La acción colectiva en la política: Los partidos ¿Sectas, mafias u organizaciones necesarias?

Termino de leer un interesante artículo del señor Manuel Bazó, resaltado con pensamiento de Eduardo Galeano, quien con certeza reafirma algo dicho de otras maneras “Hay quienes confunden política con partidos y democracia con elecciones”; perdóneme el señor Bazó que no le conozca, pero su escrito pone sobre el tapete, algo que es importantísimo i lo enaltece, ideas que he sustentado como un principio cumplido durante una vida que ya es larga, i lo he sostenido, en otros aspectos de la existencia, cuidándome de algo que escuchaba decir a mi madre, para darnos fortaleza moral (que ahora es ética) i vencer tentaciones; “Ante el arca abierta, el justo peca” i que, de mi parte, reforcé con algo que “inventé” en mis clases de ética: “La virtud, es virtud puesta a prueba” acaso influido a distancia, por un gran argentino médico i filósofo, José Ingenieros, con su obra EL HOMBRE MEDIOCRE, fundamentalmente. No creo, por ejemplo, en la virtud de castidad o celibato, de un hombre que se encerró en un convento, si no ha tenido la tentación, por ejemplo, de una mujer bella o hermosa. Ese no es un virtuoso (que creo ni la mayoría de los Papas, Cardenales, Obispos i Sacerdotes lo han sido) sino un castrado mental. Por eso, los refrenados en sus instintos biológicos (decisión antinatural), cuando rompen la barrera, cometen los más horrorosos delitos, violando niños, ancianas, etc. I cuando uno de ellos “peca mortalmente”, entonces los demás salen a ocultar o defender, lo indefendible. Este es el mejor ejemplo de una mafia universal i los partidos políticos, son un reflejo de esa organización terrible que, poderosa, imponiéndose a la conciencia de una mayoría poco reflexiva, se hizo igualmente poderosa económicamente, por lo cual el estado más pequeño del mundo, es al mismo tiempo el primer país capitalista del planeta. Allí, además, predomina una sola voluntad, tal como los soberanos o reyes, siendo en consecuencia el Papa, una versión corregida del Rey Sol Luis XIV, quien dijo “el Estado soy yo” porque él mismo se hizo primer ministro, i el “parlamento” no podía decidir nada sin la aprobación i firma del rei, como hace el “congreso” cardenalicio, aunque entre ellos mismos de saquen la tripas para ascender “al trono de Pedro” en amañadas elecciones que señalan con humo blanco. Este ha sido el ejemplo universal, del Poder, así con mayúscula, por excelencia, hasta con un ejemplo de policía de terror, como fue la “Santa” Inquisición, con una moral interesada (Hartman) i explotando el miedo a la muerte i al más allá. Allí está el modelo a seguir, desde los partidos políticos hasta la más insignificante de las organizaciones militares i civiles. Esa iglesia, jamás la fundó Cristo. Por eso allí, la palabra “democracia” no debería ni ser pronunciada i sus miembros por una buena parte del mundo, nunca entendería lo que etimológicamente como palabra, i justicieramente como humana, debe ser una democracia. Por ello debemos saber que la Conferencia Episcopal (un partido político de oposición) tiene que actuar como lo hizo el Cardenal Velasco, i lo siguen haciendo el Nuncio Dupuy, el Cardenal Castillo Lara i el soberbio Baltasar Porras.

