Sangre y arena, fiesta predilecta de los fascistas

Las corridas de toros es la “diversión” más fascista que existe.

Para ver y gozar una corrida de toros la gente va ebria, con algún pase de cocaína y bastante disposición para compartir entre gente maleducada, vulgar, pendenciera.

En cada corrida de toros hay heridos de botellazos, de balazos y agresiones producto de reyertas callejeras.

A los amantes de los toros se les sube la fiera a la cabeza cuando ver correr la sangre.

Cuando toro echa borbotones de sangre por la boca, ahogado, las fieras demenciales borrachas de licor y muerte, aplauden.

En ENSARTAOS.COM.VE, me he encontrado con un artículo de Claudia González Gamboa sobre la Feria del Ron, con mucha sangre en la arena, celebrada recientemente en Mérida.

Es una tradición macabra en Los Andes, el que los obispos, los empresarios y políticos de la derecha participen con grandes aspavientos en las fiestas bravas.

Al obispo Baltazar Porras un novillo lo cogió en una finca del Táchira, por estar dándoselas de torero. La crónica de esta cornada la recogió el ya fallecido sacerdote Ecio Rojo Paredes (fue director del diario El Vigilante).

Baltazar Porras es un delirante y acérrimo aficionado tantos las carnavaladas de los brutos embriagados que van gritando por las calles como por las verónicas y los punzantes golpes a la testuz de los animales moribundos.

Carlos Andrés Pérez no se perdía una sola corrida de las que se daban en San Cristóbal y Mérida, y existen muchas gráficas en las que se le ve a él sosteniendo contra el gaznate una bota de vino.

Nos refiere Claudia González Gamboa que en los carnavales y la feria de Mérida asistieron a las corridas de toros, Leopoldo López, Antonio Ledezma, el alcalde Lester Rodríguez y se tomaron multitud de fotos con los malandros del Movimiento 13. En esas fotos los tipos de la MUD aparecían riéndose a carcajadas, mientras daban autógrafos “y de fondo como telón, el toro peleando por su vida, pelea que desde el momento de su selección para ir al ruedo, está perdida.”

Añade Claudia González Gamboa que “por ponerse del lado equivocado de lo moral, del lado del “fuerte”, del lado del abusador, la Iglesia permitió y permite con un silencio cómplice y aterrador los actos de pederastia extendidos por años y geografías sin que aparentemente el daño a la inocencia, a la psicología, amén de la perversión de la investidura y la conculcación de los derechos de los niños abusados, fueren siquiera contemplados. La pérdida de autoridad y almas es el resultado de ese “voltear” la mirada que excusaba a los violadores ungidos. Véase que digo LO moral y no LA moral, que sus diferencias importantísimas contiene.”

Continúa Claudia González Gamboa: “Por estar del lado equivocado de lo moral, se asiste a un espectáculo de muerte lenta y cruel de un toro. Se aplaude con cada estocada y se enardece cuando el torero, se yergue sobre el animal herido primero y muerto después con los pedazos como trofeo, y muestra orejas y rabos y su falta de humanidad, pero no sólo la suya, exhibe la falta de humanidad de quienes le alientan y le pagan por ser un asesino, de quienes van y lo alientan a cometer su acto abusivo, su asesinato. ¿Cuántos de quienes asisten a ese horror irían al “Coliseo” de las cárceles venezolanas a aupar a los presos contendientes y mientras libar vinitos y cervezas y comer cotufas y tomarse foticos? ¿Qué no es lo mismo? ¿Seguro?”
Qué buena estocada le diste Claudia.

jsantroz@gmail.com


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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