Las gárgaras de Chávez

Es lastimoso ver gente que hace 20 años era gente de bien, respetuosa, ponderada, amable y buena vibra, que hoy son nidos de culebras, almacenes de alacranes siempre listos a inocular sus venenos. En su afán por mostrar su enfermiza arrechera contra el chavismo no les importa el lugar donde estén para arrancar con sus arengas. Para ello se aprovechan de cualquier cosa para proferir ofensas y descalificaciones contra todo lo que huela a Chavismo. Los bichos hablan duro, como “mitineando”.

Y de lo que drenan estos señores y señoras en el Facebook ni se diga. He leído mensajes de gente que quiero y respeto mucho escribiendo barbaridades como la de llamar ratas a los artistas venezolanos famosos que se pronunciaron por Chávez. De verdad nunca creí que pudieran llegar a semejantes extremos; extremos que les costará mucho superarlos. Es mucho el odio inoculado. Ojalá y lo logren.

Los opositores tienen una tarea voluntaria y estigmatizada: primero, echarle paja a la elección de Maduro, y segundo, echarle paja a su gestión. Esto, acompañado de la guerra económica desatada por el Imperialismo estadunidense y sus adláteres nacionales en aras de que el pueblo se arreche y forme un verguero, para que luego venga la OEA y aplique la Carta Interamericana, intervengan los marines al país, destituyan a Maduro, nombre un Presidente interino, llamen a nuevas elecciones y coloquen un Presidente títeres, que obedezca a los intereses del dinero, del Mercado de Consumo, de “su majestad”: el Capitalismo Salvaje. ¡Qué belleza!

Este sábado en la mañana un, amigo escuálido decente, que aún no se ha enfermado de odio, me mostraba El Tiempo al tiempo que cuestionaba una decisión tribunalicia que condenaba al chofer de una gandola de envases con productos químicos.. Un escuálido radical, de la mesa contigua, enseguida comenzó a vociferar echándole la culpa a Maduro de la cola de carro que se forma en los alrededores de la parada Vistamar. Por supuesto que lo puse en su sitio. Tanto lo puse en su sitio que el bicho se alebrestó y se puso belicoso. Ante su agresividad endemoniada opté por cancelar el debate y reiniciar el dialogo con mi contertulio. Al rato me marche cuando el escuálido fascista intento hablar estupideces de Chávez no sin antes decirle: “Para hablar bien o mal de Chávez hay que hacer gárgaras con alcohol”.

americoarcadio@yahoo.com



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Américo Hernández


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