¡Serenidad Revolución, serenidad!

Reverdece la Revolución Bolivariana y en ese trance se opacan las flores marchitas y emergen con aplomo los filos brillantes de retoños coloridos, de nuevos seres cargados de luz. Su aroma aún no se percibe, sólo su incesante avidez aparece ante los ojos de los cautos que han descubierto la belleza indescriptible y cautivante del nuevo capullo.

¡Silencio! ¡Callad! ¡No anunciéis que el nuevo ser, el hombre nuevo, ya está aquí!

Comandante, para Odosha (ese ser mitológico de los Yekuana, representante de la destrucción y la maldad) viviste demasiado. Durante tu período de vida nos devolviste la memoria y a través de tus cantos e historias patrias abriste nuestros ojos para que distinguiéramos lo ilusorio de lo real. Tu luz se elevó por encima de la cabeza de todos. Fue brillante, generosa, cálida, nunca amainó, aún se percibe entre nosotros, mas sin embargo es hoy distinta. Se esparce, está aquí, está allá y aún no está (en todo), pero viene, brota y se siente. Está adentro de muchos de nosotros con su latir de juramentos, su fulgor que traspasa los huesos y la piel de los bustos de hombres y mujeres nuevos inspirados por tu ejemplo. Esta luz se extiende, se mueve y vibra. Se hace letra, se hace canción, mural y opinión. Su resplandor no es enceguecedor aún, como el tuyo en vida, pero es de todos y se intensifica por todos los costados. Si fuera sonido, se escucharía como un rumor, como barullo mañanero, como revoltillo de sonidos por ahí y por allá, que va creciendo sin parar.

En este brete, en que la contrarrevolución no se ha dado cuenta aún de su derrota histórica, son los ruidos de su celebración por tu muerte los que no dejan atender ese silbido, ese murmullar nacional. La barahúnda del bacanal oligárquico es tal que arropa tumultuosamente el canto de un padre o una madre a sus pequeños hijos de Patria Querida. ¡Dejadlos, que están ciegos!

El pueblo con estoicismo proverbial, quizás mitológico o épico, resiste la andanada de violencia fascista dirigida hacia una multitud organizada y que asumió la muerte del comandante eterno como temple de fibras e ideales. Ya son varios los muertos. Observamos recientemente el accionar demencial de seres alienados que cargados de odio en Puerto La Cruz arremetieron contra dos actores venezolanos y sus familias, cuyo único “pecado” ha sido manifestarse políticamente a favor de la revolución según los derechos contemplados en nuestra Constitución. Casos de agresión como el anterior se repiten diariamente pero son desconocidos por tratarse de personas comunes. El pueblo venezolano y sus instituciones nuevamente demostrarán al mundo su capacidad para enfrentar con vigor el más grande de los desafíos. El momento histórico es similar al de la época de independencia, no nos quede dudas, y este pueblo está listo nuevamente para la inmortalidad.

Por ello llamo a la serenidad de todos. Es nuestro sosiego, nuestra casi innata sensatez, la mayor de nuestras fortalezas. Somos un pueblo noble, obligado a ser leal a solemnes juramentos. Por esto, potencia imperial alguna será capaz de romper nuestra convicción aunque utilice a nuestros hermanos, vecinos y compatriotas que contarán con la vida aún siendo culpables, tal como lo dijo el Libertador. Aun así, estamos obligados por las circunstancias a enfrentarlos armados de nuestra Constitución e ideales.

Para este gran desafío recordemos la serenidad de nuestro Chávez, al enfrentar eventos como su retorno al poder en abril de 2002, la toma de la plaza Altamira por los militares golpistas, el sabotaje petrolero, la convocatoria del referendo revocatorio en 2004 y tantos otros, que incluye la manera que afrontó su larga y penosa enfermedad. Aferrémonos a la Constitución junto al pueblo como él lo hizo siempre. Recordemos que es en los momentos que más se vea amenazada la democracia, que debemos ser más demócratas. No pisemos más peines de la oposición y demostremos al mundo nuestra grandeza llevando a cabo el Plan de la Patria. No descansemos ni un segundo en esta tarea.

El llamado final es a la acción serena. Nuestro accionar deber ser coherente, es decir, nuestras acciones deben tener completa relación con nuestro discurso y nuestros ideales, como nos enseñó Eduardo Gallegos Mancera, en Cualidades de un Dirigente. No podemos hablar de socialismo sin la praxis socialista, y el trabajo voluntario es una de las vías para demostrar nuestro compromiso con la revolución. El pueblo venezolano nos apoyará como un todo porque el Plan de la Patria lo que busca es el interés más noble, que es la satisfacción de las necesidades básicas para la vida de nuestro pueblo, como la alimentación, la vivienda y el hábitat, la salud, la educación y la seguridad pública para la sana recreación y el trabajo digno y liberador. Si pensamos con serenidad y accionamos con coherencia para lograr el Plan de la Patria, no sólo se obtendrá todo el respaldo popular, sino que se logrará ese el anhelo de salvar a la especie humana y al mundo.

Ya ha comenzado la era del chavismo, afrontémoslo sin titubeos, con firmeza y con mucha humildad. Tengamos en cuenta que el camino es largo y lleno de sacrificios. En esta era los chavistas seguiremos siendo muchas veces los perseguidos, los difamados, los calumniados, para tratar de apagar de esta manera la llama sagrada de la patria que arde gracias a Chávez. ¿Quién podrá apagarla si está en lo más profundo de nuestros seres?

¡Que viva Chávez y sus Hijos e Hijas!


edquintero2013@gmail.com


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