La humillación i vergüenza del Imperio

“La ignorancia es la noche de la mente:

pero una noche sin luna y sin estrellas”

Confucio

“No hay tinieblas sino en la ignorancia”

Shakespeare


Los imperios tienen una historia que tal vez comienza con los acadios, cuando por la limitación del conocimiento del planeta Tierra i a los pueblos les tocaba apenas una parte “plana i limitada” conocida, ya hablaban de un imperio mundial, idea que se conserva en Oriente Próximo pese a que, para los tiempos de Herodoto i el inicio de la historia, el mundo conocido era alrededor del Mediterráneo, como su nombre lo indica, mar central del mundo, sus alrededores i, pasando las columnas de Hércules –el estrecho de Gibraltar- o tomando hacia el oriente en la ruta de Marco Polo, ya era lo desconocido, misterioso i casi mítico. Mas, esa idea es tomada por Alejandro Magno que constituye su limitado imperio pero estimado grandioso i pasa ese “testigo” posteriormente al Imperio Romano del cual, acaso por estar “inscrustada” en él la leyenda del cristianismo i su evolución de perseguidos sus creyentes, a convertirse en los poderosos como religión del imperio, conocemos más, lo hemos estudiado en detalle i hasta analizado con pormenores su decadencia i desaparición; imperio romano que desemboca a su vez en el Imperio Alemán de la Edad Media i con su variante durante el Tercer Reich; i por otro lado, conocemos del Imperio Español que se extendió a la América (por lo cual Carlos V dijo que en él nunca se ocultaba el sol) i el Imperio Inglés allende a los mares, con una isla pequeña i sus horrores humanos flotando, pero en fin imperio que, como todos, terminó por decaer o desaparecer. Ninguno fue verdaderamente un imperio universal, ni siquiera el Imperio Vaticano –fiero i dogmático obnubilador de mentes- que es limitado a un bloque occidental i a una minoría de unos 500.000 no mui fieles i es el que más ha durado. El que sí se gestó desde unos largos 200 años –señalado en su nacimiento por el Libertador Simón Bolívar- es el Imperio Norteamericano, llegado a su apogeo en el siglo XX con la aparición en firme del petróleo o negocio petrolero i otras riquezas primarias de países más débiles, i que, gracias a un comercio mundial dominante, acaparador, forjador de monopolios i oligopolios, ha logrado, primero, el dominio guerrero o por la fuerza, del mundo, i mediante el comercio señalado, el espionaje, la conspiración, la compra de conciencias baratas (porque quien vende a su patria, por mucho dinero que reciba, como el caso de la escuálida de cuerpo i de alma, de Súmate) siempre será un pago miserable, comparado con la mercancía que entrega: a su territorio, a su historia, su epopeya libertadora, su soberanía i fundamentalmente, a su pueblo. Por eso no queda rincón del mundo, tanto de países pobres como desarrollados i ricos, en los cuales no esté metida la mano peluda, la corrupción, la maldad i la falta de ética i moralidad del imperio. I el imperio nos daba la imagen de un coloso, como el de Rodas, con el resto del mundo bajo sus piernas expuestos a que nos pudiese orinar o defecar cuando quisiese. Su política es el terror; su ideal el dinero i su voracidad el petróleo i cuanta riqueza se pueda robar del resto del planeta. Sabemos tanto de terror que, vean que alumnos más brillantes, tenemos Bin Laden, Hussein i Posada Carriles, hemos instruidos, i “universidades” de primera como esa verdadera Academia de las Américas en Panamá. Por eso se atreve este honorable imperio, a juzgar i “certificar” la buena o mala conducta de los otros países; por eso irrespeta a todas las instituciones, empezando por la ONU, la OMS i la OEA. Su ejército i sus hombres, son superpoderosos i de una tecnología de avanzada increíble; sus héroes, que no los tuvo nunca ni en la independencia ni en las grandes guerras mundiales, nos los pintan como superhombres o como rambos i otros personajes semirobóticos del cine, ese cine tan maravilloso para envenenar las mentes. Tengan en cuenta, paisitos del mundo que, los podemos devorar o desaparecer como lo hicimos, apenas con unos incipientes cohetitos o bombas insignificantes, como las de Hiroshima i Nagasaki. ¿Que estamos calentando al planeta, vía a un efecto invernadero? No nos importa, tenemos ciencia i tecnología para hacer un planeta nuevo cuando acabemos de destruir este tan infectado de negros, latinos, musulmanes, árabes, indios, chinos i dejemos de contar. Reviviremos el ideal de Hitler de una raza superior, como la de la familia Bush o la de los grandes magnates de las Transnacionales, aunque sintiéndolo por Condoleza, la única negra traidora de verdad i tan inocente ella que, mientras se ahogaban o entraban en putrefacción muchos de sus conciudadanos negros i latinos, ella compraba zapatos; olvídense del agujero de la capa de ozono; tenemos ozono en cantidad i así como reparamos un telescopio o un transbordador en el espacio, le pondremos techo nuevo al agujero cuando solamente quedemos los más puros i blancos, blondos, de ojos azules, norteamericanos genuinos. Ya veremos como mejorar los cerebros i ponernos un poco de moralidad para poder convivir, porque en cuestión de dinero, no hai amigos.

