Alternativas al Capitalismo. Un llamado de atención a nuestro modo de vida

Recientemente se encuentra en boga el tema de las alternativas al modelo desarrollista que se ejerce en el mundo entero. Sin duda, este es uno de los puntos -a mi parecer- más importantes que cada gobierno debe tomar y analizar a profundidad, no recaer en el desgastado discurso del mañana, del futuro, de las próximas generaciones, sin tomar en cuenta realmente los factores que van a determinar esas vidas próximas, no tan lejanas. En este sentido, quiero hacer un aporte a los numerosos artículos, trabajos, investigaciones que se han suscitado en torno al tema. Son cada vez más y más los expertos que se unen a las causas ambientalistas y son cada vez más las pruebas que demuestran al mundo entero que estamos ante una inminente bomba de tiempo si continuamos con este estilo de vida consumista en el que todas y todos nos encontramos.

De manera automática la sociedad nos va empujando cual embudo hacia un modelo de vida en el que predomina el consumo. Cada persona forma parte de una riqueza comercial propia que se valora en el mercado o se cotiza en mayor o menor medida según los bienes que ésta posea, es decir, que no somos dueños de los productos, somos también: productos de la sociedad capitalista en tanto que somos valorados de forma mercantil no así espiritual. Hoy en día, el valor de una persona se mide no por su espiritualidad y valores (entiéndase “valores” en un sentido ético, moralista), sino por la cantidad de bienes materiales (en la mayoría de los casos obsoletos), que posee. De lo cual se infiere que, no importa cuán desalmada sea una persona siempre que tenga en el banco suficientes dígitos en su cuenta que puedan pagar por ella una valoración dentro de la sociedad que la haga realmente una “buena persona”. Ejemplos hay muchísimos para ilustrar este punto, pero no quiero detenerme en ellos.

Lo que realmente me interesa es tratar de exponer de algún modo la importancia del tema del consumismo en la actualidad, del consumir de manera inútil cada vez con más desaforo sin sopesar los daños que con este estilo de vida estamos causando. El tema, amiga(o) lector, es más delicado de lo que parece, tanto, que de continuar así y no tomar medidas por mitigar los daños, vamos inexorablemente enrumbados a una debacle planetaria que sumiría a la humanidad en los -no tan lejanos- próximos 50 años. Sí, así de importante es la cosa y es por ello que, en mi condición de estudiante ambientalista e interesado en esta temática, asumo pues la postura, el compromiso, digámoslo de esta manera, de hacer un llamado a la conciencia a quienes quieran indagar en esto y reconocerse a sí mismos no solo como los causantes del detrimento ambiental en el que estamos nadando, sino también como los individuos capaces de ir revirtiendo estos efectos de manera progresiva, es decir, como mitigadores. Sin embargo, la cosa va más allá del cambio de conciencia que, como individuos podamos ejercer. Es importante este cambio, sí, pero es fundamental que se fusionen las acciones individuales y emerjan de manera colectiva para poder llevar a cabo verdaderamente las transformaciones necesarias dentro de nuestra sociedad. Es por ello que someramente les asomo la idea de tres acciones fundamentales que sirven como eslabones a una cadena que tiene un nombre muy particular y la cual -aunque no lo parezca- está cada vez más desgastada: Capitalismo...

Extractivismo, Neoextractivismo y Post-extractivismo.

El ser humano, en su condición de ser vivo con capacidad de raciocinio, ha hecho del planeta y sus recursos naturales lo que ha querido, por así decirlo. A través del Extractivismo salvaje ha moldeado las economías y sistemas gubernamentales y de poder, de las naciones del mundo entero. Tiene a su disposición recursos, que él (género humano) no creó y los utiliza para su “beneficio” (entre comillas dado que el beneficio se entiende en este punto como el aumento desmesurado del capital), no así como un beneficio en el sentido utilitario de las cosas. Pero, ¿qué es el Extractivismo? Para entenderlo en una tónica bastante práctica, es menester aludir a la fragmentación del término en sí mismo, entonces tenemos que es una suerte de actividad de extracción ó extractiva recurrente (el lector puede profundizar en el tema a través del libro “Más allá del Desarrollo” ó “Alternativas al Capitalismo”, ambos del grupo de investigación Rosa Luxemburg, Ediciones CELARG). Por lo tanto, es la actividad que ha permitido a los países -especialmente aquellos autodenominados “desarrollados”- trabajar cada vez más por el detrimento de la Pachamama, irónicamente a esto le llaman: Desarrollo.

