Chávez, el 24 de julio y la lucha por la historia

Luego de los actos oficiales para conmemorar los 190 años de la batalla del Lago de Maracaibo y los 230 años del natalicio del Padre de la Patria Simón Bolívar y con la proximidad de los 59 de haber venido al mundo nuestro Comandante eterno, Hugo Rafael Chávez Frías, bueno es reflexionar sobre el legado que nos dejó el “Arañero de Sabaneta” , para poder leer y comprender la historia de la patria enfocada desde nuestra realidad viva, activa y en pleno desarrollo, rumbo a la independencia definitiva.
De verdad que el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías en su corto periplo por este planeta nos dejó tantas tareas que hay que ponerle corazón para por responder debidamente a sus múltiples exigencias, que con su capacidad y voluntad inquebrantable fue capaz de avizorar todo el panorama que encierra la lucha por la independencia y en la que como premisa está el estudio y la comprensión de la historia y sus actores con una visión holística.
Ciertamente la manera de interpretar y de enseñar la historia por parte de este excepcional soldado de la patria, que cada domingo en su Aló Presidente y en cada salida en TV, durante sus jornadas de trabajo o en ruedas de prensa nos daba una cátedra sobre la materia, pero de una historia viva, real, tangible y no la contada y sesgada en los textos del siglo XX, cargada de intereses particulares y de manipulaciones dirigidas todas a enterrarla y bien enterrada junto con sus actores, para de esta manera mantener la dominación burguesa sobre los pueblos de la patria grande, nos dejó enseñanzas inborrables.
Hugo Rafael Chávez Frías, supo entender e interpretar porque la oligarquía bogotana, cuando el libertador iba rumbo a Santa Marta, en busca de reposo y salud, le gritaban a su paso “Longaniza” “Longaniza”. Para muchos que habrán leído ese pasaje de la historia en los textos de Rumazo González, seguramente se reirán, porque no entienden el código, que hay detrás de ese apodo. Allí estaba expresado el racismo puro y la lectura de que nuestro Libertador, no era el blanquito europeo, como lo plasmaron sus retratistas, interesados en mantener el dominio supremo del color de la piel, sino el rojizo surgido del sincretismo étnico que se produjo en nuestro territorio.
Es que a lo largo de nuestra historia quienes la escribieron pertenecían a un mismo proyecto de sociedad, al igual que los pintores que ilustraron nuestra gesta y por ende no se podía esperar que le dieran beligerancia a pardos, mulatos, aborígenes o negros y en consecuencia la misión de ellos fue invisibilizar a quienes en su concepción eran inferiores, por el color de piel. A los que no pudieron desaparecer por su relevante protagonismo, como Miranda, Bolívar, Sucre, Urdaneta y otro; entonces buscaron la forma de blanquearlos, a través de los retratos y pinturas y los textos generados para llevarlos al pueblo. En el caso de Sebastián Francisco de Miranda Rodríguez, el ideólogo de la guerra de independencia fue más cruel. Basta con detenerse en ese cuadro de Miranda en la Carraca. Puede que como obra de arte sea extraordinario, pero ideológicamente, es el peor insulto al caraqueño universal, rebelde, irreverente, que no se doblegó, ni amilano, ni siquiera ante la persecución de la Santa Inquisición. En esa obra se ve el Miranda que siempre quiso ver la burguesía: el viejo, cansado, amargado, enfermo, derrotado y resignado. Por eso jamás aceptaremos como Miranda al guiñapo plasmado en ese lienzo
La idea no era otra que meter en el ship de los americanos, que todo lo bueno viene de los blancos europeos, incluyendo la esclavitud, a través de la cual salvaron nuestras almas y nos civilizaron y en consecuencia debemos estar agradecidos, porque luego de formarnos nos dieron la libertad, porque el pueblo aborigen, negro o mestizo fue incapaz de alcanzar su libertad sin la guía del blanco europeo. Conseja que mantienen hasta hoy y prueba de ello, fue el vacío que la oligarquía le hizo a tan importante fecha celebrada el miércoles por todos los revolucionarios y ciudadanos de la patria grande.
