El progreso como fin

Salir de Chávez como sea, constituye la “causa y la finalidad” que la oposición se ha trazado, para alcanzar el “progreso”; recurren, de acuerdo a la nueva gramática de la lengua española, a una “locución preposicional causal”; ya que, presuponen la valoración contraria: si no se sale de Chávez, no hay progreso.

Ello no es un falso dilema, mucho menos una simple conjetura. No, por el contrario, allí reside la fundamentación teórica con que la oposición quiere darle sustentación a su propuesta de gobierno. Invocan, de tal manera, el progreso “barnizándolo” para presentarlo como un concepto novedoso, de éste tiempo, actual.

La realidad es otra. Si algún concepto es antiguo es, precisamente, el de progreso. Revísese cualquier texto de teoría del pensamiento social y se constatará que el mismo está presente desde la antigüedad hasta nuestros días; se constatará, asimismo, que dicho concepto forma parte del léxico común de todas las corrientes e ideologías del pensamiento social. Para el marxismo, por ejemplo, el progreso es el desarrollo ascendente y permanente de la sociedad, el cual alcanzaría su máxima expresión al constituirse la sociedad comunista.

Ahora bien, cuando la oposición, y de manera particular su candidato Capriles Radonski, hablan del progreso, lo hacen a partir de la interpretación que el capitalismo ha hecho del mismo. Colocan el progreso técnico-económico como “un progreso infinito hacia el futuro, que tiene toda la apariencia de una escalera que une la tierra con el cielo”.

Y que, como bien lo ha dicho Frankz Hinkelammert: “La teoría de la acción racional, que subyace a la tradición neoclásica del pensamiento económico dominante en la actualidad, excluye la discusión del producto de la acción medio-fin como valor de uso. De esta forma hace abstracción de las necesidades del sujeto, transformándolo en un sujeto de preferencias. Habla de la utilidad de los productos, pero entiende por utilidad un juicio de gusto correspondiente a los deseos o preferencias del consumidor. De esta manera excluye de la ciencia toda discusión acerca de la inserción del sujeto como ser natural en el circuito natural de la vida humana”.

Pues bien, el capitalismo al totalizar la racionalidad medio-fin para legitimar el mercado, hace del progreso un concepto deshumanizado, con lo cual excluye cualquier referencia a la racionalidad reproductiva; la que, “no es un invento del pensamiento, sino una exigencia real”.

Es por ello que el neoliberalismo, al totalizar el mercado y estigmatizar la utopía, se plantea como fin, “que la antiutopía aparezca merced al desarrollo de la utopía de una sociedad sin utopías. La sociedad, que pretende ser una sociedad sin mitos, se mitologiza sin percibir que su pretendido realismo es un simple misticismo”. Y, ese es, precisamente, el progreso neoliberal que propone Capriles Radonski.

(*)Profesor ULA

npinedaprada@gmail.com


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Nelson Pineda Prada(*)


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