Sin intención de dar un cariz sarcástico sino lo más real y objetivo posible, me gustaría hacer mención y resaltar que la explotación masiva con la que las economías actuales han mantenido la base de sus gobiernos, es la misma que está destruyendo de manera inconsciente a justamente quien les da esos recursos: la Madre Tierra, es por ello que el llamado a tomar posturas definitivas en contra de este flagelo que carcome el seno de la vida, es imperante a toda costa. Surge entonces desde diferentes puntos de vista, el tema del Extractivismo en sus variaciones investigativas.

La manutención de los gobiernos y las economías del mundo recaen de manera directa en esa gran bolsa de recursos naturales (¿ases bajo las mangas ó mangos bajitos?), los cuales han estado allí para el género humano desde tiempos inmemoriales, es decir, desde antes de poder ser explotados de manera masiva, ¿irónico verdad?, pero así es, así ha sido y, si continuamos con este estilo de vida que llevamos, continuará así. Nada alentador el panorama entonces para esas tan nombradas “próximas generaciones” de las que tanto eco se hacen en sus discursos los gobiernos neoliberales y, en menor medida, los gobiernos progresistas o de izquierda. De un lado, los gobiernos -repito- neoliberales (netamente capitalistas), asumen el extractivismo como una fuente de desarrollo, de crecimiento, de poder, de grandes ingresos (sí, de grandes ingresos monetarios claro está), para el correcto funcionamiento de sus economías, en “pro” de sus naciones, de sus “pueblos” como si dicha actividad fuera realmente una fuente inagotable de recursos. Del otro lado, los gobiernos progresistas o de izquierda, en menor medida en tanto que la sábana del capitalismo envuelve a gran parte de la humanidad (no vamos a negar ese hecho), asumen también la postura de la extracción masiva de minerales, como una de las actividades de mayor renta en cuanto al levantamiento necesario de sus economías y la manutención de las mismas; craso error.

Hay innumerables estudios de investigación hechos por especialistas alrededor del mundo, desde diferentes ángulos, desde distintos puntos del globo terráqueo, con perspectivas seguramente muy diferentes entre cada uno de estos que, sin embargo, apuntan a resultados similares en cuanto al tema: la destrucción de nuestro planeta es inminente en tanto que las naciones no se aboquen a modelar ese estilo de vida consumista en el que las tiene sumergidas el capitalismo salvaje. Inconsciente y conscientemente somos culpables de este hecho (somos tan culpables por acción como por omisión). Ya en el mismo momento en el que venimos al mundo entramos en un círculo vicioso del que difícilmente, por infinidad de factores a considerar, podemos salir. Nuestros progenitores se encargan de incluirnos en este estilo de vida, no nos preguntan, no nos consultan, simplemente nos van empujando de a poco, a través de la crianza, de las relaciones sociales y, hasta de la propia educación (¡qué ironía!), en ese círculo, en esa burbuja en la que damos vueltas y muchas veces no nos damos cuenta. No se nos enseña realmente a vivir ni a disfrutar de las cosas de la vida, de la madre tierra, de su belleza y de cómo convivir con ella, se nos enseña, por el contrario a “sobre-vivir” en un mundo en el que los estudios (es decir, los conocimientos que adquirimos a lo largo de 12 a 15 años de nuestras vidas por lo general), no educan sino que compiten. Nos enseñan que, quienes más estudian y mejores notas presentan -obviamente dentro de un sistema académico implantado desde hace años- son quienes optan a mejores condiciones de vida futuras, lo cual ya en sí denota que la calidad de vida es evaluada o calificada también por el ser humano bajo unos parámetros específicos en sociedad. Nos enseñan también que, el valor de las personas no se mide por sus cualidades espirituales sino por la cantidad de dinero y bienes materiales que posean. Que la pobreza es una cosa que cada quién se ha ganado a causa de no estudiar y no querer -como decimos en mi país- “echar pa'lante”. Y sobre todo nos enseñan que, para “ser alguien” en la vida hay que tener dinero, ¡dinero que jode! para comprar de forma desmedida las cosas que la mayoría de las veces no vamos a necesitar pero que la sociedad (el entorno en el que el individuo se desenvuelve o ¿envuelve?), se empeña en hacernos creer como “necesarias para vivir”. Es por ello que no vivimos sino que sobrevivimos, o al menos tratamos de hacerlo en esta sociedad de hoy.

