Áreas de Reconstrucción Integral

El anuncio del presidente Chávez, que ante las emergencias nacionales por las torrenciales lluvias, propuso las Áreas de Reconstrucción Integral (ARI) no ha sido tomado en su justa medida. Para algunos es una medida populista, pero se trata de una idea que tiene enorme relación con el uso geohistórico del espacio. La impronta europea de ocupación territorial incidió en la ubicación de las poblaciones en torno a economías de puertos, pues la navegación era el único sistema que permitió la comunicación en la Modernidad naciente (siglo XV). Con ello la ubicación de un patrón de asentamiento en el eje costero cobró valor y se mantiene aún hoy, casi seis (6) siglos después de la invasión europea.

Con los años se han agregado problemas que han complejizado esa realidad. El crecimiento poblacional, asentamientos urbanos desorganizados, ubicación en áreas de alto riesgo como una respuesta a las carencias de políticas públicas que planifiquen el uso del espacio, retardo en el diseño de políticas que atiendan las necesidades de vivienda, en fin todos problemas asociados con la prospectiva o la posibilidad de establecer futuros posibles y certeros. Lo sucedido con la emergencia nacional nos demuestra que los sistemas de asentamiento urbano y rural vigentes no tomaron en cuenta una política de riesgos, derivada del análisis de las condiciones geográficas y físicas de las zonas de asentamiento. Ello se complica cuando consideramos que el 80% de la población de nuestro país se ubica en menos del 30% del territorio, ubicado en el eje centro-costero y que esas poblaciones cuentan con menos del 40% de las tierras cultivables y menos del 35% de las fuentes de agua potable. Algo muy parecido sucede en la región zuliana. Cerca del 60% de la población se ubica los ejes costeros de la cuenca, sobre todo en la zona noroeste, mientras que el resto de la población – un 26 y 8%- se ubican hacia el sur del lago y en otros espacios. Por eso es que pensamos que las ARI deben estar ligadas a los Distritos Motores de Desarrollo (DMD) planteados en la ley Orgánica del Consejo Federal de Gobierno (LOCFG) recientemente aprobada.

En el caso del Zulia, debe estar ligado a espacios ubicados en la zona norte- occidental ( La Guajira) atendiendo problemas conexos, tales como el agua, la pobreza, la calidad de los servicios, transporte y por supuesto capacidad económica. Por otra parte, en lo que respecta al Sur del lago, tiene que prever el hecho cierto de los más de 180 cursos de aguas que nacen en la cordillera Andina y que en su curso hacia el Lago de Maracaibo arrastran todo a su paso. Las emergencias en esas zonas son comunes en épocas de lluvias, lo que indica que no hemos sido efectivos en la solución de las condiciones de riesgo que una ocupación sin planificación ha causado.

Hay que considerar elementos de carácter histórico y antropológico que encontramos en esos espacios, tales como la pre-existencia de comunidades como los wayuú, los añu, entre otros, pero con los cuales hay que trabajar para impedir que sigan sufriendo las consecuencias de las carencias derivadas de la falta de planificación territorial.

Estamos ante una gran oportunidad de articular un uso más racional del espacio geográfico y establecer prospectivas que eviten desastres de este tipo en un futuro cercano. Estamos dispuestos a colaborar en ese esfuerzo.




juane1208@gmail.com


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Juan Eduardo Romero

Dr. Mgs. DEA. Historiador e Investigador. Universidad del Zulia

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