Redes antisociales

Ya es hora de que las leyes lleguen hasta ese espacio, para que no se sigan enfermando mentes infantiles y los adultos volvamos a creer el cuento de que vivimos en una sociedad decente.

No sabemos de quién fue la idea de llamar "redes sociales" a esos espacios virtuales que permiten que la gente se comunique entre sí, de manera simultánea y sin restricciones.

Probablemente, el fenómeno numérico deja pequeños a los medios de comunicación tradicionales y permite el intercambio de opiniones, pero ciertamente ha dado lugar al mismo tiempo a una insaciable sed de morbo, de violencia y de confrontación, con detalles despreciables parecidos a los de una guerra.

En un conflicto bélico suelen existir ciertos códigos éticos, como el de brindarle ayuda al enemigo, si éste está herido, y no dispararle por la espalda.

Admitimos que ésta visión resulta anticuada, si la comparamos con la ferocidad y desproporción de fuerzas con la que actúan algunas potencias, frente a adversarios más débiles. Pero el principio no deja de tener validez y sentido, porque hasta para matar debe haber algún rasgo de moralidad.

Eso no sucede en internet, donde suelen aparecer, generalmente firmados con seudónimos, los insultos más degradantes, los deseos más oscuros, en fin, los más siniestros rincones del alma.

No sabemos a ciencia cierta si el ser humano ha sido siempre así, tan asqueroso y cargado de tan malas intenciones, o es que la telemática ha puesto a prueba el muro de protección de los principios y ha permitido que afloren los más bajos instintos.

Recientemente, hemos podido constatar hasta dónde alcanza el sadismo de los cibernautas y el odio parejo que anima a muchos. Dantescas fotos de un artista muerto en un accidente y las de un niño violado y asesinado en Portuguesa, circularon profusamente sin que nadie le haya puesto un parao a tanto desenfreno enfermizo.

Igualmente, Gustavo Dudamel y Winston Vallenilla recibieron buenas dosis de veneno opositor, del más corrosivo, por haber participado en el concierto a propósito de la instalación de la Celac.

Hasta al inventor de "facebook" le dieron esta semana un sorbo de su propia medicina, cuando intrusos invadieron su intimidad. Ya es hora de que las leyes lleguen hasta ese espacio, para que no se sigan enfermando mentes infantiles y los adultos volvamos a creer el cuento de que vivimos en una sociedad decente.


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Mariadela Linares


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