¿Cómo callar a la ultraizquierda?

Del rojo rojito al rosado rosadito

El ministro Maduro calificó como “ultraizquierda” a los centenares de revolucionarios que protestaron ante la cancillería por la captura y posterior entrega a Colombia del revolucionario Joaquín Pérez Becerra. De esta forma la burocracia chavista se ve obligada a reconocer públicamente su condición propia de izquierda “moderada”. Al final ha resultado que la burocracia que se jactaba de ser rojo-rojita ha involucionado perversamente hacia colores mucho más tenues, y habría que llamarlos ahora rosado-rosaditos.

Porque nos hacemos inmediatamente la pregunta: ¿En qué lugar del mundo la izquierda moderada ha conducido procesos de transformación social? Todas las izquierdas moderadas del mundo terminan negociando y doblegando sus pretendidos principios socialistas a las presiones del imperialismo. Allí tenemos ejemplos recientes: Zapatero en España, Bachelet en Chile, Rouseff en Brasil.

Tenemos hoy de ejemplo en vivo y en directo al régimen de Kadafi en Libia. Las concesiones, las negociaciones, la entrega total ante las multinacionales no le fue suficiente a Kadafi para impedir el brutal ataque imperialista que hoy sufre su gobierno. De nada sirve cumplir las “normas internacionales”, que le recordamos a Chávez y sus ministros que son impuestas por las propias potencias imperialistas, y que dichas potencias violan cada vez que las leyes internacionales no les sirven para sus intereses expoliadores.

El presidente Chávez ha asumido su responsabilidad en la entrega de Pérez Becerra a Colombia. “Yo cumplí con mi responsabilidad y lo entregué”, dijo en cadena nacional a todo el país. Argumentó que recibía presiones de “parte y parte”. Nosotros lo interpretamos como que escogió entre satisfacer las exigencias del imperialismo, antes de cumplir las exigencias del pueblo revolucionario.

Sobre esta polémica suscitada por la entrega de Pérez Becerra puntualizamos lo siguiente:

  1. La entrega de revolucionarios a gobiernos abiertamente fascistas ha sido una práctica constante del gobierno de Chávez. Primero fueron varios exiliados vascos que tenían dos décadas viviendo en Venezuela, y que fueron entregados sin procedimiento judicial alguno al gobierno ultraderechista de Aznar. Luego se ha sucedido año tras año la entrega de personas supuestamente vinculadas a los grupos guerrilleros colombianos.
  2. Ahora que sucede la entrega descarada de Pérez Becerra, la sombra de la duda se extiende sobre la captura de Rodrigo Granda en Caracas en diciembre de 2004. Sabemos por investigaciones propias que funcionarios del CICPC y el propio ministro del interior de esa época, Jesse Chacón, cumplieron un papel por lo menos en la cobertura-protección de dicho secuestro, probablemente contando con la participación de sectores de la Guardia Nacional. Pensábamos antes que esa gente había actuado por su cuenta, pero ahora nos preguntamos si no fue sencillamente otra “acción encubierta” propia de esa diplomacia secreta que a Chävez le gusta ejecutar.
  3. A propósito de la diplomacia secreta, ya antes hemos denunciado la voltereta política que acaba de hacer Chávez al reunirse con el presidente de Honduras en presencia del presidente colombiano, y aceptar el regreso de ese país a la OEA. En un solo acto, Chávez legitimó a Porfirio Lobo, cuyo gobierno surgió como resultado del golpe de estado contra el presidente constitucional Manuel Zelaya, y legitimó a la vez a la OEA, cuando en los últimos meses había reiterado una y otra vez su caducidad histórica y la necesidad de sustituirla por una organización propia de los países latinoamericanos. Realmente hemos presenciado un cambio abrupto en la política internacional del gobierno bolivariano, doblegándose peligrosamente a las presiones del imperialismo. Estos tres casos: entrega de Pérez Becerra, reconocimiento del gobierno de Honduras y legitimización de la OEA ejemplifican este cambio de posturas del gobierno “revolucionario” que encabeza Chávez.
  4. Pareciera que hay dos factores que están influyendo en esta pérdida del rumbo revolucionario por parte de Chávez. El primero de ellos es el ataque frontal de la OTAN contra Kadafi buscando asesinarlo para acabar por medios militares con su gobierno de más de 40 años. El segundo factor es el caso Makled, cuyas acusaciones contra buena parte del alto mando militar  y algunos ministros del gobierno venezolano, involucrándolos en múltiples casos de narcotráfico y corrupción, ha colocado en entredicho la moralidad de la cúpula bolivariana.
  5. Si Chávez cree que dando concesiones al imperio logrará salvar el cogote, que se vaya bajando de la nube y vea lo que sucede en Libia. De nada le servirá doblegarse a las presiones del imperio, y lo único que se logrará será siempre en perjuicio de los intereses de los pueblos de Venezuela y el mundo.