Destaco el consumismo en este artículo en tanto que es el motor que hace funcionar esa maquinaria extractivista que el capitalismo, expresado a través de los gobiernos de derecha y en menor medida por aquellos progresistas o de izquierda, califican como “el neoextractivismo”, es decir, la recurrencia de dicha actividad (la extracción minera de forma masiva), en un formato de economía actual o que se ajuste al tipo de gobierno presente. Por lo general, este término viene asociado a la redistribución de los excedentes de bienes entre la empresa privada (las transnacionales), el sector industrial mixto y la maquinaria de gobierno para los proyectos que incidan en el beneficio de la “calidad de vida” -entiéndase “calidad de vida” en este punto de la misma forma que fue explicada anteriormente- de sus pueblos.

En palabras de Gudynas:

“...el neoextractivismo, a diferencia de un extractivismo anterior, que podríamos denominar como neoliberal, en este modelo, el Estado juega un papel más activo, y logra una mayor legitimación por medio de la redistribución de algunos de los excedentes por medio de políticas sociales. Sin embargo, continúan los impactos sociales y ambientales negativos. Se utiliza el rótulo de extractivismo en sentido amplio -petróleo, minería, agronegocios, etc.- para las actividades que remueven grandes volúmenes de recursos naturales, no son procesados (o lo son limitadamente), y pasan a ser exportados.”

http://www.argenpress.info/2012/11/el-neoextractivismo-en-latinoamerica-hoy.html:


En este sentido, es menester hacer un llamado entonces al planteamiento de alternativas en tanto que estamos siendo partícipes de un gobierno progresista, de izquierda. Que tiene las mejores intenciones para su pueblo, no me queda ninguna duda de ello, pero que, es dirigido por seres humanos, y, como tal, es susceptible a errores. Por lo cual es imperante formular cambios, propuestas, soluciones, o lo que es lo mismo: alternativas -al capitalismo y al modelo desarrollista, consumista-. Mi llamado con este texto sigue siendo entonces a que abramos los ojos, el pensamiento y propongamos ideas, formulemos las bases para llevar a cabo proyectos energéticos sustentables, menos contaminantes. Mitigar de alguna forma ese extractivismo salvaje que subsana nuestra economía como nación, darle respiro a nuestra Pachamama a través del cambio -sobre todo- de nuestros modos de vida en sociedad en tanto que somos seres mayoritariamente colectivos, no solo individuales. Creo firmemente que, en la conjunción de los factores está dado el cambio a futuro, pero debemos actuar ya, en la unión está la fuerza.

Pero la fuerza de las acciones viene precedida por las ideas. En este sentido, surge lo que los especialistas e investigadores han llamado como el post-extractivismo. ¿Qué haremos hoy para mejorar el mañana? En esa etapa de transición y alternativas -sobre todo energéticas- está la respuesta de esa pregunta. Ese espacio, ese escenario del futuro en base a las acciones mitigantes del extractivismo masivo que sufre el planeta es lo que se conoce como el “post-extractivismo”, es decir, si pretendemos con nuestras acciones incidir en el modelo de vida consumista que impera, entonces, ¿cómo mantener de manera viable (sostenible y sustentablemente) las economías de los países fuera de un escenario extractivista?, ¿es ello posible en caso de que tengamos éxito y logremos mitigar al menos en parte esta tendencia?, éstas y muchas interrogantes más surgen del análisis colectivo del tema. Razón por la cual debemos entonces replantearnos los conceptos, las teorías, los planteamientos e hipótesis en las que se han amparado los serios investigadores y científicos en la materia.

Por último, no podía dejar por fuera una propuesta concreta, digna de análisis, estudio y discusión en esta tónica, como lo es la del Ecosocialismo. Hay material muy bueno disponible en la red de librerías de la plataforma cultural venezolana (Librerías del Sur), específicamente de Andrés Bansart hay dos títulos complementarios en cuanto a este postulado de vida, los cuales tienen por nombre: “Ecosocialismo” y otro más reciente; “Construir el Ecosocialismo (para una ecología etnopolítica)” que vienen muy bien documentados -desde mi humilde opinión- y que recomiendo ampliamente para comenzar a ahondar en el debate. De igual forma, la Fundación Rosa Luxemburg, como ya hice mención anteriormente, ha publicado dos trabajos compilatorios con la participación de expertos internacionales en el tema ambiente-desarrollo-extractivismo y afines que, considero también de suma importancia leer y analizar sobre todo para el debate de ideas, estos son: “Más allá del Desarrollo” y “Alternativas al Capitalismo del siglo XXI”.




"Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla
mientras el género humano no la escucha".

Víctor Hugo



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Mario Araque


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