Una necesidad apremiante

No hay necesidad más apremiante para un proceso revolucionario que la permanente revisión crítica y autocrítica. El revolucionario está guiado por los grandes valores que la humanidad ha forjado a lo largo de milenios; en modo alguno está movido por intereses personales o de grupo, contrarios a los fines de la sociedad en su conjunto.

La perfección de sus actos y la satisfacción de las necesidades de la población constituyen el único propósito de su conducta. No tiene temor, por eso, a la crítica general ni a la de sus propios actos.

El mejor ejemplo lo conseguimos en El Libertador Simón Bolívar. El Manifiesto de Cartagena es una severa crítica y autocrítica de la gestión de la Primera República. Él había luchado por la Independencia y el gobierno que sustituyó al Imperio Español, formó parte de la misión que viajó a Inglaterra a solicitar el reconocimiento, fue el jefe de la Guarnición de Puerto Cabello y, en general, fue de los propulsores de la República Independiente. Por eso consideramos aquel Manifiesto como un documento público autocrítico en víspera de la más extraordinaria acción militar, como fue la Campaña Admirable.

Para emprender una campaña de tal envergadura Bolívar estimó necesario hacer una revisión de la actuación del régimen que él mismo había integrado. Es la más palpable demostración histórica de que es falsa la conseja de que la denuncia de los propios errores suministra argumentos al enemigo. Todo lo contrario: quita a éste la oportunidad de criticar con razón, educa a las masas populares y crea confianza en la dirección política revolucionaria, porque revela el propósito de actuar sólo en beneficio del pueblo.

Lenin dice que la autocrítica es el mejor signo de madurez de un partido revolucionario. La Revolución Cubana ha sido un modelo de transparencia en su gestión y Fidel se ha hecho severas autocríticas públicas: “Nuestros enemigos dicen que hay descontento en Cuba ¡y tienen razón nuestros enemigos!”.

Hacemos estas consideraciones porque la elección del 14 de abril, pese al triunfo de Nicolás Maduro, nos impone la urgente obligación de analizar el hecho alarmante del elevado número de votos alcanzado por el candidato opositor en los sectores más pobres de la población. El análisis nos llevaría a descubrir las razones del fenómeno y atacar las causas que lo originan.

Para nosotros no hay la menor duda de que la dinámica social exige el protagonismo de los sectores que constituyen la base del proceso revolucionario y es necesario entonces proceder a la organización de los sectores que la integran. Las masas populares no son un conjunto informe sino que en su interior existen instituciones que las representan. En primer lugar, la clase obrera constituye el sector social básico de las masas populares y para que juegue papel activo en el proceso revolucionario reclama la constitución de sus organismos de clase.

Esta es, a nuestro juicio, el origen del principal problema que confronta la Revolución Bolivariana. La atomización de la clase obrera es el factor básico que impide que el proceso revolucionario pueda frenar la acción de la contrarevolución y llevar a cabo las tareas que los revolucionarios se han propuesto.

Además de aquellos que representan los intereses de la clase dominante, en las propias filas revolucionarias hay factores que se oponen a la unidad y la organización de la clase obrera, desde los corruptos hasta los cómodos de espíritu que no quieren enfrentar las dificultades de la lucha. Son simples aprovechadores del régimen y no decididos partidarios del cambio social.

Si los revolucionarios y las revolucionarias no emprendemos la urgente tarea de dedicarnos a la organización de la clase social llamada por la historia a encabezar el bloque clasista de la liberación nacional y social asumiremos una gravísima responsabilidad ante nuestro pueblo y ante los pueblos del mundo.

robertohernandezw@gmail.com

 



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Roberto Hernández Wohnsiedler

Abogado y Sociólogo. Fue diputado, vicepresidente de la Asamblea Nacional, Ministro del Poder Popular del Trabajo y Seguridad Social y militante del Partido Comunista de Venezuela (PCV). Es autor del libro La Clase Obrera y la Revolución Bolivariana.

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