El desarrollo como libertad

 En el año 1999, Amartya Sen, Premio Nobel de Economía (1998), asesor  de los Human Development Reports del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Profesor de la Universidad de Harvard, Director del Trinity College, Cambridge, publicó su obra: “Development as freedom” (El Desarrollo como Libertad), título que tomamos prestado para enunciar el presente artículo. Obra, cuya primera edición en castellano nos entregó en el año 2000, la Editorial Planeta, bajo el título de: “Desarrollo y Libertad”.  Hago referencia a estas dos ediciones porque, aunque algunos crean que el título de ellas es el mismo, a mi modo de ver no tienen igual significado y, aunque esto parezca una nimiedad, no deja de tener su importancia. Desarrollo y Libertad, pueden ser entendidos como conceptos distintos; mientras que: El Desarrollo como Libertad, expresa una acción, sino hay desarrollo no hay libertad.

 Amartya Sen, en la obra en comento, expone su visión del desarrollo como ampliación de la libertad humana, la cual es posible alcanzar cuando cada ciudadano decide la forma de vida que desea. Para él, los indicadores económicos, por si solos, no son suficientes para determinar el nivel de desarrollo; ya que, éste no se define en términos materiales, “sino en función de la posibilidad que tendrían las personas de elegir entre oportunidades reales”. Para Amartya Sen, el Desarrollo como Libertad se alcanza “cuando las personas tienen oportunidades reales y la posibilidad de realizarlas. Los individuos tienen la libertad de elegir su nivel de vida”. Pues bien, Amartya Sen, quien no podrá ser acusado de comunista es, en el más estricto sentido de la palabra, un reformista del pensamiento capitalista.

 La derecha venezolana, representada por Henrique Capriles, dada su estreches conceptual, no ha sido capaz de revisar las opiniones críticas que se le hacen, desde su mismo universo, a la ortodoxia neoliberal. Sigue atada al Consenso de Washington y a las políticas de ajuste macroeconómico; sigue teniendo al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional, como sus únicas instituciones financieras para el desarrollo nacional. Añora el retorno a las propuestas neoliberales sobre la Reforma del Estado, impulsadas por la COPRE; así como al Gran Viraje, de Carlos Andrés Pérez (1989) y al IX Plan de la Nación: un proyecto de país, de Rafael Caldera (1994), y la Agenda Venezuela, ideada y ejecutada por Teodoro Petkof, con el asesoramiento de los “Chicago Boys”.

 La derecha venezolana, representada por Henrique Capriles, sigue anclada a la obsoleta concepción que considera que, el objetivo fundamental del desarrollo está determinado por el crecimiento económico; por el aumento de los volúmenes comerciales, principalmente de las exportaciones; por las inversiones de capital financiero externo, no importándole la descapitalización nacional; que exige una mayor productividad y esfuerzo, sobre todo al sector laboral; que estimula el consumo desenfrenado de bienes y servicios, más allá de las capacidades adquisitivas que pueda tener una persona; que le asigna al Estado la función de gendarme y postula su sustitución por la “mano invisible del mercado”. Concepción esta del desarrollo, que es negadora de la Libertad.

 De manera contraria a la visión neoliberal ortodoxa, postulada por la derecha venezolana, representada por Henrique Capriles, nosotros podemos coincidir con Amartya Sen, en su visión del Desarrollo como Libertad; pero, nuestra concepción del desarrollo va más allá, es también Igualdad y Felicidad. 

 Entendemos el desarrollo como un proceso -y no como un momento o fase de una formación social determinada- en el cual la interrelación del hombre con su ambiente busca alcanzar el mayor nivel de igualdad a través de una explotación racional del conjunto de recursos (renovables y no renovables) de que dispone o pueda disponer con el fin de lograr el máximo nivel de bienestar social de la población. Proceso que supera el carácter técnico-normativo de planificación, con que se le ha concebido hasta ahora.

 La nuestra es una visión del desarrollo, pensada desde una perspectiva socialista que, sin caer en reduccionismos extremos, coloca lo social, el desarrollo humano integral, como su tema central. Partimos de la consideración de que el desarrollo no es otra cosa que la “suprema felicidad del pueblo”, su libertad, su “buen vivir”, condición que sólo es posible alcanzar si logra entenderse que la estructuración y fraguado de la formación social venezolana es un proceso sociohistórico; por lo que, la formulación de las políticas que permitan otorgarle al pueblo venezolano, dichas condiciones, estarán determinadas porque sean precedidas de una visión que tenga presente la “larga duración” de las mismas.

(*)Profesor ULA

npinedaprada@gmail.com



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Nelson Pineda Prada(*)


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