Fuegos artificiales y munición de guerra

Los estrategas del imperialismo estadounidense programaron un golpe de efecto para afirmarse ante el nuevo gobierno argentino. Lo dieron apenas 48 horas después de que Cristina Fernández asumiera la presidencia. Entre las distintas opciones que tenían a la mano, eligieron el maletín con 800 mil dólares descubierto en agosto último, perteneciente a un oscuro empresario venezolano radicado en Miami y con doble nacionalidad.

Hay mucho para informar y conjeturar acerca de ese personaje y su famoso maletín. Pero como en cada episodio en el que el Departamento de Estado y sus innumerables tentáculos (entre ellos la CIA) utiliza a todos los medios de prensa que le responden para manipular la opinión pública internacional, lo primordial es diferenciar los fuegos artificiales de la munición de guerra encubierta tras ellos.

En un libro de reciente aparición (Argentina como clave regional), así como en la última edición de la revista Crítica de Nuestro Tiempo, y en numerosos actos públicos realizados en los dos últimos meses en Argentina y el exterior, el autor de estas líneas insistió hasta el hartazgo en una argumentación de doble filo: Argentina es hoy una clave en el panorama suramericano porque a diferencia de los otros dos países de mayor envergadura en el continente –Brasil y Venezuela- dada su debilidad en la coyuntura histórica puede ser presionado para cambiar su política internacional, abriendo una brecha en la dinámica de convergencia suramericana y permitiendo una exitosa contraofensiva estratégica del imperialismo. El gobierno Kirchner-Fernández, mientras tanto, débil en todos los sentidos y pese a no estar comprometido con una transformación de fondo y no obstante sus sujeciones ideológicas y políticas con el gran capital local y el imperialismo europeo, pretende mantener la orientación suramericanista que en 2002 le imprimió a la cancillería Eduardo Duhalde, con la cual Argentina vendría a dar un impulso decisivo al curso general de la región, en detrimento de los intereses económicos y estratégicos de Estados Unidos. En consecuencia –dijimos y repetimos- las presiones se multiplicarán contra la presidenta Fernández.

No se trata, por tanto, de un argumento para explicar lo ocurrido, sino elaborado antes de que los hechos sobrevinieran.

Contexto regional


Del mismo modo debe entenderse la afirmación de que este golpe durísimo contra el gobierno argentino está entrelazado con la situación de extrema gravedad en la que Estados Unidos ha colocado a Bolivia, en estos momentos al umbral de una confrontación que Washington pretende transformar en guerra civil. A la pretensión de la oligarquía de los departamentos orientales de dividir el país, el presidente Evo Morales responderá con una movilización de masas y un impulso a los campesinos para que ocupen las tierras de los grandes grupos propietarios de esa región. Además del apoyo popular, Evo cuenta, hasta donde se puede saber al momento de escribir estas líneas, con respaldo mayoritario en las recientemente saneadas fuerzas policiales y, según informes confiables, con el apoyo de soldados, suboficiales y buena parte del alto mando de las fuerzas armadas. Los grupos fascista-oligárquicos no podrían aspirar a producir una sublevación capaz de dividir el país a partir de sus propias fuerzas. Sólo pueden hacerlo con la financiación para mercenarios, armamento, conducción táctica y estratégica y respaldo logístico de Estados Unidos. Involucrado Estados Unidos en esa operación, necesita gobiernos sometidos en la región. La escalada contra Fernández seguirá. Y apelará a otros episodios e instrumentos, presumiblemente más relevantes que el maletín de marras. Un objetivo obvio es oponer francamente a Buenos Aires con Caracas. La Casa Blanca sabe que el epicentro de la revolución que comienza a tomar cuerpo en América Latina está en la Revolución Socialista Bolivariana de Venezuela. El traspié sufrido por el presidente Hugo Chávez en el referendo del 2 de diciembre, presumiblemente adelantó el momento de activar el dispositivo contrarrevolucionario continental y es posible que esto se vea con medidas ofensivas también en Venezuela. Como quiera que sea, Washington necesita atacar el punto menos consolidado del bloque revolucionario y hacer todo lo necesario para suprimir o debilitar aliados o semi-aliados. Ésa es la razón por la cual se ataca a Fernández: sacar a Argentina de la zona de riesgo para Estados Unidos. Marginalmente, además, es probable que el Departamento de Estado haya enviado por esta vía el mensaje de su descontento por la notoria proximidad del nuevo gobierno con las capitales (¡y sobre todo los capitales!) europeas.

Dónde ubicarse

Para la militancia revolucionaria, pero también para las tendencias reformistas con verdadero compromiso democrático, no puede haber duda ante esta coyuntura. Es preciso denunciar la maniobra desestabilizadora del imperialismo. Y movilizarse contra ella.

Según informaciones no confiables, en el gobierno se discutió el 13 de diciembre la posibilidad de convocar a una movilización frente a la embajada yanqui. Eso es lo que debería hacer Fernández si pretende convertir la firmeza de su discurso denunciando a Estados Unidos (aunque sin nombrarlo), en fuerza real para detener la “operación basura”. Trabajadores y trabajadoras, estudiantes y profesionales, militantes y activistas de gremios, organizaciones sociales y organizaciones revolucionarias, deberían cada uno con sus propias consignas sumarse a tal movilización si ésta no fuera un mero amague bajo la forma de un “reclamo piquetero” y si el gobierno la convocara pública y masivamente. Pero no se trata de reclamarle a Fernández que contradiga su actual diseño político-programático y asuma una posición antimperialista para la cual busque un respaldo de masas movilizadas. Se trata de interpretar exactamente el significado de la coyuntura y definir una línea de acción en base a la estrategia de frente antimperialista continental y unidad social y política de las masas.

Hay numerosas iniciativas en marcha tendientes a buscar expresión política para la necesidad y la voluntad antimperialista y anticapitalista de la clase trabajadora y el conjunto del pueblo argentino. Urge buscar la convergencia de esos esfuerzos. El de Fernández es un gobierno débil en todos los sentidos. Su punto de apoyo (el gran capital industrial local) no es en realidad base propia; los votos, además de representar un tercio de la ciudadanía real, no fueron articulados con un aparato propio, sino mediante estructuras del PJ que son exactamente lo que el imperialismo necesita; el elenco gobernante carece de estrategia y en consecuencia de programa; y es peligrosamente heterogéneo, sobre todo para afrontar dificultades. Ésta primera, el maletín de marras, es sólo un anuncio de lo que vendrá.

Nadie debería confundir la defensa de una política de frente único antimperialista continental y la ubicación internacional de Argentina a favor de la unión suramericana, con la con la defensa de un gobierno. Y si alguien confunde la ofensiva del imperialismo con una oportunidad para tener aliados contra el gobierno, sencillamente recaerá una vez más en la esterilidad reaccionaria de las sectas infantoizquierdistas. El trazado de una línea correcta, antimperialista y anticapitalista, democrática y de masas, es tarea de la nueva militancia que asoma en todos los rincones del país.

Buenos Aires, 14 de diciembre de 2007.
El Espejo N° 173 – Diciembre de 2007.


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Luis Bilbao

Escritor. Director de la revista América XXI

 luisbilbao@fibertel.com.ar      @BilbaoL

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