El límite de la utopía

“No se puede callar ahora ni por conveniencia ni por cortesía.
Cuando se decide, en cada instante, la suerte del hombre futuro,
callar por conveniencia o cortesía es un crimen."

Jorge Debravo

Desde que tengo conciencia política he soñado, al igual que miles de compatriotas, con un país donde todos tengan la oportunidad de una vida digna. Habitar una nación garante de la justicia social, que permita a la mujer venezolana, por lo general padre y madre, atender las necesidades de sus hijos, no con las sobras de una riqueza inconmensurable, no como sobrevivientes, sino como ciudadanos con deberes y derechos irrenunciables. Los ciudadanos que la patria bonita necesita para crecer y fortalecerse.

La utopía de construirla pareciera, hoy, estar cada vez mas lejos de alcanzar. Son muchos los compatriotas que día a día tienen que luchar para sobrevivir, y al mismo tiempo, defender incasablemente el sueño bolivariano contra fascistas declarados y, otros disfrazados que pululan por todo lo largo y ancho del país, cuyas posturas han costado vidas y posibilidades de un futuro mejor.
Silva, en su crónica de “Nuestras pequeñas Historias”, se preguntaba: ¿Dónde estuviste, donde estuvimos? ¿Qué hiciste, que hicimos? ¿Cuál fue tu fuerza, cual fue nuestra fuerza? ¿Cuántos muertos te costó, cuantos nos pueden costar?.

Yo me hago las misma preguntas, donde estamos, donde hemos estado para permitir que sucedan cosas como los alimentos descompuestos, la corrupción galopante, la quiebra de empresas creadas por y para la revolución, la ineficiencia de la gestión pública, el fracaso de las misiones, el burocratismo y la falta de humildad de los altos funcionarios del gobierno?.

No hay discusión ideológica, hemos cambiado, nos hemos transfigurados, o peor aún, desdibujados, estamos en todos lados sin estar en ninguna parte, vulnerados no somos capaces de darnos cuenta de la realidad acechante, del ataque constante del enemigo invisible, queremos hacer revolución desde los privilegios del estado burgués, aceptamos cargos de altísima remuneración con tanta prepotencia que, en la multitud, ya no nos reconocemos. Somos seres insertados dentro de la administración pública pretendiendo hacer útil la burocracia.
Mientras los verdaderos revolucionarios están disminuidos por las acciones arbitrarias de los mismos grupos ansiosos de poder que buscan solo mantener puestos o contratos, sin importar ni el beneficio del pueblo, ni la Revolución Bolivariana, los quintacolumnistas, el enemigo endógeno, y los contrarrevolucionarios continúan pescando en río revuelto, poniendo límites a la Utopía, a nuestra Utopía.

Es un secreto a voces de en todas las instituciones públicas los cercan hasta excluirlos, uno a uno, porque incomodan, o no se soporta su crítica artera o simplemente porque no le caen bien al funcionario de turno. Otros simplemente no han entrado nunca a la gestión de gobierno porque son llamados “pideempleo” o su aporte a la revolución no es considerado valioso o no interesa, o porque si en ese andar revolucionario te topaste con alguno de ellos, éste voltea la cara para no reconocerte.

En mi caso particular, en los gobiernos adeco-copeyanos, ni siquiera por casualidad se me ocurrió solicitar un empleo en la administración pública, a pesar de tener méritos suficiente para ello, tampoco participaba en los procesos eleccionarios, ni mucho menos iba a una concentración de masas. Mi lucha se concentraba en coadyuvar a la germinación de la masa crítica necesaria para gestar el cambio. Sin embargo, sobreviví y alcance a ver a mis hijos como seres de este proceso.

Siempre pensé en una responsabilidad pública, solo si al asumirla podía cambiar esa creencia de ser un funcionario complaciente con los “Nuevos Panas”, para conservar el empleo. Solo sí podía construir nuevos paradigmas, aún estando junto al enemigo oculto y agazapado tras la mascarada del tecnocratismo...

Hoy, me uno a aquellos que junto al Comandante Presidente, se refugian en su actividad cotidiana para reencontrar aquellos sitios que no existen en ningún lugar más allá de los sueños de quienes los imaginan. Revolucionarios que hacemos un alto para la reflexión necesaria, que buscan detenerse para, en definitiva, responder a una cuestión netamente humana de desear una realidad donde reine la paz y la justicia social.

Carajo!, hacer revolución no es ni será un problema de empleo, o de hoteles cinco estrellas, o de retrocesos para avanzar mientras le damos la mano a los corruptos. Desde la trinchera de la gestión gubernamental se está para continuar la profundización revolucionaria, vulnerables sí, expuestos sí, utópicos sí, pero nunca jamás, vencidos. O somos capaces de entender esta realidad o moriremos en el intento.


Patria Socialista o Muerte. Venceremos!!!

rusa200@gmail.com


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Rusalki Alvarado P


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