Pues bien, este poderoso imperio del cual pueden contarse mil maravillas más, se olvidó de la Naturaleza, escrita así con mayúscula i de estar solos, absolutamente solos, en esta nave espacial que es la Tierra, sin botes salvavidas i parte de una especie de polvo sideral, nuestro sistema planetario o pequeño universo, en la punta del brazo de Orión, en una galaxia que denominamos vía Láctea (con una vecina, Adrómeda, a más de dos millones de años luz) en un infinito cosmos que tiene millones de millones de galaxias i secretos cósmicos como la substancia negra, que de haberse enterado a tiempo, el vaquero Bush hubiese decretado que se llamase substancia blanca, pues jamás ha podido vencer su acendrado i patológico racismo. Pues, bien, repito, la Naturaleza ha estremecido las altas estructuras del Imperio i lo peor, ha demostrado que los cimientos, las bases o los pies del coloso, son de barro blando i le ha recordado que tienen la gran falla de San Andrés que puede hundir en el pacífico toda la costa occidental i que, por el este, ya se anuncian 21 huracanes más, cada vez más terribles, tan destructores de ciudades i pueblos, como de las reputaciones del gobierno i las fuerzas armadas, como no esperaban que lo hiciera el Katrina. El Katrina ha sido como la invasión de los bárbaros al imperio romano o como la batalla de Waterloo para Napoleón Bonaparte. Posiblemente es el principio del fin, porque sobre todo toca la economía i el santuario imperial que es la Bolsa, lo único que arruga las otras bolsas norteamericanas. Posiblemente sea un carcinoma de Kaposki para el sida social de ese imperio, del cual esperamos que salga ileso el pueblo norteamericano, ingenuo, lerdo i entretenido con pan i circo, o con béisbol i cine, únicos sitios donde tienen estrellas.

Por eso el Emperador Bush, ha demostrado sus debilidades i como Nerón con su guitarra, llorando no por Roma sino por él mismo, llamaba a Suetonio i a sus cortesanos para que le salvaran, el emperadorcito llamó a su papá i al hipersexual de Clinton para que lo favorecieran en aportar mentiras, respecto al abandono que hizo su pueblo en los primeros días de la tragedia i en la prevención de la misma. Nietzsche decía que “Un hombre puede actuar siempre por motivos inconfesables, pero se cuida siempre de tener razones confesables para llenarse la boca con ellas”. Empero, este vaquero que las pocas neuronas buenas que tenía de joven, se las lesionó el alcoholismo (i aunque se alejó, dicen, de este vicio, el tejido nervioso no se regenera) no ha tenido razones confesables para llenarse la boca, porque son: haraganería vacacional; fiesta de empresarios convenida; miedo de llegar al sitio trágico para evadir los malos olores i, principalmente: el racismo. Había actuado así, precisamente por razones inconfesables, pero como su escasez de neuronas limitan su inteligencia, no ha podido tener razones confesables. Mr. Danger Bush, ha entrado en una noche sin luna ni estrellas i con las tinieblas lo que resalta es la ignorancia. I llegó a la humillación i la vergüenza extrema: los poderosos que se creían los salvadores de la Tierra, los dioses del olimpo, han pedido ayuda a la Unión Europea (oficialmente) pero esperan desesperados de todos una ayuda en “efectivo” porque los gastos superarán los 100.000 millones, aunque exhiben un presupuesto para las fuerzas armada i la guerra, de unos 500.000 millones; Venezuela les está ayudando con un millón de dólares, mientras el Japón les ofrece la mitad; Venezuela les ofrece amparo en instalaciones petroleras, les ofrece petróleo barato o gratis para las clases pobres i les envía igualmente gasolina, remitido todo gracias a la disposición de un presidente que quieren asesinar, i Cuba, la Cuba bloqueada por 45 años desobedeciendo el Imperio las resoluciones de la ONU, les ofrece 1.1000 médicos i otras ayudas:las hormigas ayudando a levantar un elefante, mientras su “entrenador” no acata ni a pensar correctamente i la vergüenza de la desnudez i carencia de principios éticos, del primer Imperio Planetario de la historia. Este emperadorcito no sabe ni cantar como Nerón.

Este, señores, es el hombre que gobierna despóticamente al mundo. Este es el hombre al cual no le haría un diagnóstico el médico psiquiatra venezolano Delgado Senior que, con tanto conocimiento científico, principios deontológicos i ética, ha diagnosticado al presidente de su país. ¿Habrá cobrado justamente sus honorarios? Lo errores cometidos por Bush i su gobierno han sido más que señalados i probados; por eso no es necesario agregar nada más. Es el pueblo norteamericano i los hombres de todo el planeta, quienes tienen las evidencias a mano. Si como decía el latino Horacio, “un juez corrompido no puede examinar la verdad” ni un médico deshonesto i vendido, hacer diagnósticos; la justicia está, no en manos de dios, sino de los pueblos que colocan la lógica i la justicia en una sola balanza, como pensaba Víctor Hugo. Dios es solamente un testigo parcializado para las religiones que lo promocionan; la lógica i la justicia, incluso superan a las falsas legalidades i los hombres de todo el mundo, a medida que son libres, tienen cada vez más conciencia de que debe existir una justicia universal i que la única manera de permanecer creativos i por las sendas de la paz, es haciendo a la justicia la esencia misma de la vida humana. ¿Se podrá hacer un Referendo Revocatorio en la estructura “jurídica” de un Imperio? Ningún imperio fue ni será eterno. Sentémonos tranquilos a la puerta de las casas i veremos pasar su cadáver. La Naturaleza, firmó ya una sentencia. Natura non facit saltus.




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Roberto Jiménez Maggiolo


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