El poder y la humildad

Olof Palme. Social demócrata y Primer Ministro de Suecia, nace el 30 de enero de 1927 y muere asesinado el 28 de febrero de 1987. De los miles de artículos que se publicaron sobre tan importante personaje el que más me llamó la atención fue el de un estudiante venezolano que estudiaba en una universidad de Estocolmo. Decía el joven:

-Un señor como de 58 años. Todas las tardes me explicaba en la estación principal del metro de Estocolmo una de las materias básicas de mi carrera mientras esperábamos el vagón que nos llevaría a casa. Una tarde no fui a clases y al ver el noticiario observé que aquel señor que me daba clases todas las tardes era Olof Palme, Primer Ministro de Suecia. Al día siguiente cuando le vi en la estación y al reclamarle amablemente porque no me había dicho que era el Primer Ministro de Suecia, me respondió:

- “Eso no es lo importante. Lo importante es que tú estudies y te gradúes para que después marches a Venezuela a ejercer tu profesión en beneficio del pueblo. Si me vuelves a tocar el tema rompemos relaciones”.

He allí a un funcionario estrella, que no se cree superior a nadie. Un funcionario que no se cree importante sino útil. Un Presidente humilde. Un hombre al que el poder no le afectaba.

En una oportunidad siendo reportero de TVO me correspondió entrevistar al Presidente de un consorcio japonés responsable de la ampliación de la refinería de Pedevesa, en de Puerto La Cruz. Llego a la refinería y pregunto a un hombre joven que lima en mano y agachado ajustaba una tubería. “Por favor. ¿Podría usted indicarme cómo hago para llegar hasta el Presidente del consorcio responsable de la ampliación de la refinería?” “Usted no tiene que hacer nada. Respondió. Yo soy el Presidente del Consorcio. ¿En qué puedo servirle?”.

Un venezolano, recién llegado a Madrid, le preguntó al primer transeúnte que se le atravesó en La Gran Vía ¿cómo hago para llegar a la Telefónica y llamar a mis padres que están en Caracas? “Muy fácil. Venga usted conmigo”. Y mientras le llevaba hasta la Telefónica le iba explicando cosas emblemáticas de la capital española. El caballero español muy amable y bien trajeado cuando llegó a la Telefónica dijo al venezolano: “Aquí está usted en la Telefónica. Deseo que tenga una muy buena comunicación con sus padres. Adiós”.

-“Oiga señor. Y usted no me va dar quien es usted, no me va a dar su nombre, decirme dónde puedo conseguirle más tarde, mañana, otro día”.

- “Si como no. Yo soy el Presidente de la Telefónica de España. Tome usted mi tarjeta de presentación”.

OTRO. En el libro El Milagro japonés leí que una tarde el viejo Honda iba en una limosina con la plana mayor de Honda y al ver por la ventanilla a un joven tratando de encender una moto honda, que lucía nueva, recién sacada de agencia, el magnate japonés ordenó detener el auto y bajándose del lujoso vehículo le dijo al chamo:

-“Oiga jovencito qué le pasa a su moto”

-“Nada. Que no sirve. Pensar que la acabo de comprar hace 15 días”.

- “Pues mire usted joven, dijo Mr. Honda. Tenga usted mi tarjeta y acuda a cualquier agencia y exija que le den otra moto del mismo modelo. Y por favor metamos esta en la maleta del carro apara llevarla de inmediato al tallar general de mecánica de mi compañía”.

Por Chichiriviche arriba, parroquia Carayaca, Vargas, una señora embrazada se desplaza descalza por una vía llena de piedra, con una muchachita de un año en los brazos y con otra de 10 caminando, también descalza. El Gobernador Carneiro pasa a su lado y como viene con su camioneta full, detiene la marcha y ordena al conductor del vehiculo siguiente que embarquen a la campesina con sus dos hijas. Y fueron dos kilómetros de piedra y fango y la travesía de un río crecido. Lo más seguro es que la señora jamás sabrá que fue el Gobernador Carneiro quien ordenó que le dieran la cola.

ESTO ME LO CONTARON. Ojala sea cierto.

Me han contado que hay una orden a todos los conductores de vehículos de PDVSA que se desplacen por el medio rural de Anzoátegui de darles la cola a los campesinos que vean en la vía con su saco al hombro. Aquel que no lo haga y sea reportado se las ve muy mal con la gerencia. Eso se lo conté a Aníbal Rosas, del equipo del Ministro Araque. “Oye Américo, me dijo Aníbal, no sé si eso es cierto. Pero es una buena medida. Y debería ser una línea maestra para todos los vehículos del Estado que sean desplazados por el medio rural.

americoarcadio@yahoo.com


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Américo Hernández


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