El rollo de la carne

El Minal anunció que para la semana que entra revisará los precios de los cortes que se han desaparecido como por arte de magia de los refrigeradores de supermercados y afines

Por los lados de La Campiña, cerquita de Pdvsa, hay una carnicería que pretende que usted le pague a 45 bolívares el kilo de "falda", mucho más del doble del precio de la carne regulada.

Y por los predios de Las Palmas hay un frigorífico que, si usted acepta gustoso el ofrecimiento de que le quiten la grasa, terminará pagando el kilo de lo que sea a más de 65.

O sea, el paso del cuchillo por la presa de la res cuesta más o menos lo que cobraría un cirujano por hacer lo propio en el cuerpo de uno. La operación no toma más de un minuto.

El Minal anunció que para la semana que entra revisará los precios de los cortes que se han desaparecido como por arte de magia de los refrigeradores de supermercados y afines.

Como hemos escrito otras veces, porque no es la primera vez que esto sucede, las vacas parecieran nacer ahora sólo con lomito y sin ninguna de sus partes reguladas.

En algún congelador están esperando el acuerdo para subirles el costo que habremos de pagar por ellas.

Probablemente, sucederá en estas discusiones lo que está aconteciendo con los profesores universitarios, a quienes un aumento, nada más y nada menos que de 40%, les parece una pichirrez y aspiran a la bicoca de 120% de incremento.

Nos quedan 18 largos meses en los que viviremos de escasez en escasez. Así como el aceite cogió el camino de los desaparecidos, poco a poco la margarina hará lo propio, así como la harina de maíz, la leche, el azúcar, el arroz y todos esos productos fundamentales que si faltan en la mesa, la culpa probablemente la tendrá Chávez.

Si el Gobierno acepta estos chantajes, a una huelga le seguirá otra, y una ausencia en los anaqueles será la señal de otras muchas que vendrán.

Es el eterno golpe económico con el que pretenden ahorcarnos cada vez que se acercan procesos electorales.

Algún chavista inteligente debería estar preparado para producir buena cerveza, no vaya a ser que al oso le dé por hibernar en pleno verano y a los venezolanos, de una u otra tendencia, le quiten uno de sus emblemas más preciados.

Deberíamos ir acostumbrándonos a tomar ron. Es igualmente refrescante y por lo menos ahí hay suficiente competencia.


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Mariadela Linares


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