Alquimia Política

Policrisis

Hay muchas maneras de enfrentar las consecuencias de este nuevo mundo que se abrió al festín de la inconciencia desde que el hombre creyó que esa imagen y semejanza a Dios lo hacia igual y por ende capaz de hacer cambios sin importar las consecuencias. La civilización trajo mayor expectativa de vida física, pero minimizó la esencia de vida, es decir, tomando la inquietud del Sócrates del siglo IV antes de Cristo, acabó con la “virtud” del vivir.

Esto lleva a recapitular lo expresado en el 2008, por los franceses Patrick Artus y Marie-Paul Virard, en su obra “Globalización: lo peor está por llegar”. Según estos autores, el mundo global ha creado la conjunción de cinco características esenciales que terminarán por hundir las posibilidades del planeta de salir de la hecatombe de la crisis política: 1.- Un Estado que se comporta como máquina no igualitaria que socava los cimientos sociales y atiza las tensiones entre los miembros de la sociedad; 2.- una sociedad que se comporta como una gran caldera que quema los recursos escasos, favoreciendo las políticas de acaparamiento y acelerando el calentamiento del planeta; 3.- un Estado que inunda el mundo con liquidez y estimula la irresponsabilidad bancaria; 4.- un Sistema financiero que se comporta como un casino en el que se expresan todos los excesos del capitalismo; y 5.- una organización societal que anida intereses individuales y que como centrífuga busca implosionar los esfuerzos menudos de quienes ofrecen nuevos modelos de organización social en el marco de los Estados Nacionales Modernos.

En una palabra, el mundo global está amenazado y lo que ha llamado Edgar Morin (Paris, 1929), policrisis, se refiere al punto más elevado de esa amenaza, la cual se materializa con el desgaste del modelo occidental concéntrico que a dilapidado las posibilidades de fusionar lo humano con lo trascendental de la razón de vivir que es la “virtud ciudadana”. La crisis es de valores, de conciencia, no de “cosas materiales”. El hombre destruye su medio ambiente, lo contamina, ataca a sus semejantes, les quita cosas, le impone ideas y hasta violenta la dignidad, todo como pretexto de ser quien ostenta mayor poder sobre otros; y resulta que el poder está en la visión compartida, en el trabajo cooperativo, en la solidaridad, en el bien común, en el hacer haciendo, en el aprender aprendiendo, en el vivir viviendo…En su último libro, “La Vía” (2011), Morin expresa: “La crisis ecológica se acentúa con la degradación creciente de la biosfera (lo que provocará nuevas crisis económicas, sociales y políticas);…La crisis de las sociedades tradicionales deriva de la occidentalización que tiende a desintegrarlas;…La civilización occidental, que produce las crisis de la globalización, está ella misma en crisis. Los efectos egoístas del individidualismo destruyen la antigua solidaridad…La crisis de la modernidad occidental ocasiona que las modernas soluciones para la crisis sean irrisorias…La crisis demográfica se amplifica a causa de la conjunción de diferentes fenómenos: la superpoblación de los países pobres, la disminución de la población de la mayoría de los países ricos y el desarrollo de los flujos migratorios engendra esa miseria…La crisis del mundo rural es una crisis de desertificación, provocada por la importante concentración urbana y la extensión de los monocultivos industrializados, entregados a los pesticidas, privados de vida animal, así como por las dimensiones de la ganadería industrializada, productora de alimentos degradados de las hormonas y los antibióticos…”

Simplificando, la policrisis a la que enfrenta el mundo moderno, se agrava por la incapacidad de pensar los problemas de manera integral y humana; las soluciones no vendrán de modelos matemáticos ni alta ingeniería social, vendrá en pensar como la gente y desde las situaciones puntuales y reales de la gente. La intervención del Estado en la Sociedad ha de estar inscrita en políticas públicas que develen las necesidades reales a satisfacer, siempre abanderando que no es más feliz el que más tiene sino que el que menos necesita.

A todas estas, hay que apostar al conocimiento (la educación); no es sólo tener esperanza en que las cosas mejoren y trasciendan, sino en que hay que formar ciudadanos planetarios inscritos en el saber de la razón y la conciencia, porque, tomando la frase de Morin, “…no puedo ignorar mi ignorancia”.

azocarramon1968@gmail.com


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Ramón E. Azócar

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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