El Papa Francisco I y...¿un nuevo Concilio?

Muchas de las incógnitas que tenía respecto al tipo de pontificado que haría el Papa Francisco, han empezado a despejarse. Debo admitir que está demostrando saber leer los signos de estos tiempos al cabalgar sobre una práctica y discurso diferentes al de su predecesor, que aunque no se trate de virajes teológicos en ese contexto casi inamovible de la Santa Sede, son importantes

Al poco tiempo de haber iniciado su ejercicio papal, resintió áreas sensibles del poder encriptado dentro del catolicismo al intervenir el Instituto para las Obras de la Religión (Banco Vaticano) y sustituir a la casta sacerdotal viciada que lo ocupaba. Tal acción sin precedentes, dislocó a altos jerarcas “mercaderes del templo”, pues desde la creación de dicho banco en 1942, ha sido manejada de modo discrecional por cúpulas sacerdotales que han mantenido conexiones oscuras con el mundo financiero. Ello es señal de consonancia con el evangelio, pero también lo son algunas prácticas cotidianas de Francisco que nos permiten inferir sobre su necesidad aproximarse (aún dentro de los cánones protocolares) a un trato horizontal con los más necesitados y el pueblo creyente de a pié. También ha señalado enérgicamente en Copacabana que “malos sacerdotes hacen perder la fe” y solicito salir a evangelizar en las calles, salir de las parroquias, e insistió en otras de sus intervenciones, que la Iglesia no es una ONG.

Él ha hablado desde Brasil como nosotros. Mi amiga Fátima Carrasquero, cuando al borde de estas reflexiones pendíamos, me decía que el Papa utiliza con mucha frecuencia la palabra “cura”, la que pronuncia el pueblo que va a la humilde parroquia, y que extrañamente tiene poca cabida en el léxico de nuestros altos prelados. Ciertamente, ese es un elemento significativo en este nuevo discurso.

Todas esas son señales de esperanza. Esperanza que los militantes cristianos de base del mundo, debemos catalizar para profundizar en el redescubrimiento del evangelio como fuerza impulsora de la liberación integral de los pueblos. Es por tanto, vital la participación efectiva de quienes impulsaron y mantuvieron por años aquellos colectivos de base, en el caso del Zulia, los compañeros y compañeras: El Chino Antonio, Luis Eduardo Baralt, Alexis Ferrebús y Cheo Parra con La Monja Marielena que se han planteado en la actualidad, montar la Iglesia del Cristo Socialista; entre otros tantos.

¿Quién quita que ese llamado del Papa a salir a la calle a evangelizar no sea el preludio de un nuevo Concilio que las bases cristianas deban impulsar y permita en consecuencia abrir el debate doctrinal? No estamos hablando de Juan XXIII, ni estamos en una época donde occidente debía oxigenarse debido a la devastación que en todos los planos había originado la segunda mundial con la presencia de riesgos inminentes de dos bloques ideológicos enfrentados; pero vivimos una coyuntura global que reclama cambios, y con un conductor de la Iglesia latino que como va, pudiera parecerse más a Juan XXIII del año 1959.



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Aquileo Narváez Martínez


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