Discutamos acerca del Socialismo del Siglo XXI

Frescas están en mi memoria las palabras de un compañero de luchas, que a finales de los años setenta me decía: el socialismo fue una quimera, he quemado todos mis libros. Años después observo que las mismas causas que impulsaron la caída del socialismo en la Europa Oriental, han conducido al amigo en cuestión, a militar en lo que hoy se conoce como Oposición Púrpura. No es un farsante el pobre diablo, es una víctima que no pudo soportar la arremetida de un imperio que desarrolló la estrategia publicitaria más grande que haya visto la humanidad para acabar con lo poco que quedó de conciencia socialista en el mundo, tras la caída del muro de Berlín.

El sectarismo, la acumulación y defensa de privilegios, la corrupción moral e ideológica y la falta de solidaridad hicieron el trabajo que supuestamente tenía que hacer el enemigo y éste no dejó pasar la oportunidad.

En Latinoamérica, quienes nos formamos políticamente dentro de la militancia solidaria y en las luchas contra la explotación, vivimos años de aislamiento político; aunque justo es reconocer que una buena parte de la militancia transitó la ruta de la indefinición ideológica. El avance del neoliberalismo y la imposición mediática de las ideas que el Papa definió como Capitalismo Salvaje, nos fueron arrinconando y convirtiendo en fósiles expresiones como imperialismo y explotación.

Treinta años después, en esta Latinoamérica nuestra, las cosas cambian… y a que ritmo. Tal y como sucediera hace 200 años, desde Venezuela se siembra de esperanzas el vientre latinoamericano. Hugo Chávez ha rescatado en su pueblo la conciencia solidaria, ha despertado el patriotismo y ha lanzado al mundo un mensaje que crece como la espuma: la solución es el Socialismo del Siglo XXI.
Necesario es, sin embargo, que profundicemos la discusión sobre el tema; pues sería un error de consecuencias devastadoras que hiciéramos del Socialismo del Siglo XXI una simple consigna.

Como aporte a la discusión y sin pretensiones de erudito, intentaré escribir una serie de notas como ésta, en las cuales habré de expresar algunas ideas que bien pudieran servir de punto de partida a la necesaria e impostergable confrontación de ideas.

La propiedad privada es quizás el mejor punto de partida para este trabajo, pues es un dogma del capitalismo y el principal objetivo a abolir del socialismo del siglo pasado. Fue precisamente la interpretación literal que se hizo de los textos marxistas, sobre la propiedad privada de los medios de producción; lo que desde mi punto de vista atentó contra la eficiencia del Estado, y allanó el terreno para el fracaso de la experiencia.

La abolición de la propiedad privada de los medios de producción no puede significar que el Estado, en representación del pueblo, tenga que hacerse dueño de las viviendas, de los vehículos, de las fábricas de pantaletas y de las ventas de limonada. Esto lo convierte en un Estado infuncional e incontrolable donde la corrupción y la ineficiencia ganarían espacios rápidamente.

De lo que sí tiene que apropiarse, para el beneficio del colectivo, es de los bienes comunes de una nación como lo son las riquezas del subsuelo, las minas, los ríos, los mares, los lagos y la tierra. De igual manera, el Estado tiene que orientar sus recursos a fortalecer la propiedad colectiva en lugar de soportar económicamente el la propiedad privada, como han impuesto los grupos económicos de poder a la mayoría de los estados.

El presidente Chávez, después de seis años en el ejercicio del poder, tiene bastante claro esta línea de acción y ahora impulsa las cooperativas, las empresas de producción social y la cogestión en lugar de dar créditos a particulares para que se enriquecieran con los recursos del Estado y el trabajo de algunos compatriotas humildes.

Debería el Estado venezolano, de acuerdo a estos fundamentos, apropiarse de todas las tierras del país y crear una gran corporación que se encargara de la planificación, el desarrollo, la explotación, el procesamiento y la comercialización de todos los productos agropecuarios a producir en el país. En otras palabras, una Pdvsa agrícola bajo el control del Estado. Esa acción significaría que las tierras que son de todos, sean explotadas para satisfacer las necesidades del colectivo, quien a su vez se beneficiaría de la renta generada por un bien común.

Esto, sin embargo, generaría un conflicto que debe ser "administrado", pues en medio de un mundo aún dominado por grandes corporaciones privadas que llegan a tener sus propios imperios, como es el caso de EEUU, debe actuarse con cautela y tener terreno firme ante cada paso con el que se pretenda avanzar.

Necesario es acabar con el latifundio e impulsar la producción a través de grupos organizados, brindándoles apoyo tecnológico y económico; pero más temprano que tarde habrá que resolver la contradicción representada por la explotación de un bien colectivo, en beneficio particular de un grupo reducido de particulares. Esto, sin embargo, son estadios superiores de los que habrá que ocuparse una vez resueltos los otros problemas de la sociedad.


arellanoa2004@hotmail.com


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Alexis Arellano


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