Crónica venezolana 3

"No hay hombres"

Esta frase la escuché con insistencia por primera vez en Panamá. Pero ahora se repite con la misma o mayor insistencia en Venezuela. ¿Qué significado tiene exactamente?

 

Hay hombres que dicen que “tocan” 7 mujeres por cada hombre. Otros que 9. Los más moderados dicen que “sólo” es el doble de mujeres. Pero, en cualquier caso, casi todos los hombres de aquí están convencidos de que pueden elegir a su gusto a las mujeres porque la ley de la oferta y la demanda les beneficia enormemente.

 

Así pues existe la idea de que se pueden tener relaciones multipersonales de un hombre con varias mujeres a la vez, sin que eso sea más que el tipo de relación normal que corresponde, dado el exceso de mujeres y la falta de hombres. Pero eso, que tuviera algún sentido quizás si el hombre no tiene una pareja estable, se traslada y alarga a la etapa en que hombre y mujer deciden constituir una familia, relacionarse establemente y amarse sexualmente de forma exclusiva. Pues aunque las canciones latinas tradicionales prometen eso y mucho más, un amor infinito e idílico, la realidad es que no. El hombre sigue buscando otras relaciones fuera del matrimonio. Como hay exceso de mujeres...Por supuesto, donde las dan las toman, y eso también ocurre con la mujer, pero en menor medida o como reacción a lo primero. Sólo que el hombre ve muy mal que la mujer pueda hacer lo mismo.

 

¿Y cómo interpretan las mujeres la frase? Pues no en el mismo sentido. Cuando una mujer dice que faltan hombres, añade inmediatamente...”responsables”, “hombres seguros, fiables”. Ellas dicen que los hombres no tienen constancia para una relación de fidelidad con la pareja. Los hombres “se cansan” de tener la misma relación. Las mujeres se quejan en particular de los hombres jóvenes. “Los carajitos no se hacen responsables de nada”. Son muy poco fiables, aunque puedan ser muy buenos en la cama. Por ello muchas mujeres jóvenes buscan una relación estable con hombres mayores que ellas, porque les ofrece más seguridad.

 

En Panamá capital entré en uno de mayores prostíbulos, creo recordar que se llama Micasa o algo así. Trabajan en él unas cien mujeres, de las cuales unas 70 son colombianas y las demás dominicanas. Quería saber un poco de ese mundo. La chica que “me atendió” era domicana. Se sentó en mis piernas y me empezó a hablar. En primer lugar a proponer que la invitara a cerveza o una copa. Pero a pesar de todos sus sensuales movimientos y roces, conseguí tener una conversación no sexual con ella. Era una negra gordita y bonita de 34 años. Era madre soltera y tenía una hija de 6 años que había dejado con su madre en su país. Necesitaba dinero para alimentar y cuidar su familia y una prima que ya trabajaba en el prostíbulo la invitó a que fuera. Llevaba año y medio y su objetivo era salir de esa profesión y encontrar un trabajo digno, pero la falta de legalización de los papeles de residencia se lo hacían imposible. Una historia casi similar a la que podrían explicar todas las chicas del salón.

 

Una de las cosas que me dijo es que los hombres que frecuentaban el prostíbulo, casi todos jóvenes como pude comprobar, bebían mucho, muchísimo. Que no se podía confiar en ellos. Uno le había ofrecido formar pareja y “sacarla de la mala vida”. Y lo probó. Pero al cabo de unas pocas semanas el muchacho la abandonó y ella tuvo que volver a la prostitución. Pero además tuvo que aguantar ver a ese joven volviendo a beber y emborracharse en el mismo local donde ella lo conoció. “No hay hombres”, me dijo.

 

Y en verdad los hombres tenemos que reflexionar. Muchos, muchísimos hombres consideran que la mujer es un objeto para la diversión del hombre. La prostitución es algo considerado como “normal” para un hombre que no tiene pareja ni una amiga con quien acostarse. Es la evacuación de una necesidad fisiológica. Y punto. Y parece que lo que importa es las curvas, los pechos y el culo que presenta el modelo que elijamos. ¿Hablar con ella? ¡Para qué! Y es verdad. Un compañero revolucionario que creo es feliz con su matrimonio me decía ayer que hablar con una prostituta no tiene ningún sentido porque ellas a lo que van es a dar otro servicio. “Entonces te contestarán lo que quieras oir y punto”. Es así. Y es natural que sea así. Ellas van a sacar un dinero por el servicio que les piden los hombres, que no es otro que el de su vagina.

