Parte IV

La colonización del saber

  Fresco está aún el recuerdo del “default” mexicano del año 1982. La patria de Morelos, al igual que Argentina, era presentada como el modelo a seguir por las demás naciones del hemisferio. Se hablaba, entonces, de los milagros mexicano y argentino. El imperio hacía alarde de su contribución en el “éxito” de ambas economías. Anunciaba como un gran logro que ambas naciones desecharan el welfare state y asumieran el libre mercado.

      En 1982, México no pudo afrontar definitivamente los pagos de la deuda externa, con los organismos internacionales y otros entes financieros. A Argentina le ocurrió lo mismo, en el 2001se produjo el famoso “corralito”.

      El excesivo endeudamiento externo -de ambas naciones- hubo de ser colocada como la razón que explicaba el origen de la crisis vivida. Se ocultó que los países industrializados, con su decisión de aumentar las tasas de interés al comercio internacional descapitalizaban, aún más, a las economías pequeñas, subdesarrolladas y dependientes; a la vez que, estimulaban la inversión de capital en actividades económicas cuya rentabilidad se alcanzara en el corto plazo.

      La realidad era otra. Modelo de desarrollo de crecimiento hacia afuera. Modelo de desarrollo de crecimiento hacia adentro. Modelo de desarrollo de crecimiento desde dentro. Modelo de desarrollo industrial sustitutivo de importaciones. Modernización vía el cambio social; han sido, entre otros, los nombres que se le ha dado a los distintos modelos de desarrollo que el imperio nos imponía. Sin embargo la ansiada modernización y el anhelado desarrollo, cada vez estaba más distante.

      A los años ochenta se les definió como los de la “década pérdida”. Denominación que fue utilizada para conceptualizar la crisis económica vivida por Inglaterra durante los años 1945-1955. De nuevo se recurrió a un término que no nos era propio, para definir la crisis vivida.

      Crisis de los ochenta, década pérdida, cualquiera sea el nombre que se le dé no hacía más que demostrar que el modelo de desarrollo capitalista, en América latina, se había agotado.

      El imperio diseño una nueva estrategia. Nicholas Brady, ex Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, y su Plan Brady (1989), habría de ser el nuevo “mago” que sustraería a la región de la recesión económica.

      Su primer gran descubrimiento fue reconocer que la deuda externa latinoamericana, por su excesivo  monto, era impagable. Por lo que, nuestras naciones debían “acordar” con el Fondo Monetario Internacional, el compromiso de implementar un conjunto de medidas económicas en materia fiscal y monetaria de carácter neoliberal. Acuerdo con el cual se comprometía a nuestras naciones a realizar un depósito a favor del FMI, como garantía del pago de los intereses de la deuda externa. Se hipotecó nuestra soberanía, nuestra libertad, nuestra libre determinación como pueblo.

      Se inició una nueva fase de la colonización del saber. Se nos quiso hacer creer que las leyes del mercado serían la panacea a partir de la cual se resolverían los agudos problemas sociales, que se habían apoderado de nuestras sociedades.

      Con la totalización del mercado se dio inicio a la instrumentación del antiutopismo, negándose, de tal manera, toda  posibilidad de imaginar la construcción de sociedades mejores. Totalitarismo a partir del cual se pregonó, con mucha fuerza, “el fin de las ideologías”, cuyo único objetivo no era otro que dar muerte a la esperanza. A la esperanza de vivir mejor, de tener y hacer realidad los sueños, las utopías.

      Pues bien, estimados amigos que tuvieron la paciencia de leer estas reflexiones sobre la colonización del saber en nuestra Latinoamérica, es hora de reflexiones profundas. De reflexionar sobre la necesidad de vivir libremente, sin represiones. De alcanzar el Buen Vivir.

      Por lo que, debemos desarrollar una cada vez mayor participación de los colectivos sociales, en los asuntos que le son inherentes para su existencia humana; debemos entender que lo político y lo existencial no son distintos. Entre ellos no existen fronteras que les separen.

      Para derrotar la colonización del saber, del pensamiento, debemos edificar nuevas sociedades. En donde impere la justicia social, la equidad, la igualdad, la libertad, la felicidad.

      Amigo lector, póngale usted el nombre que mejor le parezca, pero esa nueva sociedad tiene que ser radicalmente distinta a la modernidad capitalista. Yo me sumo a quienes preferimos llamarlo: SOCIALISMO DEL SIGLO XXI. 

npinedaprada@gmail.com



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Nelson Pineda Prada (*)


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