Optimismo de la voluntad

Existen factores sociales que impulsan el cambio porque encarnan la voluntad histórica para la realización de los valores perseguidos por la humanidad a través de los milenios: la verdad, la justicia, la igualdad y la solidaridad. Este es un hecho que comprueba la Revolución Cubana, un pequeño país frente al imperio más poderoso de la historia.

Lo propio del revolucionario es el optimismo histórico y no se trata de un concepto metafísico sino basado en la lucha de clases. Para el materialismo histórico el factor principal es la clase obrera; Marx decía que él no había descubierto las clases sociales ni la lucha de clases y que su aporte científico había sido demostrar el triunfo del proletariado.

Atribuir a la clase obrera papel de primer orden en el cambio histórico no quiere decir que sea el único factor sino la clase que maneja el proceso productivo, lo cual le confiere capacidad para unir a todos los sectores objeto de la explotación capitalista, la abrumadora mayoría de la población. La Revolución Cubana ha contado con la unidad de la clase obrera desde los inicios del movimiento sindical y la dirección revolucionaria ha sabido mantener esa unidad. Aquí reside la condición básica de su sabiduría, grandeza y victorias políticas.

En la clausura de la Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba, el 29 de enero de este año, Raúl Castro afirma: “…porque tenemos el deber sagrado de perfeccionar todo lo que hacemos, perfeccionar la Revolución, tenemos el deber sagrado de no estar satisfechos jamás”  y se refiere “a la convicción de que la corrupción es, en la etapa actual, uno de los principales enemigos de la revolución, mucho más perjudicial que el multimillonario programa subversivo e injerencista del gobierno de Estados Unidos y sus aliados dentro y fuera del país”.

Subraya la necesidad de exigir la responsabilidad de todos en todas las instancias: “Vamos a comprobar que la correlación de fuerzas en todos los sentidos nos favorece en este empeño de derrotar la corrupción”.

Romain Rolland, en frase que Gramsci juzgaba acertada, hablaba “del pesimismo del pensamiento y el optimismo de la voluntad”. La Revolución Cubana demuestra y Raúl Castro lo confirma en este discurso que el optimismo está basado en la confianza del pueblo y la denuncia abierta de vicios y debilidades. La unidad de la clase obrera es el fundamento de la voluntad revolucionaria. La moral triunfa sobre las armas más sofisticadas y los inmensos recursos materiales del imperialismo.

La crítica y la autocrítica son instrumentos indispensables porque la verdad es la base de la disciplina revolucionaria en el partido y en la gestión administrativa. La complejidad de la vida social, en especial de la política, es susceptible de provocar desviaciones que es necesario detectar a tiempo. Lenin afirmaba que ni cuarenta Carlos Marx eran capaces de conocer todas las contradicciones provocadas en una sociedad en un momento determinado. La revolución, además, está en permanente búsqueda de la perfección porque trabaja para el bien común y no para el enriquecimiento de una minoría a expensas de los demás; el revolucionario no tiene por lo tanto interés en la mentira, como si lo tienen, por razones obvias, los explotadores.

Para la revolución venezolana Cuba es un extraordinario ejemplo porque somos países de la misma lengua, el mismo carácter, la misma historia y el mismo enemigo común. Se trata de un ejemplo luminoso que se ha mantenido firme después del derrumbe de su principal aliado, la URSS, una potencia militar, científica y económica. Hay que subrayar que la base social que su brillante dirección revolucionaria ha sabido mantener es la unidad de la clase obrera, que le ha permitido resistir el bloqueo y los embates imperialistas y que en estos mismos días ha cambiado su línea económica intensificando la iniciativa privada y eliminando subsidios para impulsar el desarrollo económico y mantener su lucha por la construcción del socialismo.

Solamente la unidad de la clase obrera ha hecho posible esa fortaleza que teme el imperialismo yanky, apenas a noventa millas de las costas cubanas. Ese imperio que invade países a miles de kilómetros de su territorio, después de Playa Girón, no se atreve hacerlo con la pequeña isla. Hemos tenido la fortuna de vivir la época de éste verdadero prodigio. Por eso Cuba se ha erigido en el ejemplo para los pueblos y las clases que luchan por su liberación.

robertohernandezp@gmail.com



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Roberto Hernández Wohnsiedler

Abogado y Sociólogo. Fue diputado, vicepresidente de la Asamblea Nacional, Ministro del Poder Popular del Trabajo y Seguridad Social y militante del Partido Comunista de Venezuela (PCV). Es autor del libro La Clase Obrera y la Revolución Bolivariana.

 robertohernandezw@gmail.com

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