Finalmente, el caso Pérez Becerra, junto a la reunión Chávez-Santos-Lobo en Cartagena, han dado a conocer dentro y fuera del país una diplomacia secreta profundamente contrarrevolucionaria que viene practicando el gobierno de Chávez desde hace muchos años.

Nosotros afirmamos, con la moral revolucionaria muy en alto, que los equivocados son quienes prefieren entregar a revolucionarios genuinos ante gobiernos ultraderechistas antes de contradecir las presiones del imperialismo. El sistema judicial colombiano ha convalidado y justificado el genocidio continuado contra activistas populares y militantes de organizaciones revolucionarias. Ninguna garantía tiene Pérez Becerra de que sus derechos humanos más elementales sean respetados, garantías que por cierto el gobierno venezolano ni siquiera se tomó la molestia de solicitar a su homólogo colombiano.

Chávez y sus burócratas rosado-rosaditos parecen haberse molestado por la protesta de lo que ellos llaman “ultraizquierda”. Le respondemos que a mucha honra eso de llamarnos ultraizquierda. Lo entendemos como el reconocimiento de que hay sectores políticos y organizaciones populares que se ubican a la izquierda del gobierno bolivariano. Y eso es totalmente cierto. Que no tengan pena ellos (los burócratas) de reconocerse como “moderados”, como “reformistas”. Que seguiremos protestando y exigiendo a la revolución que cumpla con su discurso socialista. Continuaremos aportando en pro del programa político que declarativamente proclama el presidente Chávez, y presionando desde la calle para que esas transformaciones se hagan realidad.

El socialismo bolivariano no puede quedarse en el puro discurso. En cierta forma la revolución bolivariana representan un faro de esperanza para las luchas de los pueblos de todo el mundo, que hoy enfrentan la ofensiva neoliberal de reformas laborales en Europa y los Estados unidos, y la agresión militar abierta contra países como Irak, Afganistán, Pakistán, Libia y Palestina.

En este contexto de agudización profunda de la lucha de clases en todo el mundo, lucha en la cual el imperialismo lleva la iniciativa y obtiene por ahora las victorias, la burocracia rosadita prefiere despotricar de la ultraizquierda y calumniar a quienes nos ubicamos en posiciones genuinamente revolucionarias. Nuestro compromiso con la revolución no está sujeto al juicio de un burócrata como Maduro.

Puede estar seguro el pueblo venezolano que una agresión imperialista nos encontrará en la calle, con las armas en la mano, defendiendo esta revolución. Pero no nos queda muy claro si patiquines como Maduro y demás burócratas rosaditos harán lo mismo.

En vez de discutir internamente como callar a la ultraizquierda, como sacar del aire a páginas contestatarias como aporrea, como terminar de destruir a organizaciones autónomas de los trabajadores como la UNETE, conminamos a la burocracia rosadita a que se ocupe de ejecutar realmente el programa socialista que el pueblo venezolano continúa respaldando. Demuestren con hechos su vocación revolucionaria, hagan realidad la democracia protagónica, el control obrero, el poder popular real, sin cortapisas ni trabas partidistas ni estatales.

La revolución bolivariana está amenazada por el imperialismo. Pero eso no debe interpretarse como amenaza contra Chávez y sus ministros. Es una amenaza real y verdadera contra el pueblo venezolano y todos los pueblos latinoamericanos que intentan avanzar por el camino del socialismo y del poder popular anticapitalista. Aquí el problema no es cómo salvan el cogote el presidente y sus ministros. El problema es cómo la revolución se coloca en la mejor posición de defensa y contraataque para evitar su derrota. Los intereses personales nunca podrán colocarse por delante de los intereses colectivos de los pueblos en lucha.

¡Rectifique presidente Chávez, deje de hacerle caso a esa burocracia reformista y escuche la voz del pueblo! (comience por leer el más de un centenar de artículos que en aporrea han criticado la entrega de Pérez Becerra).

República Bolivariana de Venezuela, 2 de mayo de 2011



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