La crueldad por los caminos de América

Cuenta Herrera Luque: No han terminado de desembarcar los hombres de Ojeda en Tierra Firme, cuando ya comienzan a caer abatidos por los indios de Santa Marta. Según Las Casas, los indígenas no hacían más que recordar los atropellos que los españoles les venían haciendo desde 1499, fecha en que el mismo Ojeda inicia los viajes de reconocimiento de la parte Norte de Suramérica. En esta expedición y en la parte de Nicuesa todo es tragedia, no sólo de los españoles para con los indios, sino de éstos contra aquéllos. De los mil cien hombres de Ojeda y Nicuesa, quedan con vida unos doscientos. Los españoles esta vez pagan caro sus crueldades. Nicuesa no mata solamente indios, los soldados españoles se mueren como moscas bajo el látigo del feroz gobernador; de sus setecientos hombres apenas le quedan cien con vida. Hartos de su tiranía lo condenan a embarcarse en un cascarón desvencijado con 17 hombres de su partido. Como es de suponer, nunca más se llega a saber del primer gobernador de Castilla de Oro. Enciso, sustituto de Ojeda, es desconocido por sus hombres. Se arguye que es  cruel, cobarde y obstinado. En lugar de ambos se elige a Vasco Núñez de Balboa. Por primera vez en la historia, los españoles se insubordinan para unirse. La gobernación de Balboa es la primera cabeza de puente que España lanza sobre la Tierra Firme del Continente Americano. Su historia tarda en demostrar que los métodos y principios cruentos son los mismos que los de La Española. Desde 1512 hasta 1514, fecha en que llega el sanguinario Pedrarias, quien habrá de sustituir a Balboa y también degollarlo, el Descubridor del Mar del Sur y su gigantesco perro cubren de muertos y crueldades toda la región del Istmo. Poco o nada difiere la crueldad de Balboa de la de Ovando, Velázquez, Esquivel y Ponce de León. Nada de lo que sucede en Panamá es nuevo para Santo Domingo, Cuba, Puerto Rico y Jamaica. 

Tanto sus capitanes como sus soldados son alumnos de la misma escuela. Los doscientos hombres de Balboa siguen matando, torturando, quemando a indios vivos o tirándolos a sus perros como lo vienen haciendo desde el 94. Lo único que cambia es el nombre de los capitanes. Con el mismo grito de Santiago, arrasan a sangre y fuego el pueblo del cacique Careta, su protector. La gente de la aldea duerme cuando aparece Balboa con su cortejo de asesinos y comienza a dar mandobles contra los indios dormidos. En ese mismo día Careta y sus gentes habían festejado y dado de comer a los conquistadores. Su error fue dejarse ver unos ídolos de oro. 

En otra ocasión un teniente de apellido Morales se ve rodeado de los padres y maridos de las cien mujeres y niños que lleva cautivos. No se le ocurre nada mejor a este capitán y a su gente, entre los que va Pizarro, que cortarles la cabeza a sus prisioneros y lanzárselas a los sitiadores. 

En 1514 llega a Castilla de Oro como gobernador Pedro Arias Dávila, “El Enterrado”. Con L´pez de Aguirre y Carvajal, tiene el triste honor de constituir la Trinidad del Crimen. No han pasado dos años de haber llegado y condena a muerte a Vasco Núñez de Balboa. No tanto por sus crimines, que eran muchos, sino por envidia. No le detiene el brazo criminal el hecho de que Balboa sea su yerno. Durante su gobernación desaparece en Nicaragua nada menos que dos millones de indios. Asesina también a Hernández de Córdoba, pacificador y conquistador de Nicaragua. 

Pedrarias es uno de los peores tiranos y asesinos que conoce la historia de América. Asesinos sombríos son sus capitanes. Hombres como Ayora y Morales irradian destellos de muerte por donde pasan. Los crímenes con los indios no cejan hasta que éstos estén totalmente extinguidos. 

La conquista de México es también cruenta. López de Gomara refiere como Cortés hizo cortarles las manos a cincuenta indios que parecían espías. Pedro de Alvarado, su lugarteniente, el que va a despoblar a Guatemala y Centro América con sus conquistas, hace pininos de crueldad en México, como en su célebre matanza en Pascua Florida.

Alvarado irrumpe, de pronto, sobre un grupo de príncipes que en sana paz celebran la festividad del maíz, y, sin decir ni pio, los pasa a todos a cuchillo. 

La conquista del Perú  por Almagro y Pizarro es sin duda, la que mayor saldo de criminalidad arroja. Según Las Casas, los españoles mataron en el Perú cuatro millones de indios, entre ellos a su emperador. No hay cronista que no critique acerbamente esta medida de Pizarro. López de Gomara, refiriéndose a este hecho, escribe en su Historia de las Indias: “No hay que reprender a los que lo mataron, pues el tiempo y sus pecados los castigaron después; todos ellos acabaron mal, como el proceso de sus historias veréis”. Los indios mueren  como moscas. Los llevan de la Sierra al Mar y del Mar a la Sierra. Los apalean y torturan. Como en Santo Domingo, los indios del Perú se suicidan en masa. Pizarro y Almagro no fueron menos duros con los españoles que con los incas. Esta redondilla, enviada al gobernador de Panamá, aludía a la suerte que corrían en el Perú, a manos de Pizarro, los españoles que su socio Almagro iba a reclutar a Castilla de Oro. 

Cinco años más tarde, Pizarro condena a muerte a su compañero de veinte años de aventuras. Un año después, Pizarro es asesinado por la gente de Almagro. El Perú  es la tierra de las guerras civiles. En 1542 los partidarios de Almagro, el joven, son decapitados por Vaca de Castro. En 1543, los colonos se declaran en rebeldía contra el virrey Blasco Núñez de Vela y lo asesinan. Los comanda Gonzalo Pizarro. No han pasado tres años de este hecho cuando ya Pizarro está decapitado por La Gasca.

Todavía el 1554 se alza en guerra civil Hernández Girón.

El Perú es la tierra de donde salen para su aventura Lope de Aguirre y su gente. Es la tierra también del mayor asesino que tuvo el Nuevo Mundo: Francisco de Carvajal, el demonio de los Andes. Los lugartenientes de Pizarro, Belalcázar y Valdivia, riegan de sangre el Ecuador y Chile. Al primero se le llama a España por sus crueldades. El segundo es un gran empalador. De los hombres de Chile dirá su cronista Ercilla: Sedienta bestia, hidrópica, hinchada. Principio y fin de todos nuestros males. 

El adelantado Pedro de Mendoza y sus capitanes, son fieras despiadadas con los indios y los españoles. Irala, uno de sus tenientes, es tan cruel como Carvajal. Venezuela será una de las regiones más azotadas por los Viajeros de Indias. Por el oeste le caen los Welzares; por el naciente, Lope de Aguirre.

Esta es la historia de la conquista de la América Española. No hay un solo lugar de esta tierra donde no se hayan hartado de sangre. No más de 25.000 hombres intervinieron en esta empresa. 

¡Gringos Go Home!

¡Libertad para los cinco héroes de la Humanidad!

Hasta la Victoria Siempre y Patria Socialista.

¡Venceremos! 

 



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Manuel Taibo


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