deberían estar dando respuestas a las nuevas necesidades que genera un país en revolución, se mantenga aislada de las expresiones que emergen y se perpetúen en la masturbación mental-espiritual que produce la fetichización objetual caduca de la cultura burguesa.

Al parecer esto no es primera vez que sucede. Hace ya tiempo Aquiles Nazoa llamaba la atención acerca de una exposición de arte africano que fue exhibida en el museo de ciencias y no en el de Bellas Artes. Los grandes valores artísticos para acá y los “otros” para allá, no confundamos las cosas. Así parece hablar la lógica “institucionalera”.

En el camino hacia el socialismo del siglo XXI nos esperan muchos peñascos y farallones, pero sólo una nueva sensibilidad humana y social nos permitirá levantarnos de nuevo. Las viejas castas culturosas que montaron un aparato institucional a la medida de sus prejuicios e intereses campean a sus anchas. Mientras el Museo de Bellas Artes firma convenios con la Exxon Mobil, Elvis Crespo inaugura el Festival de la Juventud y los Estudiantes, el Alcalde Mayor contrata a Osmel Sousa para que organice los carnavales, el MACC sigue ensalzando a las viejas glorias de Europa y profundizando en la fetichización burguesa. Por esta vía pudiéramos ver dentro de poco una estatua de Walt Disney en lugar de Maríalionza. Esperemos que las cosas no lleguen a tanto.

La realidad exige una reflexión profunda, una reflexión colectiva que erradique las prácticas perversas que aun sobreviven cercanas a las artes y lo que llamamos cultura. Esta reflexión colectiva y profunda puede llamarse constituyente cultural.

En la revolución las artes deben ir al frente, proponiendo nuevos modelos, nuevos puntos de vista y explorando nuevos espacios del espíritu y de las calles, pero para que eso suceda necesitamos unificar las energías de los creadores, necesitamos contar con los espacios y los recursos de las instituciones y la redistribución y la fuerza de la unidad y el compromiso.

Cuando logremos vernos a nosotros mismos como una continuidad histórica y aceptemos todos los componentes que hacen nuestro cosmos cultural, habremos dado un verdadero salto adelante. La guerra de cuarta generación comienza por destruir los espíritus y minar las ideas, es por eso que la trinchera cultural es quizá una de las más importantes en nuetra batalla de hoy.

lamanchax@yahoo.com


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Oscar Sotillo

Dirigente de los Círculos Bolivarianos, comunicador alternativo, Director del periódico La Voz del Valle

 lavozdelvalle2@yahoo.es

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