Antes y después del 4F de 1992

Endeudada, empobrecida, Venezuela perdió en el curso del gobierno puntofijista una parte de su identidad e independencia que constituía su riqueza. Por relación a las cifras de 1998, lo que nos quedó fue 80% de pobreza y 30% de pobreza crítica, la miseria era insoportable en los barrios marginales, el petróleo regalado a 7 dólares el barril, apenas pagaba los costos de extracción, esa es la triste realidad de aquella Venezuela. En las producciones de alimentos esenciales, la baja fue flagrante y correspondió a una disminución a la superficie rústicamente cultivada. La violencia, la delincuencia común y la de cuello blanco campeaban libremente, igualmente los asesinatos y sicariato. El tráfico y el consumo de drogas estaban a la orden del día, (incluidos dirigentes políticos, altos personeros del gobierno y la burguesía).

La inesperada prosperidad fiscal y la manera como eran distribuidos esos ingresos alteraron el comportamiento nacional. La circunstancia de no contar el Estado con un equipo profesional realmente preparado para manejar el gigantesco patrimonio hizo más fácil su aprovechamiento por los grupos rapaces económicos que debido a su larga actuación estaban en capacidad para aprovechar desde el primer momento las nuevas condiciones.

En el venezolano de esa época no existía el amor al trabajo ni la vocación de servicio ni el espíritu de sacrificio. No se han ocupado de hacer hombres y mujeres, socializándolos, dignificándolos, devolviendo el alma a la patria, devolviéndoles su espíritu, su coraje y devolviéndoles su honor y su gloria.

A pesar que es una ley que la juventud hay que alimentarla bien y educarla mejor, para que así esté preparada para el encuentro con su destino y ocupe el lugar histórico que le corresponde; a pesar que había conciencia de que estábamos en un mundo explotado, dependiente y alienante, casi sin posibilidades y camino a la miseria. Nada se ha hecho por ese futuro que era la misma patria. Todas las medidas y programas eran populistas y sólo perseguían mantener el clientelismo político, la altísima burocracia y la corrupción lo minaba todo

Las principales áreas de la producción y del mercado nacional estaban (están todavía) en manos de extranjeros inescrupulosos apoyados por políticos de partidos que les daban patentes de corso para una especulación libre y al galope.

La crueldad y crímenes del gobierno de Pérez Jiménez no fueron actos trascendentes, pues estos no destruyeron la nación; sin embargo, los malos políticos estaban creando un estado mental que llevaba a la gente a no trabajar, y esto si nos hundía. Los escasos individuos preocupados por la situación imperante eran semidemocráticos con ideas republicanas, los movía el deseo de ser libres e independientes, eran unos románticos.

Lo triste era que en lugar de recoger y fortalecer la ideología de la revolución libertadora se dejaron llevar por el cuello hacia el socialcristianismo, socialdemocracia, con ideas sociopolíticas ajenas a nuestro medio y costumbres. No ha existido una planificación nacional con visión futurista, y así facultos a última hora han elaborado mamotretos llamados “Plan de la Nación”, que ni los conocía el pueblo, ni se han cumplido.

Por supuesto que aprovechadores y corruptos han medrado y enriquecido a la sombra de la renta petrolera, han contribuido a hacer peor el buen vivir del pueblo. Pero no es que esos gobiernos malévolos y variopintos hayan torcido el rumbo. Es que el rumbo era ya de suyo torcido. Y de lo que se trata es de crear una voluntad colectiva. Hacer con la economía rentista una sociedad no-rentista.

La producción de la pequeña y mediana industria disminuyó a niveles mínimos, particularmente en los textiles y en la producción de servicios; todo fue absorbido por la industria de puertos, aumentando las importaciones a gran escala.

Las organizaciones políticas debían ser participativas y eficientes, pero aquí había imperado la mediocridad y la audacia con su secuela: la corrupción. La democracia se había caracterizado por la alternabilidad de un bipartidismo donde a un gobierno malo le sucedía otro peor y donde los sicarios del honor, la dignidad y del valor eran los grandes líderes, sin mensajes, sin ejemplos dignificantes. La mayoría de los líderes no habían llegado por méritos sino por ser más o menos fieles al Amo, y su liderazgo sólo era respaldado por el dinero disponible. No se han ocupado de incrementar ni siquiera la formación intelectual y práctica. Al que no sabe cualquiera lo engaña y al que no tiene cualquiera lo compra.

Esa abundancia de dinero mal habido extendió sus tentáculos a todas las instituciones. Había dinero para todo, incluso el cohecho y la dadiva generosa para ablandar conciencias. Los jueces tasaban sus sentencias y los abogados su participación en las causas que defendían; los industriales y comerciantes aumentaban sus precios justificándolo con los altos sobornos pagados para poder producir los bienes que ofrecían al consumo. Mientras, tanto políticos y congresantes cobraban y se daban los vueltos en actividades muy distantes y diferentes a aquellas para las cuales, en teoría, habían sido designados por el pueblo.

De allí que nuestros dirigentes en estos momentos están en la obligación de no olvidar la admonición del Libertador, dicha el 15 de febrero de 1819, ante el Congreso de Angostura: “El sistema de gobierno más perfecto, es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”.

Hasta la Victoria Siempre y Patria Socialista.

¡Venceremos!

manueltaibo1936@gmail.com


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Manuel Taibo


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