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“El paso de la niñez a la adolescencia en un mundo de contrastes de diferentes tipos revela percepciones inéditas y define nuevas conductas. Ese tránsito conflictivo y amoroso constituye la médula dramática de El manzano azul, nuevo film de Olegario Barrera que vuelve a los orígenes de su filmografía para narrar el encuentro vital entre un abuelo campesino y su nieto urbano, en medio de los páramos andinos, sin electricidad ni celular ni televisión ni computadora. Un viaje hacia lo básico. Tres meses en la vida de cada cual convertidos en un intenso y mutuo proceso de aprendizaje y cambio. Film de gran cuidado formal, meticulosamente producido, con excelente actuaciones, trabaja la vertiente del cine familiar, con humor y ternura, y profundiza una ruta para nuestra producción. Además, demuestra la madurez de un cineasta que tiene aún mucho que ofrecer.

Así reza una nota extraída de la red sobre tan maravilloso filme venezolano en donde, una vez más, Miguel Ángel Landa, luce sus enormes condiciones histriónicas haciendo el papel de un abuelo con perfume de premio.

El manzano Azul, como buena película y con aroma de exportación, no tiene tono y sus locaciones fácilmente puede ubicarse en cualquier pueblito de montaña del mundo. La editan en francés, y es francesa; en italiano y es italiana; en inglés y es inglesa.

Este trabajo de Olegario Barrera, nos permite reencontrarnos, gracias a la magia del cine, con valores sublimes como el amor, la bondad, la generosidad, solidaridad, y con esas cosas pequeñitas de la gente de montaña que vistas a la distancia e instalados en cómodas butacas nos hacen sonreír y llorar al mismo tiempo. El manzano azul demuestra que no hace falta violencia ni groserías para hacer buen cine

Lo que más me llamó la atención es cuando el vecindario hace causa común con el Abuelo y evita que el latifundista se adueñe de la pequeña finca. De nada le valió al canalla presentarse al lugar con una banda poderosamente armada, y una retroexcavadora destinada a demoler la humilde vivienda como paso inicial para saciar sus veleidades de latifundistas. En ese pasaje se nota lo invencible que es un pueblo unido defendiendo sus derechos ante sus depredadores eternos. Las únicas armas que esgrimieron los campesinos fueron machetes, palos y escardillas y, por supuesto un fábrica de cojones y de ovarios. El público, con un targets de clase media dada la ubicación del cine casi aplaudió este pasaje. Poco faltó para ellos. Es más. Se escucharon palmadas aisladas. Y es que la gente, poco a poco a ha ido tomando conciencia. Cuando un pueblo unido lucha y reclama sus derechos se torna difícil no reconocer tan sublime, soberano y dignificante manifestación. Además no hay ideología ni armas que cubran semejante frente.

TINTERO

Asistí al sepelio del G/B Wilmer Moreno. Vi mucha gente humilde, del pueblo, con los parabrisas inundados de lágrimas. Y es que a Wilmer lo quería todo el mundo. Su violenta e inesperada muerte ha consternado a mucha gente.


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Américo Hernández


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