Padre Vidal, siéntase un seguidor de Casaldaliga

Frente a la isla fluvial más grande del mundo, habitada por los indígenas Tapirapé, la “do Bananal”, está San Félix de Araguaia, Mato Grosso, Brasil. Allí me recibió con sus brazos extendidos y sonrisa esplendorosa Don Pedro Casáldaliga, obispo de la región. Le entregué una carta que le envió el padre Acacio Belandria, junto a mi admiración; razón de esa travesía hace más de dos décadas.
Pero más allá de pretender anecdotizar, excusa necesaria a veces para contextualizar, me interesa inicialmente perfilar a un personaje, a Casáldaliga, quien al ser nombrado Obispo, rechazó el báculo ostentoso y a cambio tomó una varita del árbol típico de la zona (algo así como una rama de cují) y salió a recorrer las orillas del río Araguaia con el pueblo para refrendar la continuidad de su lucha al lado de los desposeídos. Lucha que supuso organizar las comunidades indígenas y campesinas para entre otras situaciones, enfrentar a los latifundistas expoliadores y esclavistas, dueños de grandes extensiones de “siringa” (caucho).
Un día le pregunté, por qué se negó a un requerimiento del Vaticano para que viajara hasta allá a dar cuenta sobre la marcha de su Diócesis, y me respondió sabiamente: “La gente de aquí me necesita más que el Papa allá”. Y ciertamente, eran tiempos difíciles, de ajusticiamientos impunes, de criminalización de la pobreza. A veintisiete años de aquella respuesta, la gente lo sigue necesitando por los mismos motivos de injusticia. El año pasado de la mano de él obtuvieron un triunfo en contra poderes políticos y económicos de Mato Grosso, ya que lograron la restitución de las tierras a los indígenas Xavantes, pero lo amenazaron de muerte y tuvo que huir de San Félix y regresó en diciembre con medidas de protección, a sus ochenta y cinco años.
El costo de ese apostolado comprometido, no sólo ha tenido como consecuencia lo antes dicho, sino también el acoso por parte del episcopado brasileño y romano quienes lo sometieron a varios procesos de expulsión, convocándolo el Vaticano inclusive a un juicio doctrinal, pero con su andar preclaro demostró ser tal vez, uno de los más trasparentes y comprometidos obispos del mundo que con su ejemplo contribuyó a engrosar la gran militancia de sacerdotes, religiosas y seglares de la “Teología de la Liberación” en esa inmensa nación.
Don Pedro Casaldaliga, es la resultante de esa Iglesia que inspirada en el Concilio Vaticano II, se levantó para reivindicar al Dios de los más necesitados; esa nueva iglesia que le dio relevancia al mensaje social implícito en el evangelio. Es la misma iglesia de Camilo Torres, Monseñor Arnulfo Romero, Ernesto Cardenal… ¿Han sido legítimas sus posturas? ¿Han estado consustanciadas con la necesidad de construir el reino de los cielos aquí en la tierra? Lo cierto es que esas actitudes han dado respuesta al sentir del laicado progresista que sintetiza Alí Primera en aquella canción que preguntaba y aseveraba: “¿Cristo al servicio de quien?..... Al servicio de unos pocos que se lo llevaron preso, encerrándolo con lujos, sabiendo que él es del pueblo…”
El método, la forma de llevar la buena nueva es distinta según el tiempo, el lugar, las circunstancias que han embebido y embeben a cada sacerdote que cree en la doctrina del hombre nuevo... Al Padre Vidal, le tocó estar allí en la Iglesia las Mercedes, y bien sabemos lo difícil que es ese tipo de feligresía; esa feligresía que según el Arzobispo Ubaldo Santana está molesta porque en la eucaristía el día del periodista fueron ofrendadas imágenes de Chávez, Bolívar y Arias. Se me ocurre, que esa gente molesta estuvo conteste con que el gobierno de Pedro el breve desapareciera el retrato de Bolívar, porque no se trata del lugar, se trata de que en ningún espacio admitirían a un Bolívar-Chávez por lo que ellos simbolizan.
Esa situación llevó a Ubaldo Santana a abrir un proceso administrativo en contra del Padre Vidal, dado que, sumando los hechos de ser Director de un canal de televisión y haber sido postulado por las bases del PSUV a los comicios internos, lo ponen según él, al margen del derecho canónico. En fin, buena manera de construir un expediente para arremeter contra ese flanco religioso identificado con el proceso revolucionario. Pero lo más risible y a la vez absurdo de este caso, es que quien solicita a la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) la destitución del Padre Vidal, es la periodista-palangrista Maky Arenas. Dónde estaría esta periodista y la CEV aquel doce de abril cuando la cúpula de ambos gremios se juntó al poder económico para firmar y aplaudir la muerte de la república. ¿Es que acaso firmar un acta de defenestramiento de un gobierno popular no es un delito? ¿Dónde están los procedimientos administrativos abiertos a esos reyezuelos vividores de nuestra religión católica?
Por todo eso Padre Vidal, esté usted tranquilo. Usted ha estado cumpliendo lo suscrito en el Concilio Vaticano II donde se acordó “Lograr una renovación moral de la vida cristiana de los fieles” y “Adaptar la disciplina eclesiástica a las necesidades y métodos de nuestro tiempo”, así como también ha puesto en práctica los postulados sociales más avanzados de las Conferencias Episcopales de Medellín y Puebla. Siéntase en consecuencia un privilegiado del pueblo de Dios en Latinoamérica, asimismo siéntase orgulloso de ser un seguidor del entrañable, Don Pedro Casaldaliga de quien le entrego este poema:
Mis insignias episcopales
Tu MITRA
será un sombrero de paja; el sol y la luna; la lluvia y el sereno;
el pisar de los pobres con quien caminas y el pisar glorioso del Señor.
Tu BÁCULO
será la verdad del Evangelio y la confianza del pueblo en ti.
Tu ANILLO
será la fidelidad a la Nueva Alianza del Dios Liberador
y la fidelidad al pueblo de esta tierra.
Tu ESCUDO
la fuerza de la esperanza y la libertad de los hijos de Dios.
Tus GUANTES
el servicio del amor.

Aquileo Narváez Martínez



Esta nota ha sido leída aproximadamente 1981 veces.



Aquileo De Jesus Narvaez


Visite el perfil de Aquileo De Jesus Narvaez para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes:

Comparte en las redes sociales


Síguenos en Facebook y Twitter



Aquileo De Jesus Narvaez

Aquileo De Jesus Narvaez

Más artículos de este autor