Por eso el homenaje a estos héroes, por parte de la oligarquía, consistió en petrificarlos en estatuas y montarlos en pedestales de mármol bien alto, donde no estuvieran al alcance del pueblo y donde en cada efemérides iban los oligarcas, trajeados con los mejores atuendos para con himnos y fanfarrias, colocar costosos arreglos florales y parafraseando a Alí Primera, cerciorarse de que estaban bien muertos y fuera del alcance del pueblo.
Tuvo que venir el hijo de Bolívar, el “Arañero de Sabaneta,” el Tribilin que soñaba con emular al “Látigo Chávez” y con su temperamento inquieto, su sabiduría, su sagacidad para la investigación y ese verbo ardiente de patriota rebelde, derrumbar los infames pedestales y bajar al Miranda, al Bolívar, al José Félix Ribas, al Antonio José de Sucre, a Urdaneta, Manuela Sanz, Zamora y a toda esa pléyade de revolucionarios de carne y hueso y ponerlos a caminar al lado de las comunidades organizadas, en consejos comunales, consejos de trabajadores, consejos estudiantiles, milicias bolivarianas, Fuerza Armada Nacional Bolivariana, consejos campesinos y de pescadores, honrando la memoria de Fabricio Ojeda, Chema Saher, El Ché y tantos héroes que entregaron sus vidas en aras, de dar forma y base a la unidad latinoamericana y caribeña.Ese realidad que tanta urticaria causa en la viscosa piel de esa oligarquía apátrida que a través de los siglos había logrado engañar a los pueblos del continente, que vieron su despertar con la revolución cubana a comienzos de la segunda mitad del siglo XX y que luego empuñaron de manera masiva las antorchas libertarias de la Revolución Bolivariana, encarnada en Caracas por Hugo Rafael Chávez Frías, soldado llanero, campesino, que supo hacer blanco en el corazón del pueblo, no solo de Venezuela, sino del continente y del mundo, donde hoy por hoy, su discurso retumba en los oídos y el alma de los pueblos que están siendo pisoteados por el Fondo Monetario Internacional y el Complejo militar, financiero y comunicacional, que pugna por erigirse en gendarme del mundo.
La voluntad de acero y certera del Comandante Eterno, enterró esa historia Zombi y la sustituyó por la historia viva, activa, con héroes de carne y hueso, que forman la avanzada antiimperialista, vanguardia en la salvaguarda del planeta, amenazado por la voracidad criminal de los centros de poder imperial. En esa dimensión este 24 de Julio, vimos al Almirante José Prudencio Padilla, al Negro Padilla, nativo de Rio hacha y patriota hasta la médula sellar la independencia de Venezuela, con la derrota de la poderosa marina realista en la batalla del lago de Maracaibo, el mejor regalo que recibió Bolívar, en su cumpleaños número 40 de aquel 24 de Julio de 1823. Más tarde, el laureado oficial patriota, caería en manos del traidor Francisco de Paula Santander, quien cargado de odio y de envidia, no dudó en condenarlo a muerte injustamente y fusilarlo. Era la justicia racista de la oligarquía, que hasta hoy mantiene pisoteado al heroico pueblo colombiano.
Esa misma oligarquía que está viva en Venezuela, en Chile, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Argentina, Uruguay, Paraguay y demás países decididos a ser libres, sigue conspirando y solo recuerda a las fechas patrias para sembrar intrigas, como aquello de que José de San Martín y Simón Bolívar, se odiaban y estuvieron a punto de matarse en Perú, cuando la verdad es que estos paladines, jamás anidaron en sus corazones, sentimientos mediocres, personalistas y, lo demostraron cuando dejaron todos sus bienes materiales, para ir en pos de la utopía de la libertad para sus pueblos sometidos por el oprobio de la corona española, contra la cual se unieron desde el Rio Grande, hasta La Patagonia.
Estas reflexiones, nos indican que la lucha es larga y dura y que no podemos bajar la guardia, porque el enemigo trabaja día y noche por dividirnos y solo aferrados al legado de unidad, batalla y victoria, podremos ver y sentir el pensamiento de Chávez, en el contexto del 24 de julio y la lucha por la historia.
Periodista*
CNP 2414 cd2620@gmail.com.



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Cástor Díaz

Periodista CNP 2414

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