Presidente Maduro, los intelectuales e infiltrados

Hay críticas, como alguna de Nicmer Evans, que merecen atención

Es de muy vieja data, revisemos la literatura para comprobarlo, el conflicto entre los “intelectuales”, palabra cuyo significado todavía no sé a ciencia cierta qué significa ni siquiera a quiénes alcanza, y los sectores de la vanguardia en el campo de la izquierda o los “políticos”, suerte de definición en veces utilizada por no encontrar la más adecuada. Algo así como a falta de pan, buenas son tortas.

Pero esa especie de fuente de contradicciones o enfrentamientos, es bueno decirlo, no es prerrogativa del sector revolucionario sino también, con mayor y menor frecuencia, azota a la derecha.

Es resultado de las diferencias naturales entre quienes toman decisiones que a muchos afectan y aquéllos, quizás con un nivel crítico similar a los primeros, lo que hace difícil saber quién es intelectual o no, que observan como desde afuera o debajo del puente de mando.

La acusación tradicional, tan vieja como la disputa misma, se fundamenta en la idea que “los intelectuales”, son como potros salvajes, que les gusta correr en tropel y en la sabana abierta. Puede ser, como me dijo una vez uno de ellos, “que apoye algo ahorita mismo, en este instante y pocos minutos después al reflexionar más asertivo, descubro que no debí hacerlo y cambio de posición”.

Los “políticos” serían entonces, para decirlo en una expresión de habitual uso, más disciplinados y apegados a la línea. Los intelectuales, por lo general, no es que no acaten la línea, sino que desde el principio no parecen atarse a ella con la fidelidad del “político”, porque por ese “intelectualismo”, digámoslo así para no salirnos de las formalidades, no se sienten obligados a aceptar que otros tomen decisiones por ellos y de paso verse obligados a acatarlas, sobre todo si perciben que no estuvieron entre las mejores.

Eso es así, desde que el mundo es mundo y seguirá siéndolo “per saecola saeculorum”. Por algo Galileo Galilei, ante la Santa Inquisición, pese los cargos contra él, dijo “E pur si mouve”.

El deseo de criticar nace del cambio y las distintas percepciones que el hombre tiene del mismo. Es decir, está en la naturaleza humana y la relación que aquél tiene con el mundo.

Por eso, toda crítica es digna de estudiarse. Es natural que el criticado pueda sentirse afectado aunque el interés del crítico no lo haya movido esa intención. Puede ser que el crítico este errado, pero es posible y natural pensar que no. Hasta es posible que la crítica siendo válida, no se hiciera en el momento o espacio más adecuado y sin los instrumentos permisibles.

¿Pero, cuáles son esos espacios? ¿Cómo acceder a ellos? Este es un asunto digno de estudiarse y encaminarlo. Aunque pese a buscar la satisfacción de este último deseo, siempre habrá quien de buena fe, prefiera correr libre por la sabana. Pero esta ancestral conducta, de quien puede ser o no intelectual, siempre seguirá manifestándose. Lo que quiere decir, que hacer críticas habitualmente al sector con el cual la gente se siente más identificado, es tan natural y válido como hacerlo contra a quienes se percibe demasiado distante. Hasta diría que es propia de la conciencia humana, criticar más a los nuestros, por quererlos perfectos y siempre en disposición de acertar. Por supuesto, esa candidez, no dudo en el uso de palabra, puede resultar dañina sin quererlo.

De donde uno concluye que, sabiendo que los salta talanqueras son reales, por allí andan, no precisamente entre los críticos, críticos de verdad, permanentes, porque aquellos sólo lo hacen cuando están a punto de dar el brinco, mientras tanto se aprovechan al máximo, esa relación, entre el político que dirige y el que lo crítica de buena fe y con ánimo constructivo, aunque en veces el lenguaje parezca un poco rígido y nada afectuoso, debe manejarse con discreción y digamos suficiente altura. Es pertinente evitar expresiones innecesarias de las cuales uno, más adelante, tenga que arrepentirse. Como también hay que saber escoger el momento, sitio y formas de expresar la crítica.

Por supuesto, todo lo anterior no niega, que quien parece hablar del lado de los políticos, pudiera ser el presidente, se refiera a una situación o personajes muy concretos sobre los cuales tiene fidedigna información que les inculpa y justifican sus palabras. Es decir, llama al burro negro porque tiene los pelos en las manos.

Los salta talanqueras vulgares y corrientes como Luis Miquilena, Ismael García y otros que no es necesario mencionar, no salieron precisamente del mundo de esos compañeros que piensan como ser mejores ellos y hacer las cosas que les rodean, sino de mejorar sus condiciones materiales de vida.

Si bien es verdad como sostuvo Roberto Hernández Montoya, en un muy buen artículo titilado “Contradicciones”, en veces nos excedemos en criticar lo que nos parece mal y dejamos en el olvido o “el tintero”, las buenas obras del gobierno, no obstante es saludable reconocer que hay critica, incluso en el más reciente artículo de Nicmer Evans, que merecen tomarse en cuenta.

damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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