El plebiscito petrolero de 2012

Desde hace aproximadamente cien años, la base material de la sociedad venezolana descansa sobre un barril de petróleo. A partir de 1920 con la promulgación de nuestra primera Ley Petrolera, la vida del venezolano se petrolizó  en  cuatro  dimensiones:

En primer lugar, el Estado decidió sacarle a la actividad petrolera la mayor cantidad de renta posible; cuestión ésta que ha marcado tanto al periodo con cesionario de nuestra historia hidrocarburera (1910-1975), así como al último tramo de esta historia que arrancó en 2001 con la promulgación de la vigente Ley petrolera, dictada por el Comandante Chávez. El lema político-nacionalista  de esta vocación rentística ha sido, la búsqueda del precio justo para el petróleo venezolano que ha ganado la voluntad de varias generaciones de connacionales.

En segundo lugar, en la medida que el Estado fue captando una mayor cuota de renta petrolera, las finanzas públicas se independizaron del resto del aparato productivo nacional. Este Estado se enriqueció parasitariamente y distribuyó los proventos rentísticos atendiendo a la estructura de clases sociales vigente. En consecuencia, desde el más encumbrado venezolano hasta el más humilde, comenzaron también a vivir parasitariamente de la renta petrolera.

En tercer lugar, a partir de los años finales del Gomecismo la lucha política en la sociedad venezolana se enfocó en dirimir quien controlaba el presupuesto nacional engordado en base a la renta hidrocarburera. Esta situación dio lugar a la idea de que Venezuela es un país inmensamente rico, pero administrado por políticos corruptos y ladrones. Las clases dominantes encontraron en este credo, una coraza para ocultar sus interese coyunturales y estratégicos.

En cuarto lugar, los intereses foráneos que explotaban el petrolero criollo así como las clases explotadoras internas, le administraron al pueblo un arsenal de ideología materializado en el analfabetismo petrolero, como expediente para ocultar los interese de clase que se batían por el control de las ganancias extraordinarias y de los proventos rentísticos. En otras palabras, se creó un discurso petrolero destinado a confundir da las masas venezolanas sobre la verdadera naturaleza de la cuestión petrolera nacional; siendo tan efectiva esta tarea ideológica que   el pueblo venezolano es hoy en día, una de las comunidades más  ignorantes en materia petrolera.

Las clases humildes de este pueblo barnizado de petróleo decidieron a partir de 1998, tomar el control del gobierno a través de la figura del Comandante Chávez; quien dentro de sus grandes aciertos políticos, ha decretado que la renta petrolera debe estar destinada, a honrar la gran deuda social que el Estado tiene con los más necesitados del país. Este compromiso con los humildes, empuja al gobierno bolivariano a buscar una mayor cuota de renta petrolera a costilla de los consumidores externos de nuestro principal rubro exportable. Este propósito político de la Revolución Bolivariana necesariamente la ha llevada chocar de frente con los interés estratégicos del imperialismo, pues, desde los años setenta de la pasada centuria, los líderes del capitalismo mundial, determinaron que la crisis económica que entraba la acumulación de capital desde aquellos años, sólo será superada en la medida que los países capitalistas avanzados logren  apoderarse de los recursos naturales de los países periféricos. En 1973 el imperialismo creó el Agencia Internacional de Energía, a fin de lograr este cometido en relación al petróleo. Este organismo diseñó desde esa época una agenda petrolera para los países miembros de la OPEP, consistente en privatizar el recurso natural y borrar cualquier vestigio de renta petrolera que afectara la tasa de ganancia del capital imperialista. Esta agenda fue implementada en Venezuela por los meritocratas de PDVESA, encabezados por Sosa Pietri, Calderón Berti y Luis Giusti.}, quienes a través de los programas de Internacionalización de la industria y de la Apertura Petrolera, estuvieron a punto de lograr sus cometido. El triunfo del Chávez en 1998 fue un palo cochinero para darle solución de continuidad a esta agenda petrolera desnacionalizadora. Sin embargo, el imperio no se ha rendido y hoy como nunca apuesta a la recolonización de los países subdesarrollados, a fin de controlar las fuentes de energía fósil tan necesarias para superar la profunda crisis económica que lo afecta actualmente. En Venezuela actualmente la agenda petrolera del imperio es defendida a capa y espada por la llamada Mesa de la Unidad y ya varios de sus líderes comienzan a vociferar los intereses petroleros del imperialismo.

En este orden de ideas, consideramos que las venideras elecciones del 2012, más que dirimir quien será el próximo presidente de los venezolanos, apuntan más bien, a determinar cuál de las dos agenda petroleras que están a sobre la mesa será la que se le impondrá en Venezuela: La del Imperio/MUD, o la de la Plena Soberanía defendida por el Comandante Chávez. En consecuencia, debemos concientizar a nuestro pueblo de lo delicado de las próximas elecciones presidenciales, y recoger las palabras del nuestro presidente, cuando no solamente llama a constituir un Quinta Internacional para enfrentar al capital en la globalidad, sino que también nos ha convocado por un lado, a defender la creación de una Súper-OPEP donde militen solamente los países comprometidos con los intereses petroleros de los pueblos y no con las apetencias imperiales  y por el otro, a convertir la defensa de nuestro petróleo,  en la principal bandera de la oferta electoral bolivariana. En dos platos: vamos asistir en 2012 a un plebiscito petrolero, ni más ni menos.

Prof. UNEFM 

trompizvalles@hotmail.com

                                           




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Humberto Trómpiz Valles*

Historiador y profesor universitario jubilado, especializado en historia petrolera de Venezuela.

 htrompizvalles@gmail.com      @trompizpetroleo

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