Concuerdo con el señor Bazó (perdóneme si es profesional) en ser “una de las falacias históricas más duraderas defendida por intelectuales, académicos y políticos de oficio” el ser imprescindibles los partidos políticos para el sistema democrático. De seguido sigue diciendo que estos se autodefinen mediadores entre el pueblo i las instituciones de gobierno, imaginando eso factible de cumplir parcialmente, en la democracia representativa, aspirando a superarla con la democracia participativa como ahora intenta el gobierno de esta revolución bolivariana, sin llegar a la democracia directa como propone Gloria Gaitán, mui difícil pues ya estamos viendo que, en la participativa, posiblemente porque arrastra los vicios de la representativa, se siguen produciendo semejantes problemas de corrupción, injusticias i abusos de poder, en personajes medianos o bajos, desvirtuando el proceso. Empero, lo que sigue molestando es la falacia, por creerse también que no podemos ser políticos (hombres de la polis) i luchadores por la patria, si no pertenecemos a un partido político. Mi padre no fue político de partido; sin embargo, escogido por méritos, fuera de su cargos médicos, fue Concejal del Distrito Maracaibo i Senador de la República en el gobierno de Isaías Medina Angarita, cargos que cumplió el tiempo estipulado; no participó en “camarillas” como se decía i regresó luego, limpia la conciencia i limpio el bolsillo, a su vida profesional. Quizá por eso, me sucedió igual, i pese a grandes amigos de “peso” que me quisieron conquistar a las filas de AD (de COPEI no porque soi anticlerical i detesto a los que se escudan en la religión, para parecer “buenos”) i posteriormente otros a las del MEP, jamás pudieron convencerme de pertenecer a sectas. Por eso escribo con tanta libertad de conciencia, pero me veo tan obstaculizado para hacerlo en los medios de información i opinión. Me he señalado siempre como “independiente de los independientes” porque sabemos que los que dicen ser independientes, siempre lo son “pro”. Sin embargo he podido ocuparme mucho de la política, con más profundidad de estudios i sin cuidarme de intereses da mafias. Siempre militando en ideas de lo que llamamos izquierda; pero, cuan vi el nacimiento del MAS, donde tuve un extraordinario amigo i de los pocos que puedo llamar “puros”, como políticos como fue Luis Hómez Martínez, rápidamente me percaté que fue una esporulación de Partido Comunista, resueltos a abandonar toda ideología (pese a que muchos decían como Petkoff, llevarla “en el tuétano de los huesos”) para buscar cargos i sueldos a como de lugar, i al final, tenemos los grandes ejemplos de dinosaurios políticos de ese partido, como Pompeyo, Teodoro i Puchi, ministros en gobiernos de ultraderecha, depuse de engañar por años a una juventud valiosa. Creo que, si al 100% de los miembros un partido político, les preguntamos qué es ideología, doctrina o valores políticos, casi el 90% no sabrían responder nada. Tengo un cuestionario de Cultura Política que usaba en mi cátedra de Filosofía de la Historia (i los estudiantes sabían responder, después de escuchar clases) que seguro estoi, no llenarían sino pocas personas militantes de partidos. Una vez hice una prueba que no quiero mencionar, i fue alarmante. Los profesionales (abogados, médicos, ingenieros, sociólogos, odontólogos, periodistas o comunicadores sociales, etc.) que se han dedicado a la política, jamás han vuelto a estudiar como lo hacían en la universidad. He visto mansiones hasta con 5 ó 6 automóviles en los garajes, pero ninguna biblioteca, a no ser para novelas i revistas. Preguntémonos entonces, ¿Por qué nacieron los partidos políticos i para qué fines o destinos se fundan cada vez más partidos? ¿Será para organizar al país, fomentar el desarrollo, fortalecer la economía, defender la patria i su soberanía, i buscar la paz i la felicidad de los pueblos? Ya tendremos respuesta más adelante, pero siempre expresé que eran “colas de busca puestos”.

Continúa Manuel Bazó: “Los líderes de partidos aluden constantemente al “pueblo”, pero a lo sumo lo valorarán como “masa votante”. Los partidos políticos, tal como los conocemos, probablemente provienen de los tiempos de la Revolución Francesa, la cual decimos fue obra de nuevas ideas que transformaron una sociedad conformada por siglos, por la fuerza, el robo i el poder logrado por unos pocos i un escenario humano empobrecido, humillado i hambriento que fue aprovechado por otros hombres más inteligentes i hábiles, para disputar el poder a los poderosos de entonces, conquistadores, reyes i señores feudales haciéndoles comparsa. Son, como expuso Weber, una “asociación dirigida a un fin determinado” pero sin que sean esenciales como dice Manuel Osorio para control o vigilancia de los gobiernos, fiscalización de sus obras e interés común por la patria, porque precisamente en la democracia representativa, lo que pretenden es simplemente quitar a unos para colocarse otros i, si es posible hacerlo peor. La representatividad, lograda mediante elecciones i votos, generalmente es inauténtica o falsa; desde la capital de las repúblicas, el voto no representa realmente al pueblo, sino que son boletos o pasajes para llegar a un cargo, un político “de oficio”, en nombre de una comunidad, una ciudad o un estado o provincia, para colocar a este señor de las cúpulas partidistas en el poder, los privilegios i el dinero; recordemos, por ejemplos recientes en la IV República, a un personaje como diputado o senador por un estado, en el cual no había estado nunca en la vida ni conocía por tanto sus necesidades básicas o a sus electores. Recuerdo a Carmelo Lauría, representando al Estado Apure o Abelardo Raidi por el Zulia, donde nunca lo vi ni en un juego de béisbol. En nuestro país, como sabemos, con excepción del Partido Comunista que sí tiene una ideología con fundamento filosófico aceptable o no; discutible o no (aunque la mayoría que adversa el comunismo, no sabe nada de él), los otros partidos nacidos después de la muerte de Juan Vicente Gómez, recogieron algunas ruinas del tiempo pasado (entre ellas ideas del siglo XIX después de la independencia) i casi todo lo que llamaron ideología, fue puro invento superficial i sí una “doctrina” organizativa para, como dice José M. Vallés en su obra CIENCIA POLÍTICA (Edit.Ariel), acaparar las posibilidades de conectar a los individuos i a los grupos con las instituciones políticas, terreno donde se deterioran los principios éticos por los negocios i se inicia la corrupción. Cuando me iniciaba en la docencia en filosofía, conocí a excelentes profesores traídos del exterior, de España i México principalmente, quienes me manifestaron que después de años i miles de papeleos para lograr sus documentos legales, tuvieron que desembolsar buenas comisiones, al jefe de determinado partido en el Zulia, para esos tiempos gobernador, i rápidamente resolver su situación. Apenas un discreto ejemplo.

Empezaré, en sucesivos artículos a examinar la estructura, la ideología i los propósitos de los partidos políticos, sin irnos tan lejos en el tiempo, porque es en el escenario político contemporáneo, donde los partidos ocupan una gran posición de visibilidad, según el mismo Vallés, pero a mi juicio no de esenciales o imprescindibles, como bien anuncia el artículo de Bazó que originó los comentarios.
(Continuará)



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Roberto Jiménez Maggiolo


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