La comunalización de la renta petrolera como antídoto de la enfermedad holandesa

El sistema capitalista mundial, afectado por una letal crisis civilizatoria, está dando grandes zarpazos sobre los recursos naturales de los pueblos subdesarrollados con la finalidad de recomponer el nivel de su tasa de ganancia, venida a menos por las inexorables leyes de la acumulación del capital. En tal sentido, las empresas trasnacionales del mundo desarrollado bien desarrollando una ofensiva tanto en  lo teórico como en  lo práctico-político para asegurarse la propiedad de los recursos del  subsuelo del mundo periférico del capital.

En lo concerniente a la justificación teórica de tal depredación, los intelectuales orgánicos de las trasnacionales han echado a rodar dos argumentos para legitimar semejante despojo: a)los perniciosos efectos de la Enfermedad Holandesa y b)la declaración de los recursos naturales del planeta como "Patrimonio Común  de la Humanidad". En lo político,  el argumento esgrimido contra aquellas naciones que se han  negado a entregar al imperialismo sus recursos naturales de manera gratuita, ha sido la intervención militar directa e indirecta para imponer un  nuevo proceso de recolonización  de los países  subdesarrollados; los casos de Afganistán, Irak, Libia, Siria y posiblemente Irán, ilustran fielmente esta ofensiva militar internacional del capital monopolista; todo esto legitimado con una política antiterrorista enfocada a combatir los enemigos de la civilización occidental, y sobre todo a aquellos países acusados de ser Ejes del Mal(como Venezuela) por oponerse a los designios del imperio.

En lo que sigue intentaremos referirnos a la llamada Enfermedad Holandesa,  como argumento utilizado por los epígonos de la oligarquía venezolana  y de las trasnacionales,  para liquidar la renta del suelo que Venezuela cobra por poner a la disposición del consumidor mundial su principal recurso energético. Primeramente nos acercaremos a una definición de la referida enfermedad,  acudiendo al analista Luis Xavier Grisanti  quien sostiene que:

Los tratadistas definen la Enfermedad Holandesa como el proceso conforme al cual una economía percibe una inundación súbita de recursos financieros proveniente de un recurso natural, la cual causa una expansión exagerada en la generación de bienes y servicios no transables (gasto público, construcción, transporte, almacenamiento y comunicaciones, servicios financieros y seguros), a expensas de los sectores productores de bienes transables (agricultura, minería, industria manufacturera), por la sobre-valuación de la moneda y por la conversión de las divisas en moneda local a una tasa superior a la capacidad de absorción del aparato productivo real1

La adjetivación  holandesa de esta enfermedad proviene - a juicio de Warner Max Corden y Peter Neary- de que en los años sesenta del pasado siglo, como consecuencia de los grandes descubrimientos petroleros en el Mar del Norte, los Países Bajos experimentaron un brusco aumento de sus ingresos fiscales, ocasionándose  la revalorización del florín y produciendo pérdida de competitividad en las exportaciones  no petroleras. Sin embargo, en Venezuela  hacia mediados de los años treinta, Alberto Adriani y Arturo Uslar Pietri había diagnosticado esta anomalía en la economía nacional2.

Los efectos económicos perniciosos de la enfermedad holandesa pudiéramos resumirlos en los siguientes:

A.-La producción de bienes no-transables se impone sobre la de los bienes transables (agricultura, minería, industrias manufactureras).

B.-Incremento de los salarios reales

C.-Revalorización del signo monetario.

D.-Las empresas de bienes transables reducen sus inversiones y sus reposiciones de equipo, lo que se traduce en desempleo, baja productividad  y en altos costos para este tipo de bienes.

E.-Descomunal incremento de las importaciones y reducción de las exportaciones de bienes transables.

F.-El sector petrolero establece su hegemonía en el sector exportador.

G.-El país retrocede en su vinculación con el mercado mundial, pues sólo oferta a éste materias primas de origen mineral.

H.-El bajón en las exportaciones de bienes transables impone a su vez, una caída en la transferencia de tecnologías  desde los países desarrollados hacia el país enfermo.

I.-Los  países afectados por esta enfermedad entran en una grave vulnerabilidad económica que pudiera llevarlos a una pérdida de  soberanía.

Palabras más palabras menos estos son a grandes rasgos los síntomas del llamado mal económico holandés según los pensadores económicos del capital. En consecuencia, la solución a semejante situación no puede ser otra que la apertura indiscriminada de la economía enferma,  a las "bondades" de la inversión extranjera adelantada por el capital trasnacional. En tal sentido, Venezuela sólo superaría su mal holandés, poniendo a disposición del capital sus inmensos recursos minerales, sin cobrar renta del suelo alguna, a fin evitar, el "pernicioso" ingreso de petrodólares que tantos daños -según esta óptica- han producido al aparato económico nacional. En otras palabras, el subsuelo nacional debe declararse "patrimonio común de la humanidad".

Esta argumentación unida a la idea  emanada de Juan Pablo Pérez Alfonso,  quien sostenía que el petróleo era el "estiércol del Diablo", sirvió a los políticos neoliberales venezolanos para imponerle a la nuestra sociedad  su política de Apertura Petrolera, consistente en privilegiar la tasa de ganancia por encima del recurso natural en la explotación petrolera;  proceso en el que el país estuvo a punto de perder su soberanía económica y política.

La puesta en escena de la política petrolera neoliberal, fue el canto del cisne del capitalismo rentista venezolano. Con el Caracazo de 1989, el pueblo venezolano le dijo basta al régimen del capital e inició  la búsqueda de nuevas formas de organización social, apuntaladas por su incuestionable derecho a percibir una renta del suelo por sus recursos naturales. Ahora bien, las anomalías que se le achacan a las economías rentistas     son imputables al régimen del capital, o sea, si las leyes económicas imperantes están orientadas por la ley del valor, la producción de valores de cambio y la división del trabajo, resulta lógico que tales anormalidades se produzca en las economía rentistas.  En contrario, si se comenzase a edificar una sociedad bajo parámetros económicos anticapitalistas, donde impere la producción de valores de uso, la producción para cubrir necesidades  humanas, la desaparición de la división del trabajo y un profundo respeto por la naturaleza; pudiéramos racionalmente erigir un aparato productivo autosustentable y liquidador de las vulnerabilidades económicas estratégicas ocasionadas por la enfermedad holandesa. Para logra tal cometido a los venezolanos no nos queda otro camino que Comunalizar  nuestra formación social, proceso que debe estar apuntalado por una expropiación de la renta petrolera que actualmente reposa en poder del Estado liberal y ponerla bajo la tutela de la federación de comunas. Comunalizar la renta petrolera,  debe ser la consigna que oriente a este prometedor proceso de socialismo comunal que nuestro Comandante ha decretado,  como locomotora del proceso de cambios que se inició a partir de las últimas décadas del pasado siglo.

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1.-Grisanti Luiis Xavier. La Enfermedad Holandesa es curable  

http://www.analitica.com/va/economia/opinion/1558897.asp

2.-Contreras Francisco. El mal holandés y el efecto Venezuela.

     www.franciscocontreras.com.ve/...

trompizvalles@hotmail.com



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Humberto Trómpiz Valles

Historiador y profesor universitario jubilado, especializado en historia petrolera de Venezuela.

 htrompizvalles@gmail.com      @trompizpetroleo

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