 

Pero yo prefiero las relaciones humanas a las relaciones comerciales, ¡qué le vamos a hacer!. Y como creo que hombres y mujeres no somos iguales pero sí tenemos iguales derechos, por eso mismo creo que debemos lograr un entendimiento sincero y leal entre hombres y mujeres.Un entendimiento que tiene que estar basado en la realidad de cada uno, de cada persona, que es diferente a las demás y que incluya la relación sexual de manera natural, gozosa y libre de prejuicios. Creo que los hombres tenemos que cambiar nuestro “chip” sobre la masculinidad. Necesitamos encontrar una masculinidad no patriarcal, no machista, no de creernos superiores a las mujeres. Tenemos mucho que aprender de ellas. Cuanto antes aprendamos, mejor para nosotros, más inteligentes y felices seremos. Y lo seremos todos y todas.

 

En fin, no creo que “no hay hombres”, pero sí que los patrones, los roles que nos asigna este tipo de sociedad capitalista, consumista, patriarcal, nos impiden desarrollarnos como auténticos hombres y mujeres, de manera libre, franca, abierta. Los temores, la represión moral, el papel de la religión para mantener el hipócrita orden social actual, aún impiden que hagamos de este mundo, de nuestro querido planeta Tierra, un paraíso.

 

El “dios” que nos expulsó del paraíso empezó por señalar y establecer la diferencia entre hombre y mujer y dar una supuesta superioridad al hombre.

Esa es la moral que hoy aprovecha el sistema capitalista (y antes todas las demás civilizaciones) para mantener la opresión del hombre sobre la mujer. La sociedad latinoamericana es bastante religiosa, cree mucho en un Dios todopoderoso y amantísimo. Pero no se pregunta cómo es posible que bajo ese tipo de moral que impregna la sociedad en realidad ésta sea tan machista. ¿Será porque el papel de la religión es el esclavitud moral del pueblo y en particular de la mujer, como ya utilizaron los conquistadores? ¿Cómo es posible que la Iglesia permita, y no de ahora que se ha descubierto sino desde siempre, la pedofilia, la relación frozada entre el mismo sexo porque no permite la relación libre entre hombre y mujer?¿No será que la represión sexual que predica la Iglesia es una poderosa arma de dominio y división del pueblo, empezando por dividir una mitad de otra? Y como no es posible luchar contra las fuerzas de la naturaleza, contra la atracción y necesidad sexual, la hipocresía y la mentira se convierten en el pan de cada día, en el discurso de “lo políticamente correcto”. Hay que reflexionar desapasionadamente sobre ello, humanamente. Nuestro paraiso está en la tierra, en nuestra vida, en nuestra sociedad.

 

La mujer venezolana ha avanzado mucho en pocos años, en el transcurso de la revolución bolivariana. Chávez contribuyó personalmente mucho a ello.Ella ya sabe de sus derechos. Ya los reclama y ejerce, enfrentándose al varón machista. Pero aún falta mucho por hacer. Sobre todo los hombres necesitamos ahora reflexionar y cambiar. Para construir el socialismo tenemos que desmontar pieza a pieza toda esa represión e hipocresía. Necesitamos la igualdad completa entre hombre y mujer. Si la mujer no se incorpora plenamente, con todos sus derechos, con igualdad, la revolución fracasará. Y para ello necesitamos de hombres y mujeres, que trabajemos juntos, que confiemos, que nos digamos la verdad cara a cara sin ruborizarnos, que seamos, en ese sentido y otros, realmente fieles, fiables. Hagamos hombres de verdad. Pongamos en pié una nueva masculinidad verdaderamente revolucionaria.

A.B.



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Alfons Bech

Militante obrero, y revolucionario marxista. Miembro de de la CCOO, la federación sindical más grande de España. Activista político de L?Aurora y EUiA.

 albech12@gmail.com      @alfonsbech

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